“Furor scribendi”, por Octavia Butler Tema: Ensayo, Escritores, Hay que leer

Escribir para publicar quizás sea lo más fácil y a la vez lo más difícil que harás nunca. Aprenderse las normas, si es que puede llamárselas así, es lo más fácil. Cumplirlas, convertirlas en rutina, es una lucha constante. Las reglas son las siguientes:

1. Lee. Lee sobre el arte, el oficio y el negocio de la escritura. Lee el tipo de obras que te gustaría escribir. Lee buena y mala literatura, ficción y realidad. Lee todos los días y aprende de lo que lees. Si te desplazas a diario para trabajar, o si pasas parte del día haciendo tareas relativamente mecánicas, escucha libros en casete. Si tu biblioteca no tiene un buen surtido de libros completos en cinta de audio, hay empresas como Recorded Books, Books on Tape, Brilliance Corporation y Literate Ear que alquilan o venden una amplia selección de libros para tu disfrute y formación continua. Estos ofrecen un método indoloro de reflexionar sobre el uso del lenguaje, el sonido de las palabras, el conflicto, la caracterización, las líneas argumentales y la enorme variedad de ideas que puedes encontrar en la historia, la medicina, las ciencias, las biografías, etc.

2. Toma lecciones y ve a talleres de escritura. Escribir es comunicar. Necesitas que otras personas te digan si estás comunicando lo que tú crees y si lo estás haciendo de maneras que sean no solo accesibles y entretenidas, sino también tan cautivadoras como te permita tu habilidad. Dicho de otro modo: necesitas saber si estás contando una buena historia. Quieres ser esa escritora que tiene a los lectores en vela hasta altas horas de la noche, no la que los ahuyenta y los manda a ver la tele. Los talleres y las clases son lectores (y públicos) que alquilas para tu trabajo. Aprende de los comentarios, las preguntas y las sugerencias, tanto de tus profesores como de la clase. Al comentar tu trabajo, es más probable que esas personas relativamente desconocidas sean más sinceras que tus amigos y familiares, quienes quizá no querrán herirte u ofenderte. Una verdad desagradable que quizá te suelten es, por ejemplo, que tienes que ir a clases de gramática. Si te lo dicen, hazles caso. Ve a esas clases. El vocabulario y la gramática son tus principales herramientas. Quienes los usan de manera más efectiva, o incluso los maltratan de manera más efectiva, son aquellos que mejor los entienden. No hay programa de ordenador, amigo o empleado que pueda sustituir al conocimiento profundo de tus herramientas.

3. Escribe. Escribe todos los días. Escribe tanto si tienes ganas como si no. Elige una hora del día. Quizá puedas levantarte una hora antes por la mañana, quedarte una hora más por la noche, sacrificar una hora de esparcimiento, incluso tu hora del almuerzo. Si no se te ocurre nada en el género de tu elección, lleva un diario. Deberías estar escribiendo uno de todas formas. Llevar un diario te ayuda a ser más observadora con el mundo, y un diario es un buen lugar en el que guardar ideas de historias para proyectos futuros.

4. Revisa tu escritura hasta que sea tan buena como te permita tu capacidad. Todo lo que estás leyendo, escribiendo y aprendiendo en las clases debería ayudarte con esto. Comprueba el estilo, tu documentación (nunca desatiendas la documentación) y la apariencia física de tu manuscrito. No dejes que se te cuele nada insatisfactorio. Si encuentras algo que hay que arreglar, arréglalo, sin excusas. Ya habrá suficientes cosas que estarán mal y que no verás. No cometas el error de ignorar los fallos que para ti son evidentes. En cuanto te descubras diciendo: «Esto da igual. Así me vale»; entonces para, vuelve atrás y arregla el fallo. Hacerlo lo mejor que puedas debe convertirse en costumbre.

