Hemingway: “Nadie a quien ames muere jamás”
En todo el espectro de pérdidas, desde las llaves de la puerta hasta el amor de la vida , ninguna es más inimaginable, más incomprensible en su violación antinatural del ser y del tiempo, que la pérdida de un hijo por parte de un padre. Ernest Hemingway tenía veintitantos años y vivía en Francia cuando entabló amistad una pareja llamada Gerald y Sara Murphy. Todo marchaba bien hasta que en un momento, ambos tuvieron que regresar a…
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