{"id":2846,"date":"2026-07-05T07:56:19","date_gmt":"2026-07-05T10:56:19","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lagatasibilah.com\/?p=2846"},"modified":"2026-07-05T07:56:21","modified_gmt":"2026-07-05T10:56:21","slug":"pensamientos-estrangulados-por-emil-cioran","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lagatasibilah.com\/index.php\/2026\/07\/05\/pensamientos-estrangulados-por-emil-cioran\/","title":{"rendered":"&#8220;Pensamientos estrangulados&#8221;, por Emil Cioran"},"content":{"rendered":"<p>Pensamientos estranCioran, el \u00faltimo gn\u00f3stico<\/p><p>Voy a revelarles un secreto: como tantas otras cosas buenas de las que disfrutan en la actualidad, los espa\u00f1oles le deben las traducciones de E. M. Cioran a\u2026 a Franco. Por lo menos las m\u00edas, que a falta de otro m\u00e9rito tienen el de ser las primeras que pudieron comprarse en nuestras librer\u00edas. Si la dictadura franquista no se hubiera molestado en expulsarme de la Universidad Aut\u00f3noma de Madrid, cegando mi modesta fuente de ingresos, yo no hubiera necesitado hacer traducciones para vivir y ustedes hubiesen tenido que esperar bastantes a\u00f1os para leer a Cioran, salvo que lo leyeran en franc\u00e9s. Pero en fin, gracias al Caudillo fascista y curil cuyo centenario se conmemor\u00f3 en 1992, Cioran entr\u00f3 en mi vida laboral y en la cultura espa\u00f1ola de los a\u00f1os setenta. Sigue presente: seguimos\u2026<\/p><p><br><em>Le mauvais d\u00e9miurge <\/em>fue el primer libro de Cioran que le\u00ed en mi vida; quiz\u00e1 sea por eso pero sigue pareci\u00e9ndome de los mejores y sobre todo de los m\u00e1s completamente <em>cioranianos <\/em>que ha escrito. En \u00e9l est\u00e1n todos sus temas fundamentales: la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica (una verdadera teolog\u00eda <em>negativa, <\/em>m\u00e1s bien), el apunte hist\u00f3rico sobre la transici\u00f3n del paganismo al cristianismo (y la sugerencia impl\u00edcita de que quiz\u00e1 estemos a punto de un nuevo tr\u00e1nsito, pero esta vez de signo opuesto), la consideraci\u00f3n a fondo de la vinculaci\u00f3n entre caducidad y carne, entre <em>ser y pasar <\/em>(contenida en el ensayo \u00abPaleontolog\u00eda\u00bb, mi preferido dentro de este libro y uno de los mejores a mi juicio escritos por Cioran), los aforismos sobre el tema del suicidio (esencial en la obra del pensador rumano, como tentaci\u00f3n permanente y a la par alivio del peso de la vida que -parad\u00f3jicamente- ayuda a vivir), etc\u2026 Pero no s\u00f3lo se encuentra todo un recital de los principales temas, sino tambi\u00e9n un muestrario de los <em>estilos <\/em>del escritor, de los recursos de un prosista al que todo un Saint-John Perse proclam\u00f3 como el mejor entre sus contempor\u00e1neos franceses. En <em>Le mauvais d\u00e9miurge <\/em>Cioran exhibe su talento para el ensayo breve (el m\u00e1s digno de heredar ese nombre -ensayo- del de los del padre fundador, Montaigne), para el fragmento y el aforismo, hasta para la par\u00e1bola m\u00e1ximamente condensada y densa de significados\u2026 Se re\u00fane as\u00ed en este pu\u00f1ado de p\u00e1ginas lo m\u00e1s relevante de las obsesiones del autor y la mejor de la destreza literaria con que sabe acu\u00f1arlas, convirti\u00e9ndolas en literalmente <em>inolvidables <\/em>para muchos de sus lectores.<br><br>Quiz\u00e1 pueda resultar curioso contar c\u00f3mo entr\u00e9 por primera vez en contacto con este libro y a trav\u00e9s de \u00e9l con la obra entera de E. M. Cioran. En aquellos d\u00edas (final de los a\u00f1os sesenta) yo era un subscriptor devoto de <em>Le Monde, <\/em>biblia indisputada por entonces del periodismo europeo m\u00e1s sensatamente progresista. Sus p\u00e1ginas culturales me brindaban semana tras semana descubrimientos inapreciables en el terreno del ensayo filos\u00f3fico y tambi\u00e9n de la literatura. Yo acataba todos sus dict\u00e1menes y me doblegaba a sus consejos con docilidad isl\u00e1mica. Cierto d\u00eda tropec\u00e9 con un titular escandaloso: \u00ab\u00bfAcaso es Cioran el diablo?\u00bb. Era un comentario escrito por el fil\u00f3sofo existencialista cristiano Gabriel Marcel (luego supe que era amigo, aunque intelectualmente muy opuesto, de Cioran) sobre <em>Le mauvais d\u00e9miurge, <\/em>que acababa de aparecer en librer\u00edas. No recuerdo ya la conclusi\u00f3n a la que llegaba Gabriel Marcel: supongo que absolv\u00eda a Cioran de una identificaci\u00f3n tan comprometedora. Pero a m\u00ed me pareci\u00f3 motivo suficiente de inter\u00e9s que alguien pudiera ser \u00abconfundido\u00bb con el diablo, aunque fuese por un momento. Cuando alrededor de un mes m\u00e1s tarde encontr\u00e9 un ejemplar de <em>Le mauvais d\u00e9miurge <\/em>en una librer\u00eda internacional de Madrid, lo compr\u00e9 de inmediato y con un cierto escalofr\u00edo de placer anticipado\u2026 No me defraud\u00f3: poco tiempo despu\u00e9s, tras diversas gestiones febriles con libreros franceses y amigos afortunados que pod\u00edan viajar (a m\u00ed me hab\u00edan retirado el pasaporte las autoridades del r\u00e9gimen, siempre involuntariamente sol\u00edcitas para favorecer mi futuro literario) me hab\u00eda hecho ya con todos los libros publicados en Francia de Cioran. Los tengo medio deshechos a fuerza de leerlos, releerlos y subrayarlos. Despu\u00e9s inici\u00e9 mi t\u00edmida correspondencia con Cioran y as\u00ed naci\u00f3 una amistad que ya dura m\u00e1s de veinte a\u00f1os y que no cambiar\u00eda por ninguna otra.