Tus hijos te observan: que te vean leer Tema: Artículos
Hay una escena doméstica que parece insignificante: un adulto sentado en el sillón, con un libro entre las manos, mientras alrededor sucede la vida. Un chico juega, pregunta algo, va y viene. Tal vez ni siquiera parece prestar atención. Pero está mirando.
Y eso importa mucho más de lo que creemos.
Porque podemos decirles a nuestros hijos que leer es bueno. Podemos comprarles libros, llevarlos a bibliotecas, preguntarles qué están leyendo en la escuela e insistir con el famoso “dejá un rato el teléfono y agarrá un libro”. Pero hay una enseñanza mucho más poderosa que cualquiera de esas recomendaciones: que nos vean leer porque queremos hacerlo.
Los chicos aprenden también mirando
Durante la infancia, buena parte de lo que aprendemos acerca de cómo funciona el mundo no proviene de instrucciones explícitas, sino de la observación. Los adultos que nos rodean funcionan como modelos: vemos qué hacen cuando están aburridos, cómo descansan, qué cosas disfrutan y a qué deciden dedicarles tiempo.
Por eso existe una diferencia enorme entre una casa en la que se dice que los libros son importantes y una casa en la que los libros forman parte de la vida cotidiana.
Un padre que lee en el sofá, una madre que lleva una novela en la cartera, alguien que comenta durante la cena algo que encontró en un libro están transmitiendo, sin necesidad de dar ninguna lección, una idea fundamental: leer es una actividad que los adultos eligen hacer cuando nadie los obliga.
Y quizá esa sea una de las mejores definiciones posibles de un lector.
El problema de convertir la lectura en una obligación infantil
Hay una contradicción bastante frecuente en muchos hogares. Los adultos pasan horas mirando pantallas mientras les piden a los chicos que lean.
Desde la perspectiva infantil, el mensaje puede resultar extraño: aparentemente, leer es algo estupendo… pero es algo que deben hacer los niños.
Como lavarse los dientes. Hacer la tarea. Ordenar la habitación.
Si queremos que un chico perciba la lectura como placer, curiosidad o refugio, necesita comprobar que esas posibilidades continúan existiendo después de la escuela.
Que los adultos también leen historias. Que también quieren saber cómo termina una novela. Que también pueden olvidarse durante un rato del mundo porque encontraron otro entre las páginas.
No hace falta leerles: alcanza con que nos vean
Leerles cuentos a los chicos sigue siendo una de las experiencias más valiosas que podemos compartir con ellos. Pero hay otro gesto del que se habla bastante menos: leer nosotros delante de ellos.
No tiene que ser literatura infantil. Ni siquiera tiene que ser “alta literatura”. Puede ser una novela policial, una biografía, ciencia ficción, poesía, historia, un ensayo o ese libro enorme que llevamos tres meses intentando terminar.
Lo importante es que el libro exista como objeto cotidiano: que aparezca sobre la mesa de luz, que viaje en el bolso, que quede abierto boca abajo —aunque los puristas sufran— sobre el sillón, que alguna vez escuchen decir: “Esperá que termino este capítulo”. Esa frase contiene una pequeña revolución. Significa que hay algo dentro de esas páginas suficientemente interesante como para querer quedarse allí cinco minutos más.
Una casa con libros cuenta una historia
Los libros visibles también construyen una especie de paisaje emocional. Una biblioteca familiar no es solamente un mueble donde se almacenan objetos. Con el tiempo se convierte en una autobiografía involuntaria: están los libros que nos hicieron reír, los que abandonamos, los que nos acompañaron durante años, los heredados, los subrayados, los que jamás prestaremos y aquellos que esperamos que alguien descubra algún día.
Para un chico, crecer rodeado de esos objetos significa crecer sabiendo que las historias y las ideas tienen un lugar físico dentro de la casa. Y también que puede acercarse a ellas.
Muchas vocaciones lectoras comienzan así: no con un libro cuidadosamente elegido para determinada edad, sino con uno encontrado por accidente en una biblioteca familiar: quizás un título extraño o una portada irresistible. Entonces un libro que parecía pertenecer al misterioso mundo de los adultos para a formar parte de sus vidas.
También están aprendiendo qué hacemos con nuestro tiempo
Hay algo todavía más interesante. Cuando un chico nos ve leer, no aprende solamente sobre libros. Aprende sobre atención.
En una época en la que casi todos llevamos encima dispositivos diseñados para reclamar nuestra mirada permanentemente, abrir un libro implica aceptar otro ritmo. Durante un rato no deslizamos el dedo. No saltamos de una cosa a otra. No esperamos una notificación. Nos quedamos. Una página. Después otra. Después otra.
Para un niño que observa, esa concentración silenciosa transmite una posibilidad cada vez menos evidente: es posible estar quieto y, sin embargo, estar viviendo algo intensamente.
¿Eso garantiza que nuestros hijos serán lectores?
No.
Y quizá sea importante decirlo. Podemos llenar una casa de libros, leer todas las noches y criar a un chico que prefiera dedicar su tiempo libre a tocar la guitarra, jugar al fútbol o mirar películas.
Los hijos no son proyectos culturales que podamos programar. Pero existe una diferencia enorme entre obligarlos a convertirse en lectores y darles la oportunidad de descubrir qué significa serlo.
Podemos dejar la puerta abierta, mostrarles que detrás de ella hay mundos y que después decidan si quieren entrar.
La escena que quizá recuerden
Tal vez dentro de muchos años nuestros hijos no recuerden qué libro estábamos leyendo aquella tarde. Probablemente tampoco recuerden la tapa, el autor ni la historia, pero quizá recuerden otra cosa: a sus padres leyendo cómodamente en el sillón, o una biblioteca impresionante, o la burbuja de calma que rodea a alguien que está leyendo. Y algún día, casi sin darse cuenta, podrían repetir la escena.
Entonces entenderemos que aquellas tardes aparentemente insignificantes también eran una forma de educación.
Porque a veces la mejor manera de criar lectores no es decirles que lean.
Es dejar que nos vean hacerlo.