{"id":2920,"date":"2026-07-14T08:22:07","date_gmt":"2026-07-14T11:22:07","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lagatasibilah.com\/?p=2920"},"modified":"2026-07-14T08:22:09","modified_gmt":"2026-07-14T11:22:09","slug":"patti-smith-y-su-amor-por-la-literatura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lagatasibilah.com\/index.php\/2026\/07\/14\/patti-smith-y-su-amor-por-la-literatura\/","title":{"rendered":"Patti Smith y su amor por la literatura"},"content":{"rendered":"<p>\u00ab\u00a1Oh, renacer entre las p\u00e1ginas de un libro!\u00bb , exclama Patti Smith en las p\u00e1ginas de M Train, su asombrosa y bella meditaci\u00f3n sobre el tiempo, la transformaci\u00f3n y c\u00f3mo el resplandor del amor (incluso el que se siente por la literatura) redime la ruptura de la p\u00e9rdida. <\/p><p>Medio siglo despu\u00e9s de que Susan Sontag ensalzara las recompensas de la relectura como renacimiento, Smith viaja a la \u00faltima morada de grandes escritores, fotografiando sus l\u00e1pidas y los objetos que sobrevivieron \u2014el bast\u00f3n de Virginia Woolf, la m\u00e1quina de escribir de Hermann Hesse, el sombrero de paja de Robert Graves, las gafas de Samuel Beckett\u2014 mientras revisita sus libros m\u00e1s queridos. A trav\u00e9s del devocional laberinto de la memoria, rememora toda una vida de lectura y se conecta con los autores que m\u00e1s animaron su vida interior.<\/p><p>Tras verse inmersa durante un mes en una lectura obsesiva de Haruki Murakami, Smith reflexiona sobre c\u00f3mo los grandes libros hechizan el esp\u00edritu humano:<\/p><blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>&#8220;Hay dos tipos de obras maestras. Est\u00e1n las obras cl\u00e1sicas, monstruosas y divinas, como Moby Dick , Cumbres Borrascosas o Frankenstein: Un Prometeo Moderno . Y luego est\u00e1 el tipo de libro en el que el escritor parece infundir energ\u00eda vital en las palabras, mientras el lector es sacudido, estrujado y dejado a la intemperie. Libros devastadores. &#8216;Como 2666&#8217; o &#8216;El Maestro y Margarita&#8217;. &#8216;Cr\u00f3nica del P\u00e1jaro que Da Cuerda&#8217; es uno de esos libros. Lo termin\u00e9 e inmediatamente me sent\u00ed obligada a releerlo. Para empezar, no quer\u00eda abandonar su atm\u00f3sfera. Pero adem\u00e1s, el fantasma de una frase me carcom\u00eda. Algo que desat\u00f3 un nudo bien hecho dentro m\u00edo y dej\u00f3 que los bordes deshilachados rozaran mi mejilla mientras dorm\u00eda&#8221;.<\/p><\/blockquote><p><br>Hemos recopilado una lista de los libros que Smith menciona en sus memorias: algunos a modo de homenajes directos y efusivos, otros de forma indirecta, todos con cari\u00f1o. El resultado es un autorretrato de una mente creativamente voraz, plasmado con pasi\u00f3n en el lienzo de la literatura.<\/p><h5 class=\"wp-block-heading\">1. &#8220;Despu\u00e9s de la naturaleza&#8221;,  por W.G. Sebald<\/h5><p>&#8220;En cierto momento, los tres extensos poemas de este delgado volumen me impactaron tan profundamente que apenas pod\u00eda soportar leerlos. Apenas me adentraba en su mundo, era transportada a un sinf\u00edn de otros mundos. Pruebas de tales viajes se encuentran amontonadas en las guardas, as\u00ed como una declaraci\u00f3n que una vez tuve la osad\u00eda de garabatear en un margen: \u00abPuede que no sepa lo que hay en tu mente, pero s\u00e9 c\u00f3mo funciona tu mente\u00bb .<\/p><p>&#8220;\u00a1Max Sebald!\u2026 \u00c9l ve, no con ojos, y sin embargo ve. Reconoce voces en el silencio, historia en el vac\u00edo. Evoca ancestros que no son ancestros, con tal precisi\u00f3n que los hilos dorados de una manga bordada le resultan tan familiares como sus propios pantalones polvorientos.&#8221;<\/p><p>[\u2026]<\/p><p>&#8220;\u00a1Qu\u00e9 adictivo es este librito! Al leerlo, uno se ve inmerso en su proceso creativo. Lo leo y siento esa misma compulsi\u00f3n: el deseo de poseer lo que ha escrito, un deseo que solo puedo aplacar escribiendo algo yo misma&#8221;.