<br><br><em>Le mauvais d\u00e9miurge <\/em>no fue sin embargo el primer libro que traduje de Cioran: empec\u00e9, como es debido, por el primero, titulado en mi versi\u00f3n \u00abBreviario de podredumbre\u00bb y despu\u00e9s opt\u00e9 por \u00abLa tentaci\u00f3n de existir\u00bb, cuyo t\u00edtulo me resultaba particularmente sugestivo. Por cierto que precisamente el t\u00edtulo de <em>Le mauvais d\u00e9miurge <\/em>me present\u00f3 bastantes dificultades a la hora de traducirlo. \u00bfLo vertir\u00eda como \u00abEl demiurgo malvado\u00bb? Me sonaba un poco truculento, como a <em>comic <\/em>de ciencia-ficci\u00f3n o algo as\u00ed\u2026 \u00abEl demiurgo malo\u00bb, \u00abEl mal demiurgo\u00bb, \u00abEl demiurgo fatal, p\u00e9simo, desastroso\u2026\u00bb. Nada, que no terminaba de convencerme ninguna de esas variantes. Me parec\u00edan \u00f1o\u00f1as, equ\u00edvocas\u2026 inconvincentes. Cualquiera que se haya visto en esa extra\u00f1a tarea que es traducir comprender\u00e1 muy bien estas perplejidades que tan agobiantes pueden llegar a ser. Por fin se me ocurri\u00f3 lo de \u00abEl aciago demiurgo\u00bb. \u00a1Bingo! \u00a1Lo encontr\u00e9! Como le hab\u00eda ido haciendo a Cioran en mis cartas la cr\u00f3nica de mis vacilaciones, me apresur\u00e9 a comunicarle este hallazgo que me parec\u00eda elegante y definitivo. Pero ahora fue \u00e9l quien demostr\u00f3 hallarse dudoso. Cioran lee y entiende bastante bien el castellano, pero no tiene la suficiente familiaridad con \u00e9l como para decidir si una palabra es habitual o extra\u00f1a. \u00bfNo ser\u00eda lo de \u00abaciago\u00bb una palabra demasiado inusual, demasiado\u2026 rebuscada? Como Montaigne, como Voltaire, como Nietzsche, como Borges, como todas las personas literariamente <em>inteligentes <\/em>que he conocido Cioran detesta los vocablos empingorotados, las palabras con <em>smoking <\/em>o con boina y zuecos, los cultismos, los aldeanismos, los tecnicismos, los neologismos enigm\u00e1ticos\u2026 En fin, que todo el que de verdad sabe escribir odia la pedanter\u00eda. \u00bfNo ser\u00eda lo de \u00abaciago\u00bb una pedanter\u00eda? Cioran es demasiado encantadoramente cort\u00e9s para preguntarme semejante cosa directamente, pero not\u00e9 que le rondaba la duda. As\u00ed que decidi\u00f3 hacer una prueba. En el inmueble de la rue de l&#8217;Odeon en la que vive se cruzaba frecuentemente en la escalera con una criada espa\u00f1ola. Aprovechando uno de esos encuentros de paso, Cioran le pregunt\u00f3 si conoc\u00eda la palabra \u00abaciago\u00bb y si le parec\u00eda de uso m\u00e1s o menos normal. La dom\u00e9stica le repuso: \u00ab\u00a1Claro que s\u00ed, se\u00f1or! \u00a1Suele decirse por ejemplo: he tenido un d\u00eda <em>aciago<\/em>!\u00bb.Le debo un ramo de flores a esa chica, porque salv\u00f3 mi traducci\u00f3n: en cuanto oy\u00f3 que hab\u00eda d\u00edas \u00abaciagos\u00bb, Cioran comprendi\u00f3 que su demiurgo deb\u00eda serlo tambi\u00e9n y me escribi\u00f3 d\u00e1ndome luz verde.<br><br>El ensayo que da t\u00edtulo al libro (y que a m\u00ed me produjo los ya citados dolores de cabeza), as\u00ed como el segundo del volumen y muchos otros aspectos de \u00e9ste y de los restantes libros del rumano, apuntan hacia un cierto gnosticismo (aunque sea un gnosticismo <em>ir\u00f3nico<\/em>)de Cioran. Como siempre he sentido fascinaci\u00f3n por las sectas gn\u00f3sticas (y en los fervorosos a\u00f1os juveniles mucho m\u00e1s) supongo que este aspecto de su obra me apasion\u00f3 especialmente desde aquella lectura inicial: \u00a1tropec\u00e9 de entrada con el libro m\u00e1s gn\u00f3stico del \u00faltimo gn\u00f3stico de nuestra cambiante civilizaci\u00f3n!<br><br>La variedad de las ideas gn\u00f3sticas a trav\u00e9s de los siglos ha sido extraordinaria: los nombres de esos sempiternos herejes (pero que tanto contribuyeron a modificar la forma de pensar de los ortodoxos) forman un extra\u00f1o bestiario, un tarot de la m\u00e1s enigm\u00e1tica pasi\u00f3n por regenerar la caducidad de la vida a trav\u00e9s del poder\u00edo siempre comprometedor de la mente. Los expertos que los estudian (H. Puesch, Jacques Lacarri\u00e9re, Steven Runciman, etc\u2026) mezclan los detalles dignos de asombro con lo que provoca repulsi\u00f3n, lo m\u00e1s intrigante y propicio para estimular la mente con fastidiosos batiburrillos de supersticiones. Uno de los ensayistas que se ha ocupado de ellos, Sege Hutin, no vacila en enumerar entre los gn\u00f3sticos contempor\u00e1neos a Andr\u00e9 Breton o H. P. Lovecraft. \u00bfPor qu\u00e9 no entonces tambi\u00e9n Cioran?<br><br>Dentro de la variedad de sus sistemas (o del florilegio de sus mitolog\u00edas racionalizadas) todos los gn\u00f3sticos coinciden en algunos puntos esenciales: el mundo de frenes\u00ed y dolor en el que vivimos no puede ser invento de ninguna divinidad espiritualmente superior, sino que habr\u00e1 sido fabricado por alg\u00fan demiurgo perturbado y maligno, en el mejor de los casos distra\u00eddo o dotado de un aciago sentido del humor (Lovecraft habla en una carta a Jacques Bergier de que este universo fue creado <em>\u00abby joke or by mistake\u00bb, <\/em>por broma o por error). El principio espiritual no puede consistir m\u00e1s que en desenmascarar al mundo y contradecirlo, sobre todo en sus pompas esenciales: el sexo, la ambici\u00f3n, la fe en el progreso, la legitimaci\u00f3n de las rutinas vigentes. Las v\u00edas de tal desenmascaramiento son diversas: hay gn\u00f3sticos libertinos y gn\u00f3sticos cast\u00edsimos, gn\u00f3sticos dicharacheros y gn\u00f3sticos silenciosos, gn\u00f3sticos que renuncian a cuanto poseen y otros que no renuncian a nada que pueda ser pose\u00eddo. Pero todos coinciden en la denuncia de la materia, de la realidad, de cuanto adem\u00e1s de formarnos quiere <em>conformarnos\u2026<\/em><br><br>\u00bfNo debemos en tal caso incluir a Cioran en la n\u00f3mina de los gn\u00f3sticos? Creo que s\u00ed, pero <em>tonque in cheek<\/em>,como dicen los americanos: con su granito de sal y sin tomarnos esa clasificaci\u00f3n del todo en serio. Porque este gn\u00f3stico llegado de los Balcanes es heredero de iron\u00edas ilustradas y conoce refinamientos expresivos muy modernos: sus visiones m\u00e1s abismales han paseado por el Barrio Latino y tiene un humor agresivo, a veces melanc\u00f3lico, que recuerda m\u00e1s los salones que los desiertos. Este libro es para m\u00ed inolvidable, por diversas razones: si he ayudado con mi traducci\u00f3n y con estas l\u00edneas a que alg\u00fan lector comparta un poco mi sombr\u00edo amor por \u00e9l\u2026 bien, entonces lo dem\u00e1s ya no importa.<br><br>Fernando Savater<br><br><em>Septiembre de 1992<\/em><br><br><\/p><p>El aciago demiurgo<\/p><p>Con excepci\u00f3n de algunos casos aberrantes, el hombre no se inclina hacia el bien: \u00bfqu\u00e9 dios le impulsar\u00eda a ello? Debe vencerse, hacerse violencia, para poder ejecutar el menor acto no manchado de mal. Cada vez que lo logra, provoca y humilla a su creador. Y si le acaece el ser bueno no por esfuerzo o c\u00e1lculo, sino por naturaleza, lo debe a una inadvertencia de lo alto: se sit\u00faa fuera del orden universal, no est\u00e1 previsto en ning\u00fan plan divino. No hay modo de ver qu\u00e9 lugar ocupa entre los seres, ni siquiera si es uno de ellos. \u00bfSer\u00e1 acaso un fantasma?