“López López”, la perfecta novela circular de Tomás Downey Tema: Reseñas
Una guerra sin vencedores, un hombre que se convierte en otro y una historia construida como un juego de espejos. En su primera novela, Tomás Downey nos propone un inquietante recorrido por los laberintos de la identidad, la memoria y el tiempo.
Ya todos sabemos que Tomás Downey es uno de los mejores cuentistas argentinos contemporáneos. Sólo le quedaba una deuda pendiente: intentar escribir una novela. Y por fin llegó el momento que tanto esperábamos: en 2025 vio la luz su primera novela: “López López”, una historia perfecta sobre la identidad que parece cerrarse sobre sí misma y que, al hacerlo, transforma todo lo que creíamos haber leído.
La premisa es tan sencilla como perturbadora. López es un soldado del Ejército Negro que sobrevive de milagro a un fusilamiento. Durante su huida encuentra el uniforme de un combatiente enemigo, perteneciente al Ejército Naranja. Se lo pone para salvar la vida y descubre una coincidencia extraordinaria: el nombre bordado en la chaqueta también es López.
A partir de ese momento, su existencia comienza a desdoblarse. El hombre que era se convierte en el hombre que debería ser. Su pasado se contamina con el de un desconocido y su futuro parece depender de una identidad que no le pertenece. O que, acaso, siempre le perteneció.
Y es que la verdadera pregunta de esta novela no es quién es López, sino qué significa ser alguien.
El hombre que se convierte en otro
En el universo de Downey, cambiar de uniforme significa mucho más que cambiar de bando. López descubre que también puede cambiar de historia, de convicciones, de afectos, de destino y hasta de fisonomía. Lo extraordinario es la naturalidad con que se produce esa transformación.
No hay una explicación psicológica exhaustiva ni un conflicto moral desarrollado de manera convencional. El personaje simplemente avanza, impulsado por una mezcla de instinto de supervivencia, azar y resignación. Y todas las personas con las que se cruza parecen bailar al son de este hombre que no solo asegura ser el López naranja sino que realmente se comporta como tal.
Y esa pasividad resulta profundamente inquietante. ¿Somos realmente dueños de nuestra identidad o apenas el resultado de las circunstancias que nos atraviesan y de adoptamos sin más? ¿Cuánto de lo que creemos ser depende de la mirada de los demás?
Los dos ejércitos, reducidos a los colores negro y naranja, funcionan como un espejo de esa incertidumbre. Ambos sostienen sus propias razones, reproducen comportamientos semejantes y convierten a sus soldados en piezas intercambiables de una maquinaria que parece funcionar independientemente de ellos.
Downey construye así una alegoría de la guerra, pero también una reflexión sobre la fragilidad de nuestras certezas. López puede ser héroe o traidor, enemigo o compañero, dependiendo únicamente del lado desde el cual se lo observe.
Una historia de espejos
Los dobles atraviesan toda la novela. Los dos López, los soldados de uno y otro ejército, María y Maira —cuyos nombres son un anagrama—, las historias que se repiten con pequeñas variaciones.
Nada es exactamente igual, pero nada parece completamente diferente.
Incluso la estructura narrativa obedece a esta lógica. Los acontecimientos avanzan hacia un desenlace que dialoga directamente con el comienzo. La escena inicial encuentra su reflejo en la última, aunque los papeles han cambiado. Y a medida que la historia avanza nos asalta una especie de deja vu en algunas escenas en las que todo se desdibuja y nos envuelve en esta confusión tan mágina de Downey.
Si bien la historia es circular, no estamos necesariamente ante un círculo perfecto. Sería más preciso imaginar una espiral: la historia regresa a un punto reconocible, pero cada vuelta incorpora una nueva capa de significado.
El resultado es uno de los mayores aciertos de Downey. Cuando terminamos de leer, de inmediato volvemos al primer capítulo para descubrir que la primera página ya no cuenta la misma historia que contaba cuando la abrimos por primera vez. Y entonces aparece la tentación irresistible de comenzar otra vez.
La niña de la hamaca: una clave escondida
Entre los episodios más desconcertantes de la novela se encuentra una historia aparentemente secundaria que Maira le cuenta a López.
Cuando era pequeña, desapareció mientras jugaba en una hamaca. Durante tres días nadie pudo encontrarla. Finalmente, reapareció en el mismo lugar, sin recuerdos de lo sucedido. Desde su perspectiva, el tiempo había transcurrido de manera inexplicable: estaba allí, bajo el sol, y de pronto era otro momento.