<\/p><h5 class=\"wp-block-heading\">2. &#8220;El diario del ladr\u00f3n&#8221;,  de Jean Genet<\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">3. &#8220;Cr\u00f3nica del p\u00e1jaro que da cuerda al mundo&#8221;, de Haruki Murakami<\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">4. &#8220;La caza del carnero salvaje&#8221;,  de Haruki Murakami<\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">5. &#8220;Kafka en la orilla&#8221;, de Haruki Murakami<\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">6. &#8220;Baila, baila, baila&#8221;, de Haruki Murakami<\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">7. &#8220;2666&#8221;,  de Roberto Bola\u00f1o<\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">8. &#8220;El Caf\u00e9 de la Playa&#8221;, de Mohammed Mrabet, traducido por Paul Bowles<\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">9. &#8220;Amuleto&#8221;, de Roberto Bola\u00f1o<\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">10. &#8220;El primer hombre&#8221;,  de Albert Camus<\/h5><blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p><br>Una fotograf\u00eda de Albert Camus colgaba junto al interruptor de la luz. Era una imagen cl\u00e1sica de Camus con un abrigo grueso y un cigarrillo entre los labios, como un joven Bogart, enmarcada en arcilla por mi hijo, Jackson\u2026 Mi hijo, al verlo todos los d\u00edas, lleg\u00f3 a pensar que Camus era un t\u00edo que viv\u00eda lejos. De vez en cuando, mientras escrib\u00eda, lo miraba de reojo.<\/p><\/blockquote><h5 class=\"wp-block-heading\">11. &#8220;La Divina Comedia&#8221;, de Dante Alighieri<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">12. &#8220;La historia de Davy Crockett&#8221;, por Enid Meadowcroft<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">13. &#8220;El principito cojo&#8221;, de Rosemary Wells<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">14. &#8220;Ariel&#8221;, de Sylvia Plath<\/h5><blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p><br>Me regalaron mi ejemplar de Ariel cuando ten\u00eda veinte a\u00f1os. Ariel se convirti\u00f3 entonces en el libro de mi vida, atray\u00e9ndome hacia un poeta con una melena digna de un anuncio de Breck y la aguda capacidad de observaci\u00f3n de una cirujana que se extirpa el coraz\u00f3n. Sin apenas esfuerzo, visualic\u00e9 mi Ariel a la perfecci\u00f3n. Delgado, con una tela negra descolorida, que abr\u00ed en mi mente, notando mi firma juvenil en la guarda color crema. Pas\u00e9 las p\u00e1ginas, repasando la forma de cada poema.<\/p><\/blockquote><h5 class=\"wp-block-heading\">15. &#8220;El maestro y Margarita&#8221;, de Mija\u00edl Bulg\u00e1kov<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">16. &#8220;\u00c1rboles de invierno&#8221;, de Sylvia Plath<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">17. &#8220;Cuatro obras principales&#8221;, de Henrik Ibsen<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">18. &#8220;Declaraciones despu\u00e9s de la cena&#8221;, de Nicanor Parra<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">19. &#8220;Cartas desde Islandia&#8221;, de W. H. Auden<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">20. &#8220;El zool\u00f3gico interactivo&#8221; , de Jim Carroll<br><\/h5><blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Imprescindible para cualquiera que busque un delirio concreto.<\/p><\/blockquote><p><\/p><h5 class=\"wp-block-heading\">21. &#8220;Tractatus Logico&#8221;,  de Ludwig Wittgenstein<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">22. &#8220;Un perro de Flandes&#8221;, de Ouida<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">23. &#8220;El pr\u00edncipe y el mendigo&#8221;, de Mark Twain<\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\"><br>24. &#8220;El p\u00e1jaro azul&#8221;, de Maurice Maeterlinck<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">25. &#8220;Cinco peque\u00f1os pimientos y c\u00f3mo crecieron&#8221;, de Margaret Sidney<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">26. &#8220;Mujercitas&#8221;, de Louisa May Alcott<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">27. &#8220;A trav\u00e9s del espejo&#8221;, de Lewis Carroll<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">28. &#8220;El juego de las cuentas de vidrio&#8221;, de Hermann Hesse<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">30. &#8220;El viaje al Este&#8221;, de Hermann Hesse<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">31. &#8220;Lolita&#8221;, de Vladimir Nabokov<br><\/h5><div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"623\" src=\"https:\/\/www.lagatasibilah.