<\/p><p><br>El bien es lo que fue o ser\u00e1, pero lo que nunca es. Par\u00e1sito del recuerdo o del presentimiento, periclitado o posible, no podr\u00eda ser <em>actual<\/em> ni subsistir por s\u00ed mismo: en tanto que es, la conciencia le ignora y no lo capta m\u00e1s que cuando desaparece. Todo prueba su insustancialidad; es una gran fuerza irreal, es el principio que ha abortado desde un comienzo: desfallecimiento, quiebra inmemorial, cuyos efectos se acusan a medida que la historia transcurre. En los comienzos, en esa promiscuidad en que se opera el deslizamiento hacia la vida, algo innombrable debi\u00f3 pasar, que se prolonga en nuestros malestares, si no en nuestros razonamientos. Que la existencia haya sido viciada en su origen, ella y los elementos mismos, es algo que no se puede impedir uno suponer. Quien no haya sido llevado a afrontar esta hip\u00f3tesis al menos una vez por d\u00eda habr\u00e1 vivido como un son\u00e1mbulo.<br><br>Es dif\u00edcil, es imposible creer que el dios bueno, el \u00abPadre\u00bb, se haya involucrado en el esc\u00e1ndalo de la creaci\u00f3n. Todo hace pensar que no ha tomado en ella parte alguna, que es obra de un dios sin escr\u00fapulos, de un dios tarado. La bondad no crea: le falta imaginaci\u00f3n; pero hay que tenerla para fabricar un mundo, por chapucero que sea. Es, en \u00faltimo extremo, de la mezcla de bondad y maldad de la que puede surgir un acto o una obra. O un universo. Partiendo del nuestro, es en cualquier caso mucho m\u00e1s f\u00e1cil remontarse a un dios sospechoso que a un dios honorable.<br><br>El dios bueno, decididamente, no ha sido dotado para crear: lo posee todo, salvo la omnipotencia. Grande por sus deficiencias (anemia y bondad van parejas), es el prototipo de la ineficacia: no puede ayudar a nadie\u2026 No nos agarramos a \u00e9l mas que cuando nos despojamos de nuestra dimensi\u00f3n hist\u00f3rica; en cuanto nos reintegramos a ella, nos es extra\u00f1o, nos es incomprensible: no tiene nada de lo que nos fascina, no tiene nada de monstruo. Y es entonces cuando nos volvemos hacia el creador, dios inferior y atareado, instigador de los acontecimientos. Para comprender c\u00f3mo ha podido crear, hay que figur\u00e1rselo presa del mal, que es innovaci\u00f3n, y del bien, que es inercia. Esta lucha fue, sin duda, nefasta para el mal, pues debi\u00f3 sufrir la contaminaci\u00f3n del bien: lo cual explica por qu\u00e9 la creaci\u00f3n no puede ser enteramente mala.<br><br>Como el mal preside todo lo que es corruptible, que es tanto como decir todo lo que est\u00e1 vivo, es una tentativa rid\u00edcula intentar demostrar que encierra menos ser que el bien, o incluso que no contiene ninguno. Los que lo asimilan a la nada se imaginan <em>salvar<\/em> as\u00ed al pobre dios bueno: No se le salva m\u00e1s que si se tiene el valor de separar su causa de la del demiurgo. Por haberse rehusado a ello, el cristianismo deb\u00eda, durante toda su carrera, esforzarse en imponer la inevidencia de un creador misericordioso: empresa desesperada que ha agotado al cristianismo y comprometido al dios que quer\u00eda preservar.<br><br>No podemos impedirnos pensar que la creaci\u00f3n, que se ha quedado en estado de bosquejo, no pod\u00eda ser acabada ni merec\u00eda serlo, y que es en su conjunto una <em>falta<\/em>, y la famosa fechor\u00eda, cometida por el hombre, aparece as\u00ed como una versi\u00f3n menor de una fechor\u00eda mucho m\u00e1s grave. \u00bfDe qu\u00e9 somos culpables, sino de haber seguido, m\u00e1s o menos servilmente, el ejemplo del creador? La fatalidad que fue suya, la reconocemos sin duda en nosotros: por algo hemos salido de las manos de un dios desdichado y malo, de un dios maldito.<br><br>Predestinados los unos a creer en un dios supremo, pero impotente; los otros, en un demiurgo; los otros, finalmente, en el demonio, no elegimos nuestras veneraciones ni nuestras blasfemias.<br><br>El demonio es el representante, el delegado del demiurgo, cuyos asuntos administra aqu\u00ed abajo. Pese al prestigio y al terror unidos a su nombre, no es m\u00e1s que un administrador, un \u00e1ngel degradado a una tarea baja, a la historia.<br><br>Muy otro es el alcance del demiurgo: \u00bfc\u00f3mo afrontar\u00edamos nuestras pruebas si \u00e9l estuviese ausente? Si estuvi\u00e9semos a su altura o fu\u00e9semos sencillamente un poco dignos de ellas, podr\u00edamos abstenernos de invocarle. Ante nuestras insuficiencias patentes, nos aferramos a \u00e9l, incluso le imploramos que exista: si se revelase como una ficci\u00f3n, \u00a1cu\u00e1l no ser\u00eda nuestra desdicha o nuestra verg\u00fcenza! \u00bfSobre qu\u00e9 otro descargarnos de nuestras lagunas, nuestras miserias, de nosotros mismos? Erigido por decreto nuestro en autor de nuestras carencias, nos sirve de excusa para todo lo que no hemos podido ser. Cuando adem\u00e1s le endosamos la responsabilidad de este universo fallido, saboreamos una cierta paz: no m\u00e1s incertidumbre sobre nuestros or\u00edgenes ni sobre nuestras perspectivas, sino la plena seguridad en lo insoluble, fuera de la pesadilla de la promesa. Su m\u00e9rito es, en verdad, inapreciable: nos dispensa incluso de nuestros remordimientos, puesto que ha tomado sobre \u00e9l hasta la <em>iniciativa<\/em> de nuestros fracasos.<br><br>Es m\u00e1s importante encontrar en la divinidad nuestros vicios que nuestras virtudes. Nos resignamos a nuestras cualidades, en tanto que nuestros defectos nos persiguen, nos trabajan. Poder proyectarlos en un dios susceptible de caer tan bajo como nosotros y que no est\u00e9 confinado en la soser\u00eda de los atributos com\u00fanmente admitidos, nos alivia y nos tranquiliza. El dios malo es el dios m\u00e1s <em>\u00fatil<\/em> que jam\u00e1s hubo. Si no lo tuvi\u00e9semos a mano, \u00bfa d\u00f3nde se encaminar\u00eda nuestra bilis? Toda forma de odio se dirige en \u00faltima instancia contra \u00e9l. Como todos creemos que nuestros m\u00e9ritos son desconocidos o pisoteados, \u00bfc\u00f3mo admitir que una iniquidad tan general sea obra del hombre tan s\u00f3lo? Debe remontarse m\u00e1s arriba y confundirse con alg\u00fan tejemaneje antiguo, con el acto mismo de la creaci\u00f3n. Sabemos, pues, con qui\u00e9n ten\u00e9rnoslas, a qui\u00e9n vilipendiar: nada nos halaga y nos sostiene tanto como poder situar la fuente de nuestra indignidad lo m\u00e1s lejos posible de nosotros.