5. Envía tu trabajo para que te lo publiquen. Lo primero es analizar los mercados que te interesan. Busca y estudia los libros o las revistas de aquellas editoriales a las que quieres vender tu trabajo. Luego envíalo. Si te asusta la idea, muy bien, que te asuste. Pero envía tu trabajo de todas formas. Si te lo rechazan, envíalo otra y otra vez. Los rechazos duelen, pero son inevitables. Son el rito iniciático de todo escritor. No des por perdida una obra que no consigues vender. Es posible que puedas vendérsela más adelante a nuevas publicaciones o a nuevos editores de viejas publicaciones. En el peor de los casos, deberías ser capaz de aprender de los trabajos que te rechacen. Quizás incluso puedas utilizar una parte o reutilizarlos enteros en un nuevo proyecto. De un modo u otro, los escritores pueden utilizarlo todo o, al menos, aprender de ello.

6. Estos son algunos posibles impedimentos de los que debes olvidarte:

Para empezar, olvídate de la inspiración. El hábito es más fiable. Es lo que te sostendrá, con inspiración o sin ella. El hábito te ayudará a terminar y pulir tus historias. La inspiración, no. El hábito es la perseverancia en la práctica.

Olvídate del talento. Si lo tienes, bien: úsalo. Si no lo tienes, no importa. Del mismo modo que el hábito es más fiable que la inspiración, el aprendizaje constante es más fiable que el talento. Nunca dejes que el orgullo o la pereza te impidan aprender, mejorar tu trabajo, cambiar de dirección cuando sea necesario. La perseverancia es esencial para cualquier escritor: la perseverancia necesaria para terminar tu trabajo, para seguir escribiendo a pesar de los rechazos, para seguir leyendo, estudiando, enviando material a quien lo pueda adquirir. Pero la tozudez, la negativa a cambiar comportamientos que no son productivos o a revisar trabajos imposibles de vender pueden ser letales para tus esperanzas de ser escritor.

Por último, no te preocupes por la imaginación. Tienes toda la que te hace falta, y todo lo que leas, todo lo que escribas en el diario y todo lo que vayas aprendiendo la estimularán. Juega con tus ideas. Diviértete con ellas. Que no te preocupe ser ridícula o estrafalaria, ni equivocarte. Divertirte es una parte importantísima de escribir, empezando por dejar que tus intereses y tu imaginación te lleven a cualquier parte. Cuando seas capaz de hacerlo, tendrás más ideas de las que podrás usar. Entonces es cuando empieza la labor de darles forma de historia. No lo dejes.

Persevera.

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Epilogo

Escribí este breve ensayo para la serie de antologías Writers of the Future (L. Ron Hubbard Presents Writers of the Future IX). Dicha serie es un escaparate para el trabajo de escritores noveles, y mi ensayo es una versión resumida de una charla que he dado en ocasiones a grupos de nuevos escritores.

La última palabra del ensayo es la más importante. Escribir es difícil. Es algo que haces sola sin nadie que te anime y sin la certeza de que te vayan a publicar o pagar algún día, por no hablar de si serás capaz de terminar la obra que has empezado. No es fácil perseverar en tales circunstancias. Quizá por eso he titulado este breve y apacible ensayo «Furor scribendi»: «furia por escribir», «rabia», «obsesión positiva», «una necesidad imperiosa de escribir»… Llamadlo como queráis; el caso es que es una emoción provechosa.

A veces, cuando me hacen alguna entrevista, o bien me felicitan por mi «talento», mi «don», o me preguntan cómo lo descubrí. (No sé, parecen creer que estaba tirado en mi armario o por ahí, en la calle, esperando a ser descubierto). Por lo general, me era difícil contestar a esto educadamente, explicar que no creía demasiado en lo del talento para escribir. La gente que quiere escribir o bien escribe, o no escribe. Al final empecé a decir que mi talento —o hábito— más importante era la perseverancia. Sin ella, habría abandonado la escritura mucho antes de que terminase mi primera novela. Es increíble lo que podemos hacer si sencillamente nos negamos a rendirnos.

Sospecho que esto es lo más importante que he dicho en todas mis entrevistas y charlas, además de en este libro. Es una verdad que se aplica más allá de la escritura. Se aplica a cualquier cosa que sea importante pero difícil, que sea importante pero aterradora. Todos somos capaces de subir mucho más alto de lo que normalmente nos permitimos suponer.

¡La palabra, una vez más, es «persevera»!