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Patty-Smith-1-1024x623.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2924\" srcset=\"https:\/\/www.lagatasibilah.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Patty-Smith-1-1024x623.jpg 1024w, https:\/\/www.lagatasibilah.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Patty-Smith-1-300x183.jpg 300w, https:\/\/www.lagatasibilah.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Patty-Smith-1-768x468.jpg 768w, https:\/\/www.lagatasibilah.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Patty-Smith-1-1536x935.jpg 1536w, https:\/\/www.lagatasibilah.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Patty-Smith-1-600x365.jpg 600w, https:\/\/www.lagatasibilah.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Patty-Smith-1.jpg 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div><h5 class=\"wp-block-heading\">32. &#8220;Un episodio en la vida de un pintor paisajista&#8221;, de C\u00e9sar Aira<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">33. &#8220;Una noche de copas&#8221; , de Ren\u00e9 Daumal<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">34. &#8220;El p\u00f3ker de Wittgenstein: La historia de una discusi\u00f3n de diez minutos entre dos grandes fil\u00f3sofos&#8221;, por David Edmonds y John Eidinow<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">35. &#8220;Las obras completas de Sherlock Holmes&#8221;, de Arthur Conan Doyle<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">36. &#8220;Orph\u00e9e &#8220;, de Jean Cocteau<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">37. &#8220;La fabulosa vida de Diego Rivera&#8221;, por Bertram David Wolfe<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">38. &#8220;Antolog\u00eda&#8221;, de Artaud<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">39. &#8220;Las confusiones del joven T\u00f6rless&#8221;, de Robert Musil<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">40. &#8220;Las mujeres de El Cairo&#8221;, de G\u00e9rard De Nerval<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">41. &#8220;Black Spring&#8221;, de Henry Miller<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">42. &#8220;El sol poniente&#8221;, de Osamu Dazai<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">43. &#8220;Ya no humano&#8221;, de Osamu Dazai<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">44. &#8220;Las mariposas de Nabokov: Escritos in\u00e9ditos y no recopilados&#8221;, por Vladimir Nabokov<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">45. &#8220;Hawk Moon&#8221;, de Sam Shepard<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">46. &#8220;La escasez del amor&#8221;, de Anna Kavan<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">47. &#8220;Moby Dick&#8221;, de Herman Melville<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">48. &#8220;Frankenstein: Un Prometeo moderno&#8221;, de Mary Shelley<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">49. &#8220;Cumbres Borrascosas&#8221;, de Emily Bront\u00eb<br><\/h5><h5 class=\"wp-block-heading\">50. &#8220;El cielo protector&#8221;, de Paul Bowles<\/h5><blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p><br>Conoc\u00ed a Bowles por pura casualidad. En el verano de 1967, poco despu\u00e9s de irme de casa a Nueva York, pas\u00e9 junto a una gran caja llena de libros volcados que se desparramaban por la calle. Varios estaban esparcidos por la acera, y un ejemplar antiguo de Who&#8217;s Who in America yac\u00eda abierto ante mis pies. Me agach\u00e9 para mirar, y una fotograf\u00eda me llam\u00f3 la atenci\u00f3n sobre la entrada de Paul Frederic Bowles. Nunca hab\u00eda o\u00eddo hablar de \u00e9l, pero me di cuenta de que compart\u00edamos el mismo cumplea\u00f1os: el 30 de diciembre. Creyendo que era una se\u00f1al, arranqu\u00e9 la p\u00e1gina y m\u00e1s tarde busqu\u00e9 sus libros; el primero fue El cielo protector . Le\u00ed todo lo que escribi\u00f3, as\u00ed como sus traducciones, lo que me introdujo en la obra de Mohammed Mrabet e Isabelle Eberhardt.