<br><br>En cuanto a dios propiamente dicho, bueno y d\u00e9bil, nos concertamos con \u00e9l cada vez que no hay en nosotros ni rastro de ning\u00fan mundo, en esos momentos que le postulan, que, fijos en \u00e9l de golpe, le suscitan, le <em>crean<\/em>, y durante los cuales remonta de nuestras profundidades para la mayor humillaci\u00f3n de nuestros sarcasmos. Dios es el luto de la iron\u00eda. Basta, empero, que \u00e9sta se refuerce, que se imponga de nuevo, para que nuestras relaciones con \u00e9l se agrien y se interrumpan. Nos sentimos entonces hartos de interrogarnos a su respecto, queremos expulsarle de nuestras preocupaciones y de nuestros furores, incluso de nuestro desprecio. Tantos le han infligido golpes antes de nosotros, que nos parece ocioso venir ahora a encarnizarnos en un cad\u00e1ver. Y, sin embargo, cuenta todav\u00eda para nosotros, aunque no sea m\u00e1s que por el pesar de no haberle abatido nosotros mismos.<br><br>Para evitar las dificultades propias del dualismo, se podr\u00eda concebir un mismo dios cuya historia transcurrir\u00eda en dos fases: en la primera, sabio, exang\u00fce, replegado sobre s\u00ed mismo, sin ninguna veleidad de manifestarse: un dios <em>dormido<\/em>, extenuado por su eternidad; en la segunda, emprendedor, fren\u00e9tico, cometiendo error tras error, se entregar\u00eda a una actividad condenable en sumo grado. Esta hip\u00f3tesis aparece a la reflexi\u00f3n como menos neta y menos ventajosa que la de los dos dioses rotundamente distintos. Pero si se encuentra que ni una ni otra dan cuenta de lo que vale este mundo, siempre se tendr\u00e1 el recurso de pensar, con algunos gn\u00f3sticos, que ha sido echado a suertes entre los \u00e1ngeles.<br><br>(Es lamentable, es degradante asimilar la divinidad a una persona. Nunca ser\u00e1 una idea ni un principio an\u00f3nimo para quien haya practicado los Testamentos. Veinte siglos de altercados no se olvidan de un d\u00eda para otro. Se inspire en Job o en San Pablo, nuestra vida religiosa es querella, desmesura, desabrimiento. Los ateos, que manejan tan gustosamente la invectiva, prueban a las claras que apuntan a <em>alguien<\/em>. Deber\u00edan estar menos orgullosos; su emancipaci\u00f3n no es tan completa como suponen: se hacen de Dios exactamente la misma idea que los creyentes.)<br><br>El creador es el absoluto del hombre exterior; el hombre interior, en revancha, considera la creaci\u00f3n como un detalle molesto, como un episodio in\u00fatil, enti\u00e9ndase nefasto. Toda experiencia religiosa profunda comienza donde acaba el reino del demiurgo. No tiene nada que hacer con \u00e9l, lo denuncia, es su negaci\u00f3n. En tanto que \u00e9l nos obsesiona, \u00e9l y el mundo, no hay medio de escapar de uno y de otro, para, en un \u00edmpetu de aniquilamiento, alcanzar lo no creado y disolvernos en ello.<br><br>A favor del \u00e9xtasis -cuyo objeto es un dios <em>sin<\/em> <em>atributos<\/em>, una <em>esencia<\/em> de dios- se eleva uno hacia una forma de apat\u00eda m\u00e1s pura que la del mismo dios supremo, y si uno se sumerge en lo divino, no por eso se deja de estar m\u00e1s all\u00e1 de toda forma de divinidad. \u00c9sa es la etapa final, el punto de llegada de la m\u00edstica, mientras que el punto de partida era la ruptura con el demiurgo, el reh\u00fase a confraternizar todav\u00eda con \u00e9l y a aplaudir su obra. Nadie se arrodilla ante \u00e9l; nadie le venera. Las \u00fanicas palabras que se le dirigen son s\u00faplicas invertidas; el \u00fanico modo de comunicaci\u00f3n entre una criatura y un creador igualmente ca\u00eddos.<br><br>Al infligir al dios oficial las funciones de padre, de creador y de gerente, se le expuso a ataques de resultas de los cuales deb\u00eda sucumbir. \u00a1Cu\u00e1l no hubiera sido su longevidad si se hubiese escuchado a un Marci\u00f3n, que de todos los heresiarcas es el que se ha erguido con m\u00e1s vigor contra el escamoteo del mal y que ha contribuido en el mayor grado a la gloria del dios malo por el odio que le ha profesado! No hay ejemplo de otra religi\u00f3n que, en sus comienzos, haya desperdiciado tantas ocasiones. Ser\u00edamos con toda seguridad muy diferentes si la era cristiana hubiera sido inaugurada por la execraci\u00f3n del creador, pues el permiso de abrumarle no hubiese dejado de aliviar nuestra carga y de volver as\u00ed menos opresores los dos \u00faltimos milenios. La Iglesia, al rehusar incriminarle y adoptar las doctrinas a las que no repugnaba hacerlo, iba a comprometerse en la astucia y la mentira. Por lo menos, tenemos el consuelo de constatar que lo m\u00e1s seductor que hay en su historia son sus enemigos \u00edntimos, todos los que ella ha combatido y rechazado y quienes, para salvaguardar el honor de Dios, recusaron, a riesgo del martirio, su condici\u00f3n de creador. Fan\u00e1ticos de la nada divina, de esa ausencia en que se complace la bondad suprema, conocen la dicha de odiar a tal dios y de amar a tal otro sin restricci\u00f3n, sin reservas mentales. Arrastrados por su fe, hubieran sido incapaces de descubrir la pizca de birlibirloque que entra hasta en el tormento m\u00e1s sincero. La noci\u00f3n de <em>pretexto<\/em> no hab\u00eda nacido todav\u00eda, ni tampoco esa tentaci\u00f3n, completamente moderna, de ocultar nuestras agon\u00edas tras alguna acrobacia teol\u00f3gica. Una cierta ambig\u00fcedad exist\u00eda empero en ellos: \u00bfqu\u00e9 eran esos gn\u00f3sticos y esos maniqueos de toda laya sino <em>perversos<\/em> de la pureza, obsesos del horror? El mal les atra\u00eda, les llenaba casi: sin \u00e9l, su existencia hubiera estado vacante. Le persegu\u00edan, no le dejaban ni un instante. Y si sosten\u00edan con tanta vehemencia que era <em>increado<\/em>, es porque deseaban en secreto que subsistiese por siempre jam\u00e1s, para poder gozar y ejercer, durante toda la eternidad, de sus virtudes combativas. Habiendo, por amor al Padre, reflexionado demasiado en el adversario, deb\u00edan acabar por comprender mejor la condenaci\u00f3n que la salvaci\u00f3n. Tal es la raz\u00f3n por la que hab\u00edan captado tan bien la esencia de este mundo. La Iglesia, tras haberles vomitado, \u00bfser\u00e1 acaso tan h\u00e1bil como para apropiarse de sus tesis, y tan caritativa como para prestigiar al creador, para excomulgarle finalmente? No podr\u00e1 renacer m\u00e1s que desterrando las herej\u00edas, m\u00e1s que anulando sus antiguos anatemas para pronunciar otros nuevos.