El episodio introduce una fisura en la realidad de la novela. Pero también ofrece una posible clave para interpretarla.
¿Y si Maira nunca hubiera abandonado la hamaca? ¿Y si, durante aquellos tres días, hubiera permanecido exactamente donde estaba, aunque los demás no pudieran verla?
Esta hipótesis adquiere una dimensión todavía más inquietante cuando López mira la hamaca y la encuentra vacía.
Quizás la desaparición no implique necesariamente una ausencia. Quizás dos personas puedan compartir un mismo espacio sin encontrarse, o habitar tiempos que no coinciden.
La historia de Maira funciona entonces como una versión en miniatura de la historia de López. Ambos parecen experimentar una realidad en la que la continuidad del tiempo y de la identidad deja de ser confiable.
La novela no confirma una explicación sobrenatural ni exige que la adoptemos. Su fuerza reside precisamente en esa ambigüedad, en la posibilidad de que exista algo que no conseguimos percibir.
Y, curiosamente, esa misma lógica alcanza al lector: cuando regresamos al primer capítulo, descubrimos cosas que estaban allí desde el principio, pero que no habíamos podido ver.
La guerra, el absurdo y el destino
Downey no necesita explicar minuciosamente las razones del conflicto bélico. Su guerra es reconocible precisamente porque podría ser muchas guerras. Los hombres se enfrentan por causas que terminan perdiendo consistencia frente a las necesidades más elementales: sobrevivir, encontrar refugio, querer a alguien, regresar a casa.
Hay ecos de Borges en el tratamiento de los dobles, del destino y del hombre enfrentado a un pelotón de fusilamiento. También hay una sensibilidad cercana al absurdo: la de un individuo atrapado en un mecanismo que no comprende y que, sin embargo, continúa obedeciendo.
La prosa es sobria, precisa, de gran eficacia visual. Downey, que también es guionista, privilegia las acciones sobre las explicaciones y deja que los gestos de sus personajes revelen aquello que las palabras callan.
Su construcción es tan rigurosa que algunas simetrías pueden parecer excesivamente calculadas. Sin embargo, esa arquitectura también constituye el principal atractivo del libro: el orden de la narración contrasta con la incertidumbre de los acontecimientos. Cuanto más perfectamente encajan las piezas, menos seguros estamos de haber comprendido la imagen completa.
Y eso, lejos de representar una debilidad, convierte a López López en una experiencia de lectura particularmente estimulante.
El final es el principio
Hay un último detalle que merece atención: la cubierta del libro. Sobre un fondo azul, un pequeño soldado oscuro aparece rodeado de soldados naranjas. La imagen parece representar el comienzo de la historia, con López enfrentado a sus enemigos. Pero después de terminar la novela, también la ilustración cambia de significado.
¿Estamos mirando al López negro? ¿Al naranja? ¿O a un hombre cuya identidad ya no puede reducirse a ninguno de esos colores?
Las sombras de los pequeños soldados introducen una nueva ambigüedad. Las diferencias que parecían tan claras comienzan a confundirse.
El diseño de la tapa anticipa, de alguna manera, el mecanismo de la novela: una imagen aparentemente sencilla que adquiere otras interpretaciones cuando volvemos a contemplarla.
López López es una historia sobre la guerra, ciertamente. También sobre el azar, el amor, la memoria y el absurdo. Pero, por encima de todo, es una novela sobre nuestra necesidad de construir una identidad estable en un mundo que continuamente amenaza con desmentirla.
Su mayor virtud consiste en no resolver del todo las preguntas que plantea. Downey confía en la inteligencia de quien lee y le permite habitar esa incertidumbre sin imponerle una respuesta definitiva.
Al terminar, podemos cerrar el libro y aceptar que la historia ha concluido. O podemos regresar a la primera página y descubrir que, en realidad, todavía no sabemos dónde empieza.
Tal vez el verdadero misterio de López López no sea quién es el protagonista, sino cuántas veces puede una persona convertirse en otra sin dejar de ser ella misma.
Y tal vez, como la niña de la hamaca, López nunca haya abandonado realmente el lugar donde lo vimos por primera vez. Solo que ahora, después de leer toda su historia, podemos volver a verlo.
Ficha del libro
- Título: López López
- Autor: Tomás Downey
- Editorial: Fiordo
- Año: 2025
- Extensión: 184 páginas
- Género: Narrativa argentina contemporánea