<\/p>\n\n<p>Tres d\u00e9cadas despu\u00e9s, en 1997, la revista Vogue Alemania me pidi\u00f3 que lo entrevistara en T\u00e1nger. Ten\u00eda sentimientos encontrados sobre la tarea, pues mencionaban que estaba enfermo. Pero me aseguraron que hab\u00eda accedido sin problema y que no lo molestar\u00eda. Bowles viv\u00eda en un apartamento de tres habitaciones en una calle tranquila de un edificio sencillo de estilo moderno de los a\u00f1os cincuenta, en una zona residencial. Una alta pila de ba\u00fales y maletas, testigos de numerosos viajes, formaba una columna en la entrada. Hab\u00eda libros que cubr\u00edan las paredes y los pasillos, libros que conoc\u00eda y libros que deseaba conocer. Estaba sentado, incorporado en la cama, con una suave bata de cuadros, y pareci\u00f3 animarse cuando entr\u00e9 en la habitaci\u00f3n.<\/p>\n\n<p>Me agach\u00e9 intentando encontrar una postura elegante en medio de la incomodidad del momento. Hablamos de su difunta esposa, Jane, cuyo esp\u00edritu parec\u00eda estar presente en todas partes. Me sent\u00e9 all\u00ed, enredando mis trenzas, hablando de amor. Me pregunt\u00e9 si realmente me estar\u00eda escuchando.<\/p>\n\n<p>\u2014\u00bfEst\u00e1s escribiendo? \u2014pregunt\u00e9.<br>\u2014No, ya no escribo.<br>\u2014\u00bfC\u00f3mo te sientes ahora? \u2014pregunt\u00e9.<br>\u2014Vac\u00edo \u2014respondi\u00f3.<\/p>\n\n<p>Lo dej\u00e9 con sus pensamientos y sub\u00ed al patio de la azotea.<\/p>\n\n<p>[\u2026]<\/p>\n\n<p>Todo brota. Fotograf\u00edas que cuentan su historia. Libros que plasman sus palabras. Paredes que resuenan con sus sonidos. Los esp\u00edritus se elevaron como un \u00e9ter que describ\u00eda un arabesco y descend\u00eda con la suavidad de una m\u00e1scara benevolente.<\/p><\/blockquote><figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"575\" src=\"https:\/\/www.lagatasibilah.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/patti-smith-paul-bowles-1997-1-1024x575.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2922\" srcset=\"https:\/\/www.lagatasibilah.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/patti-smith-paul-bowles-1997-1-1024x575.jpg 1024w, https:\/\/www.lagatasibilah.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/patti-smith-paul-bowles-1997-1-300x169.jpg 300w, https:\/\/www.lagatasibilah.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/patti-smith-paul-bowles-1997-1-768x432.jpg 768w, https:\/\/www.lagatasibilah.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/patti-smith-paul-bowles-1997-1-1536x863.jpg 1536w, https:\/\/www.lagatasibilah.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/patti-smith-paul-bowles-1997-1-1140x640.jpg 1140w, https:\/\/www.lagatasibilah.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/patti-smith-paul-bowles-1997-1-600x337.jpg 600w, https:\/\/www.lagatasibilah.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/patti-smith-paul-bowles-1997-1.jpg 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><p><em>Patti Smith con Paul Bowles, T\u00e1nger, 1997 (Fotograf\u00eda: Tim Richmond)<\/em><\/p><p><br>Tras su reflexi\u00f3n, inspirada por Murakami, sobre los dos tipos de obras maestras, la propia Smith intenta elaborar una lista deliberada de sus libros favoritos. Pero, abrumada por la cantidad de posibles candidatos y frustrada por la dificultad de distinguir entre una \u00abobra maestra\u00bb y un libro que \u00absimplemente le gusta\u00bb, finalmente desiste. Guardando el papel en su bolsillo, concluye:<\/p><blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>La verdad es que solo existe un tipo de obra maestra: una obra maestra.<\/p><\/blockquote><p>M Train es, sencillamente, una obra maestra.<\/p><p><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00ab\u00a1Oh, renacer entre las p\u00e1ginas de un libro!\u00bb , exclama Patti Smith en las p\u00e1ginas de M Train, su asombrosa y bella meditaci\u00f3n sobre el tiempo, la transformaci\u00f3n y c\u00f3mo el resplandor del amor (incluso el que se siente por la literatura) redime la ruptura de la p\u00e9rdida. 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