<br><br>T\u00edmido, desprovisto de dinamismo, el bien es incapaz de comunicarse; el mal, atareado muy por el contrario, quiere transmitirse y lo logra, puesto que posee el doble privilegio de ser fascinante y contagioso. De este modo, se ve m\u00e1s f\u00e1cilmente extenderse y salir de s\u00ed a un dios malo que a uno bueno.<br><br>Esta incapacidad de permanecer en s\u00ed mismo, de la que el creador deb\u00eda hacer una demostraci\u00f3n tan irritante, la hemos heredado todos: <em>engendrar<\/em> es continuar de otra forma y a otra escala la empresa que lleva su nombre, es a\u00f1adir algo a su \u00abcreaci\u00f3n\u00bb por un deplorable remedo. Sin el impulso que \u00e9l ha dado, el deseo de alargar la cadena de los seres no existir\u00eda, ni tampoco esa necesidad de suscribirse a los tejemanejes de la carne. Todo alumbramiento es sospechoso; los \u00e1ngeles, felizmente, son incapaces de ello, pues la propagaci\u00f3n de la vida est\u00e1 reservada a los ca\u00eddos. La lepra es impaciente y \u00e1vida, gusta de expandirse. Es importante desaconsejar la generaci\u00f3n, pues el temor de ver a la humanidad extinguirse no tiene fundamento alguno: pase lo que pase, por todas partes habr\u00e1 los suficientes necios que no pedir\u00e1n m\u00e1s que perpetuarse y, si incluso ellos acabasen por zafarse, siempre se encontrar\u00e1, para sacrificarse, alguna pareja espeluznante.<br><br>No es tanto el apetito de vivir lo que se trata de combatir como el gusto por la \u00abdescendencia\u00bb. Los padres; los <em>progenitores<\/em>, son provocadores o locos. Que el \u00faltimo de los abortos tenga la facultad de dar la vida, de \u00abechar al mundo\u00bb\u2026, \u00bfexiste algo m\u00e1s desmoralizador? \u00bfC\u00f3mo pensar sin espanto o repulsi\u00f3n en ese prodigio que hace del primer venido un medio-demiurgo? Lo que deber\u00eda ser un don tan excepcional como el genio ha sido conferido indistintamente a todos: liberalidad de mala ley que descalifica para siempre a la naturaleza.<br><br>La exhortaci\u00f3n criminal del G\u00e9nesis: \u00abCreced y multiplicaos\u00bb, no ha podido salir de la boca del dios bueno. \u00abSed escasos\u00bb, hubiese debido sugerir m\u00e1s bien, si hubiese tenido voz en el cap\u00edtulo. Nunca tampoco hubiese podido a\u00f1adir las palabras funestas: \u00abY llenad la tierra\u00bb. Se deber\u00eda, antes de nada, borrarlas para lavar a la Biblia de la verg\u00fcenza de haberlas recogido.<br><br>La carne se extiende m\u00e1s y m\u00e1s como una gangrena por la superficie del globo. No sabe imponerse l\u00edmites, contin\u00faa haciendo estragos pese a sus reveses, toma sus derrotas por conquistas, nunca ha aprendido nada. Pertenece ante todo al reino del creador y es sin duda en ella donde \u00e9ste ha proyectado sus instintos malhechores. Normalmente, deber\u00eda aterrar menos a quienes la contemplan que a los mismos que la hacen durar y aseguran sus progresos. No es as\u00ed, pues no saben de qu\u00e9 aberraci\u00f3n son c\u00f3mplices. Las mujeres encintas ser\u00e1n un d\u00eda lapidadas, el instinto maternal proscrito, la esterilidad aclamada. Con raz\u00f3n en las sectas en que la fecundidad era mirada con recelo, entre los Bogomilos y los C\u00e1taros, se condenaba el matrimonio, instituci\u00f3n abominable que todas las sociedades protegen desde siempre, con gran desesperaci\u00f3n de los que no ceden al v\u00e9rtigo com\u00fan. Procrear es amar la plaga, es querer cultivarla y aumentarla. Ten\u00edan raz\u00f3n esos fil\u00f3sofos antiguos que asimilaban el Fuego al principio del universo y del deseo. Pues el deseo arde, devora, aniquila: juntamente agente y destructor de los seres, es sombr\u00edo e infernal por esencia.<br><br>Este mundo no fue creado alegremente. Sin embargo, se procrea con placer. S\u00ed, sin duda, pero el placer no es la alegr\u00eda, s\u00f3lo es su simulacro: su funci\u00f3n consiste en dar el cambiazo, en hacernos olvidar que la creaci\u00f3n lleva, hasta en su menor detalle, la marca de esa tristeza inicial de la que ha surgido. Necesariamente enga\u00f1oso, es \u00e9l tambi\u00e9n quien nos permite ejecutar cierto esfuerzo que en teor\u00eda reprobamos. Sin su concurso, la continencia, ganando terreno, seducir\u00eda incluso a las ratas. Pero es en la voluptuosidad cuando comprendemos hasta qu\u00e9 punto el placer es ilusorio. Por ella alcanza su cumbre, su m\u00e1ximo de intensidad, y es ah\u00ed, en el colmo de su \u00e9xito, cuando se abre s\u00fabitamente a su irrealidad, cuando se hunde en su propia nada. La voluptuosidad es el <em>desastre<\/em> del placer.<br><br>No se puede consentir que un dios, <em>ni siquiera un hombre<\/em>, proceda de una gimn\u00e1stica coronada por un gru\u00f1ido. Es extra\u00f1o que, tras un per\u00edodo de tiempo tan largo, la \u00abevoluci\u00f3n\u00bb no haya logrado agenciarse otra f\u00f3rmula. \u00bfPara qu\u00e9 iba a cansarse, por otro lado, cuando la ahora vigente funciona a pleno rendimiento y conviene a todo el mundo? Entend\u00e1monos: la vida misma no entra en disputa, es misteriosa y extenuante a placer; lo que no es el ejercicio en cuesti\u00f3n, de una inadmisible facilidad, <em>vistas sus consecuencias<\/em>. Cuando se sabe lo que el destino dispensa a cada cual, se queda uno pasmado ante la desproporci\u00f3n entre un momento de olvido y la suma prodigiosa de desgracias que resulta de ello. Cuanto m\u00e1s se vuelve sobre este tema, m\u00e1s se convence uno de que los \u00fanicos que han entendido algo son los que han optado por la org\u00eda o la asc\u00e9tica, los libertinos o los castrados.