Cómo encontrar tiempo para leer en épocas de redes Tema: Lectores

Se habla mucho sobre las alarmantes cifras en torno a los consumos literarios y sobre cómo las personas ya no leen. Pero poco se habla sobre quienes somos lectores desde pequeños, amamos la literatura y así y todo, cada vez encontramos menos tiempo para leer.

No se trata de falta de voluntad ni de tiempos de ocio. Sabemos que todos contamos con tiempos muertos que quizás antes aprovechábamos para sumergirnos en las páginas de una novela que nos tenía atrapados.

Hoy, sin embargo, esos tiempos muertos muchas veces se ven invadidos por el uso del celular. Con total inocencia lo desbloqueamos para buscar esa receta que queremos hacer al mediodía, o enterarnos sobre las novedades en los portales de noticias y cuando nos damos cuenta hemos pasado una hora scroleando vidas ajenas, videos sobre ejercicios que jamás haremos en casa, videos que nos arrancan una sonrisa tras otra, o recetas llenas de chocolate, dulce de leche y galletas.

No soy la única persona a la que le pasa, ha sido tema de conversaciones con amigos, lo alarmados que estamos sobre cómo nosotros que nos creíamos inmunes a las seductoras tentaciones de las redes, también caímos en sus laberintos infinitos.

Quizás sea hora de replantearnos el uso de los tiempos libres y nuestros hábitos de lectura.

Hoy quiero compartir algunas de las reglas que pueden ayudarles a dedicar más tiempo a la lectura y a conectar de forma más significativa con el libro que elijan.

Desde principios de año he logrado leer bastante más en comparación con los dos o tres años anteriores. Claro que todos sabemos que, en cuanto a lectura, la calidad siempre supera a la cantidad. No importa cuántos libros leamos; leer no es una competición, pero es agradable poder leer una gran variedad de temas.

Por supuesto, todos somos lectores diferentes. Algunos leemos rápido, devorando los libros y deseando llegar al final, mientras que otros se detienen en cada frase. El tipo de libro que elegimos también influye. Una lectura ligera para la playa se puede terminar en cuestión de horas, mientras que una novela clásica o más literaria exige más atención y lleva más tiempo terminarla.

Sin embargo, hay ciertas cosas que se pueden hacer para cambiar tus hábitos y dedicar más tiempo a los libros.

1. Dejar de scrollear

¿Cuántas horas al día pasas navegando por internet? ¿Una, dos, seis? Es cierto que muchas veces estamos conectados por trabajo, pero hay una delgada línea entre la actividad constructiva y el simple hecho de navegar sin rumbo.

Navegar por las redes sociales consume tu valioso tiempo y algo más. Estudios revelan que el “scroll infinito” crea una trampa de gratificación inmediata. Al deslizar, el cerebro libera dopamina por la recompensa variable, generando hábitos compulsivos y secuestrando horas de nuestro tiempo. Esto fragmenta la atención, aumenta el aburrimiento sostenido, e impide que el cerebro logre leer tranquilamente y en profundidad.

Establecer límites te permitirá dedicarte a actividades más conscientes, como la lectura.

Si no me creés, analizá honestamente cuánto tiempo pasás navegando sin rumbo por noticias negativas o viendo vídeos sin sentido. Te sorprenderás, o incluso te horrorizarás.

2. Alejarse de los dispositivos

En relación con el punto anterior, éste ha supuesto una gran diferencia en mi capacidad de concentración.

Ya sabes cómo es. Empezás buscando una palabra que no entendés en el móvil y, sin darte cuenta, terminás pasando 20 minutos viendo vídeos graciosos de gatos. Para concentrarme bien en lo que leo, tengo que mantener el móvil alejado o incluso en otra habitación. Todavía no he probado ninguna, pero hay aplicaciones que te bloquean el acceso a las redes sociales durante el tiempo de lectura programado. Si te cuesta desconectar, quizás valga la pena probar alguna.

3. Elegir un momento

Calculá cuál es tu mejor momento para leer. Siempre me ha encantado leer antes de dormir, pero últimamente me cuesta mantener los ojos abiertos después de las 9 de la noche.

Desde principios de año, he estado experimentando con la lectura de algunos capítulos a primera hora de la mañana. Me levanto, me preparo unos mates, quizás medito unos cinco minutos y antes de revisar mis correos electrónicos o sumergirme en el inevitable mareo por internet, leo en la cama.

Es casi una extensión de la meditación: media hora inmersa en un libro me proporciona concentración y tranquilidad antes de que empiece el ajetreo del día. Esto no significa que no lea en otros momentos (aprovecho cualquier oportunidad para dedicarme a la lectura), pero como he reservado ese tiempo para leer, dándome permiso para hacerlo, de alguna manera se siente más significativo. Y como estoy descansada y con la casa en silencio, mi concentración es alta y siento que puedo abordar obras más complejas.

3. Nunca salgas de casa sin un libro.

En el colectivo o en el taxi, mientras esperas en la consulta del médico o para esperando que los niños salgan del colegio, siempre hay oportunidades para leer durante el día. Tené un libro a mano para poder leerlo cuando tengas 10 minutos libres. Otra cosa que me ayuda es salir a caminar con audiolibros, muchas veces el mismo que estoy leyendo en papel, y así logro continuar con esa lectura de alguna manera.

4. Leer por placer

La vida es demasiado corta para leer malos libros. Si algo no te gusta, es mucho menos probable que sigas leyéndolo, sobre todo con tantas tentaciones digitales a tu alrededor. Elegí un libro que te dé placer, que sea el adecuando para leer en el momento que estás viviendo. Te aseguro que será mucho más gratificante para tu alma que ver a un gato en patineta.