<br><br>Como procrear supone un desvar\u00edo sin nombre, cierto es que si nos volvi\u00e9semos sensatos, es decir, indiferentes a la suerte de la especie, s\u00f3lo guardar\u00edamos algunas muestras, como se conservan especimenes de animales en v\u00edas de desaparici\u00f3n. Cerremos el camino a la carne, intentemos paralizar su espantoso crecimiento. Asistimos a una verdadera epidemia de vida, a una proliferaci\u00f3n de rostros. \u00bfD\u00f3nde y c\u00f3mo seguir todav\u00eda frente a frente con Dios?<br><br>Nadie es sujeto continuamente de la obsesi\u00f3n del horror; sucede que nos apartamos de \u00e9l, que casi le olvidamos, sobre todo cuando contemplamos alg\u00fan paisaje del que nuestros semejantes est\u00e1n ausentes. En cuanto aparecen, se instala de nuevo en el esp\u00edritu. Si uno se inclinase a absolver al creador, a considerar este mundo como aceptable e incluso satisfactorio, a\u00fan habr\u00eda que hacer reservas sobre el hombre, ese punto negro de la creaci\u00f3n.<br><br>Nos es f\u00e1cil figurarnos que el demiurgo, convencido de la insuficiencia o de la nocividad de su obra, quiera un d\u00eda hacerla perecer e incluso se las arregle para desaparecer con ella. Pero tambi\u00e9n se puede concebir que desde un comienzo s\u00f3lo se atarea en destruirse y que el devenir se reduce al proceso de esa lenta autodestrucci\u00f3n. Proceso despacioso o jadeante, en las dos eventualidades se tratar\u00eda de una vuelta sobre s\u00ed mismo, de un examen de conciencia, cuyo desenlace ser\u00eda el rechazo de la creaci\u00f3n por su autor.<br><br>Lo que hay en nosotros de m\u00e1s anclado y de menos perceptible es el sentimiento de una quiebra esencial, secreto de todos, dioses incluidos. Y lo que es notable es que la mayor\u00eda est\u00e1 lejos de adivinar que experimenta ese sentimiento: Estamos por lo dem\u00e1s, merced a un favor especial de la naturaleza, destinados a no darnos cuenta de ello: la fuerza de un ser reside en su incapacidad de saber hasta qu\u00e9 punto est\u00e1 solo. Bendita ignorancia, gracias a la cual puede agitarse y actuar. \u00bfQu\u00e9 tiene por fin la revelaci\u00f3n de su secreto? Su impulso se rompe de inmediato, irremediablemente. Es lo que le ha sucedido al creador o lo que le suceder\u00e1, quiz\u00e1s.<br><br>Haber vivido siempre con la nostalgia de coincidir con algo, sin, a decir verdad, saber con qu\u00e9\u2026 Es f\u00e1cil pasar de la incredulidad a la creencia o inversamente. Pero \u00bfa qu\u00e9 convertirse y de qu\u00e9 abjurar, en medio de una lucidez cr\u00f3nica? Desprovista de sustancia, no ofrece ning\u00fan contenido del que se pueda renegar; est\u00e1 vac\u00eda y no se reniega del vac\u00edo: la lucidez es el equivalente negativo del \u00e9xtasis.<br><br>Quien no coincide con nada, tampoco coincidir\u00e1 consigo mismo; de aqu\u00ed provienen esas llamadas sin fe, esas convicciones vacilantes, esas fiebres privadas de fervor, ese desdoblamiento del que son v\u00edctimas nuestras ideas y hasta nuestros reflejos. El equ\u00edvoco, que regula todas nuestras relaciones con este mundo y con el otro, lo guardamos en primera instancia para nosotros mismos; despu\u00e9s lo hemos expandido a nuestro alrededor, a fin de que nadie escape, a fin de que ning\u00fan viviente sepa a qu\u00e9 atenerse. Ya no hay nada <em>claro<\/em> en ninguna parte: por nuestra culpa las mismas cosas se tambalean y se hunden en la perplejidad. Lo que nos har\u00eda falta es el don de imaginar la posibilidad de rezar, indispensable a cualquiera que aspira a su salvaci\u00f3n. El infierno es la oraci\u00f3n <em>inconcebible<\/em>.<br><br>La instauraci\u00f3n de un equ\u00edvoco universal es la proeza m\u00e1s calamitosa que hemos realizado y la que nos hace rivales del demiurgo.<br><br>No fuimos felices m\u00e1s que en las \u00e9pocas en que, \u00e1vidos de ocultamiento, acept\u00e1bamos nuestra nada con entusiasmo. El sentimiento religioso no emana de la constataci\u00f3n, sino del deseo de nuestra insignificancia, de la necesidad de revolcarnos en ella. Esta necesidad, inherente a nuestra naturaleza, \u00bfc\u00f3mo podr\u00e1 satisfacerse ahora que ya no podemos vivir a remolque de los dioses? En otros tiempos eran ellos los que nos abandonaban; hoy somos nosotros los que los abandonamos. Hemos vivido a su lado demasiado tiempo como para que hallen gracia a nuestros ojos; siempre a nuestro alcance, les o\u00edamos <em>rebullir<\/em>; nos acechaban, nos espiaban: no est\u00e1bamos ya en nuestra casa\u2026 Ahora bien, como la experiencia nos lo ense\u00f1a, no existe ser m\u00e1s odioso que el vecino. El hecho de saberle tan pr\u00f3ximo en el espacio nos impide respirar y hace igualmente impracticables nuestros d\u00edas y nuestras noches. En vano, hora tras hora, meditamos su ruina: ah\u00ed est\u00e1, atrozmente presente. Todos nuestros pensamientos nos invitan a suprimirle; cuando por fin nos decidimos, un sobresalto de cobard\u00eda nos encoge, justo antes del acto. De este modo somos asesinos en potencia de quienes viven en nuestros parajes; y por no poder serlo de hecho, nos recomemos y nos agriamos, indecisos y fracasados de la sangre.<br><br>Si, con los dioses, todo pareci\u00f3 m\u00e1s sencillo, es porque, siendo su indiscreci\u00f3n inmemorial, hab\u00eda que acabar con ella, costase lo que costase: \u00bfacaso no eran demasiado molestos para que fuese posible guardarles a\u00fan miramientos? As\u00ed se explica que, al clamor general contra ellos, ninguno de nosotros pod\u00eda dejar de mezclar su vocecita.<br><br>Cuando pensamos en esos compa\u00f1eros o enemigos varias veces milenarios, en todos los patrones de las sectas, de las religiones y de las mitolog\u00edas, el \u00fanico del que nos repugna separarnos es de ese demiurgo, al que nos apegan los males mismos de los que nos importa que sea la causa. En \u00e9l pensamos a prop\u00f3sito del menor acto de la vida y de la vida sin m\u00e1s. Cada vez que le consideramos, que escrutamos sus or\u00edgenes, nos maravilla y nos da miedo; es un milagro aterrador, que debe provenir de <em>\u00e9l<\/em>, dios especial, completamente aparte. De nada sirve sostener que no existe, cuando nuestros estupores cotidianos est\u00e1n ah\u00ed para exigir su realidad y proclamarla. \u00bfSe les opondr\u00e1 que ha existido quiz\u00e1, pero que ha muerto como los otros? No se dejar\u00e1n desanimar se atarear\u00e1n en resucitarlo y durar\u00e1 tan largo tiempo como nuestro asombro y nuestro miedo, como esta curiosidad indignada ante todo lo que es, ante todo lo que vive. Dir\u00e1n: \u00abTriunfad sobre el miedo, para que s\u00f3lo subsista vuestro asombro.\u00bb Pero para vencerle, para hacerle desaparecer, habr\u00eda que atacarle en su principio y demoler sus fundamentos, volver a edificar ni m\u00e1s ni menos que el mundo en su totalidad, cambiar alegremente de demiurgo, entregarse, en suma, a <em>otro<\/em> creador.<br><br><\/p><p>Los nuevos dioses<\/p><p>Quien se interesa por el desfile de las ideas y las creencias irreductibles deber\u00eda detenerse en el espect\u00e1culo que ofrecen los primeros siglos de nuestra era: hallar\u00eda en ellos el modelo mismo de todas las formas de conflicto que se encuentran, en una forma atenuada, en cualquier momento de la historia. Se comprende: es la \u00e9poca en que m\u00e1s se ha odiado. El m\u00e9rito corresponde a los cristianos, febriles, intratables, expertos de inmediato en el arte de detestar, mientras que los paganos no sab\u00edan manejar ya m\u00e1s que el desprecio. La agresividad es un rasgo com\u00fan a hombres y a dioses nuevos.<\/p><p><br>Si un monstruo de amenidad, que ignorase la aspereza, quisiera empero aprenderla, o saber por lo menos lo que vale, lo m\u00e1s simple ser\u00eda que leyese a algunos autores eclesi\u00e1sticos, comenzando por Tertuliano, el m\u00e1s brillante de todos, y acabando, pongamos, por San Gregorio Nacianzeno, bilioso y, sin embargo, ins\u00edpido, y cuyo discurso contra Juliano el Ap\u00f3stata le da a uno ganas de convertirse de inmediato al paganismo. Ninguna cualidad se le reconoce all\u00ed al emperador; con una satisfacci\u00f3n no disimulada se refuta su muerte heroica en la guerra contra los persas, en la que habr\u00eda sido muerto por \u00abun b\u00e1rbaro que cumpl\u00eda el oficio de buf\u00f3n y que segu\u00eda al ej\u00e9rcito para hacer olvidar a los soldados las fatigas de la guerra con sus salidas y agudezas\u00bb. Ninguna elegancia, ninguna preocupaci\u00f3n por parecer digno de tal adversario. Lo que es imperdonable en el caso del santo es que hab\u00eda conocido a Juliano en Atenas, cuando, siendo j\u00f3venes, frecuentaban las escuelas filos\u00f3ficas.<br><br>Nada m\u00e1s odioso que el tono de los que defienden una causa, aparentemente comprometida, pero triunfante de hecho, que no pueden contener su alegr\u00eda ante la idea de su triunfo ni impedirse convertir sus mismos espantos en otras tantas amenazas. Cuando Tertuliano, sard\u00f3nico y tembloroso, describe el Juicio Final, <em>el mayor de los espect\u00e1culos<\/em>, como \u00e9l lo llama, imagina la risa que le dar\u00e1 contemplar tantos monarcas y dioses \u00ablanzando espantosos gemidos en lo m\u00e1s profundo del abismo\u2026\u00bb. Esta insistencia en recordar a los paganos que estaban perdidos, junto con sus \u00eddolos, daba motivos para exasperarse a los esp\u00edritus m\u00e1s moderados. Serie de libelos camuflados de tratados, la apolog\u00e9tica cristiana representa el s\u00fammum del g\u00e9nero bilioso.<br><br>S\u00f3lo se puede respirar a la sombra de divinidades gastadas. Cuanto m\u00e1s se persuade uno de ello, m\u00e1s se repite uno con terror que si se hubiera vivido en el momento en que el cristianismo ascend\u00eda, quiz\u00e1 hubiese sufrido uno su fascinaci\u00f3n. El comienzo de una religi\u00f3n (como los comienzos de cualquier cosa) son siempre sospechosos. S\u00f3lo ellos, empero, poseen alguna realidad, s\u00f3lo ellos son <em>verdaderos<\/em>; verdaderos y abominables. No se asiste impunemente a la instauraci\u00f3n de un dios, sea cual sea y surja donde surja. Este inconveniente no es reciente: Prometeo lo se\u00f1alaba ya, \u00e9l, que era v\u00edctima de Zeus y de la nueva pandilla del Olimpo.<br><br>Mucho m\u00e1s que la perspectiva de la salvaci\u00f3n, era el furor contra el mundo antiguo lo que arrastraba a los cristianos en un mismo \u00edmpetu de destrucci\u00f3n. Como en su mayor parte ven\u00edan de fuera, se explica su desenfreno contra Roma. Pero \u00bfen qu\u00e9 clase de frenes\u00ed pod\u00eda participar el ind\u00edgena, cuando se convert\u00eda? Peor provisto que los otros, no dispon\u00eda m\u00e1s que de un solo recurso: odiarse a s\u00ed mismo. Sin esta desviaci\u00f3n del odio, ins\u00f3lita en un comienzo, contagiosa despu\u00e9s, el cristianismo se hubiera quedado en una simple secta, limitada a una clientela extranjera, la \u00fanica capaz, a decir verdad, de cambiar los antiguos dioses por un cad\u00e1ver clavado. Que el que quiera saber c\u00f3mo habr\u00eda reaccionado frente a la mudanza de Constantino, se ponga en el lugar de un defensor de la tradici\u00f3n, de un pagano orgulloso de serlo: \u00bfc\u00f3mo consentir la cruz, c\u00f3mo tolerar que en los estandartes romanos figure el s\u00edmbolo de una muerte deshonrosa? Sin embargo, se resignaron y esta resignaci\u00f3n, que pronto iba a hacerse general, nos es dif\u00edcil imaginar el conjunto de derrotas interiores de las que es resultado. Si, en el orden moral, se la puede concebir como la culminaci\u00f3n de una crisis y concederle de este modo el estatuto o la excusa de una conversi\u00f3n, aparece como una traici\u00f3n en cuanto no se la mira m\u00e1s que desde el \u00e1ngulo pol\u00edtico. Abandonar a los dioses que hicieron a Roma era abandonar a la misma Roma, para aliarse a esa \u00abnueva raza de hombres nacidos ayer, sin patria ni tradiciones, conjurados contra todas las instituciones religiosas y civiles, perseguidos por la justicia, universalmente marcados por la infamia, pero glori\u00e1ndose de la execraci\u00f3n com\u00fan\u00bb. La diatriba de Celso es del 178. Con casi dos siglos de intervalo, Juliano deb\u00eda escribir por su parte: \u00abSi se ha visto bajo el reinado de Tiberio o de Claudio a un solo esp\u00edritu distinguido convertirse al cristianismo, consideradme como el mayor de los impostores.\u00bb<br><br>La \u00abnueva raza de hombres\u00bb iba a tener que trajinar mucho antes de conquistar a los refinados. \u00bfC\u00f3mo fiarse de esos desconocidos, venidos de los bajos fondos, y todos cuyos gestos invitaban al desprecio? Precisamente eso: \u00bfpor qu\u00e9 medio aceptar el dios de los que se desprecia y que para colmo era de fabricaci\u00f3n reciente? S\u00f3lo la antig\u00fcedad garantizaba la validez de los dioses, se les toleraba a todos, a condici\u00f3n de que no fuesen de fecha reciente. Lo que se encontraba de particularmente fastidioso en este caso era la absoluta novedad del Hijo: un contempor\u00e1neo, un arribista\u2026 Era \u00e9l, personaje repelente, que ning\u00fan <em>sabio<\/em> hab\u00eda previsto ni prefigurado, el que m\u00e1s \u00abchocaba\u00bb. Su aparici\u00f3n fue un esc\u00e1ndalo al que se tard\u00f3 cuatro siglos en habituarse. Como el Padre, un viejo conocido, estaba <em>admitido<\/em>, los cristianos, por razones t\u00e1cticas, se replegaron sobre \u00e9l y de \u00e9l se reclamaron: \u00bfacaso los libros que le celebraban, y de los que los Evangelios perpetuaban el esp\u00edritu, no eran, seg\u00fan Tertuliano, anteriores en varios siglos a los templos, a los or\u00e1culos y a los dioses paganos? El apologista, ya lanzado, llega a sostener que Mois\u00e9s precede en varios milenios a la ruina de Troya. Tales divagaciones estaban destinadas a combatir el efecto que pod\u00edan suscitar observaciones como \u00e9sta de Celso: \u00abDespu\u00e9s de todo, los jud\u00edos, hace ya muchos siglos, se han constituido en un cuerpo de naci\u00f3n, han establecido leyes a su usanza, que guardan todav\u00eda hoy. La religi\u00f3n que observan, valga lo que valga y se diga lo que se quiera, es la religi\u00f3n de sus mayores. Permaneciendo fieles a ella, no hacen nada que no hagan tambi\u00e9n los otros hombres que guardan cada uno las costumbres de su pa\u00eds.\u00bb<br><br>Ceder al prejuicio de la antig\u00fcedad, era reconocer impl\u00edcitamente como los \u00fanicos leg\u00edtimos a los dioses ind\u00edgenas. Los cristianos estaban gustosamente dispuestos por c\u00e1lculo a inclinarse ante ese prejuicio como tal, pero no pod\u00edan sin destruirse ir m\u00e1s lejos y adoptarlo \u00edntegramente, con todas sus consecuencias. Para un Or\u00edgenes, los dioses \u00e9tnicos eran \u00eddolos, supervivencias del polite\u00edsmo; San Pablo los hab\u00eda rebajado ya al rango de demonios. El juda\u00edsmo los ten\u00eda a todos por mentirosos, salvo uno, el suyo. \u00abSu \u00fanico error -dijo Juliano de los jud\u00edos- es que al buscar satisfacer a su dios, no sirven al mismo tiempo a los otros.\u00bb Sin embargo, les alaba por su repugnancia a seguir la moda en materia de religi\u00f3n. \u00abHuyo de la innovaci\u00f3n en todas las cosas y particularmente en lo tocante a los dioses\u00bb, confesi\u00f3n que le ha desacreditado y de la que se valen para tildarle de \u00abreaccionario\u00bb. Pero \u00bfqu\u00e9 progreso, cabe preguntarse, representa el cristianismo respecto al paganismo? No hay \u00absalto cualitativo\u00bb de un dios a otro, ni de una civilizaci\u00f3n a otra. Como tampoco de un lenguaje a otro lenguaje. \u00bfQui\u00e9n osar\u00eda proclamar la superioridad de los escritores cristianos sobre los paganos? Incluso de los profetas, aunque de otro aliento y otro estilo que los Padres de la Iglesia, todo un San Jer\u00f3nimo nos conf\u00eda la aversi\u00f3n que sent\u00eda a leerlos, tras haber vuelto de nuevo a Cicer\u00f3n o Plauto. El \u00abprogreso\u00bb en aquella \u00e9poca se encarnaba en aquellos padres ilegibles: \u00bfacaso apartarse de ellos era pasarse a la \u00abreacci\u00f3n\u00bb? Juliano ten\u00eda toda la raz\u00f3n del mundo en preferir a Homero, Tuc\u00eddides o Plat\u00f3n. El edicto por el que prohib\u00eda a los profesores cristianos explicar a los autores griegos ha sido vivamente criticado, no s\u00f3lo por sus adversarios, sino tambi\u00e9n por sus admiradores de todas las \u00e9pocas. Sin querer justificarle, no puede uno por menos de comprenderle. Ten\u00eda a fan\u00e1ticos frente a \u00e9l; para hacerse respetar le hac\u00eda falta de vez en cuando exagerar como ellos, propinarles alguna locura, sin la cual le habr\u00edan desde\u00f1ado y tomado por un aficionado. Exigi\u00f3, pues a esos \u00abense\u00f1antes\u00bb imitar a los escritores que explicaban y compartir sus opiniones sobre los dioses. \u00abPero si creen que esos autores se han equivocado en el punto m\u00e1s importante, \u00a1que se vayan a las iglesias de los galileos a comentar a Mateo y Lucas!\u00bb<br><br>A ojos de los antiguos, cuantos m\u00e1s dioses se reconocen, mejor se sirve a la Divinidad, de la que no son m\u00e1s que aspectos, rostros. Querer limitar su n\u00famero era una impiedad; suprimirlos todos en provecho de uno solo, un crimen. Es de ese crimen del que se hicieron culpables los cristianos. No cab\u00eda ya contra ellos la iron\u00eda: el mal que propagaban hab\u00eda ganado demasiado terreno. De la imposibilidad de tratarlos con desenvoltura proven\u00eda toda la acritud de Juliano.<br><br>El polite\u00edsmo corresponde mejor a la diversidad de nuestras tendencias y de nuestros impulsos, a los que ofrece la posibilidad de ejercerse, de manifestarse, cada una de ellas libre para tender, seg\u00fan su naturaleza, hacia el dios que le conviene en ese momento. Pero \u00bfqu\u00e9 emprender con un solo dios?, \u00bfc\u00f3mo afrontarle, c\u00f3mo <em>utilizarle<\/em>? Estando \u00e9l presente, se vive siempre <em>bajo presi\u00f3n<\/em>. El monote\u00edsmo comprime nuestra sensibilidad: nos ahonda estruj\u00e1ndonos; sistema de represiones que nos confiere una dimensi\u00f3n interior en detrimento de la expansi\u00f3n de nuestras fuerzas, constituye una barrera, detiene nuestro desarrollo, nos estropea. \u00c9ramos con certeza m\u00e1s <em>normales<\/em> con varios dioses que lo somos con uno solo. Si la <em>salud<\/em> es un criterio, \u00a1qu\u00e9 retroceso supone el monote\u00edsmo!<br><br>Bajo el r\u00e9gimen de varios dioses, el fervor se reparte; cuando se dirige a uno solo, se concentra y exaspera, y acaba por convertirse en agresividad, en <em>fe<\/em>. La energ\u00eda no est\u00e1 ya dispersa, se dirige toda en una misma direcci\u00f3n. Lo que era notable en el paganismo es que no se hac\u00eda una distinci\u00f3n radical entre creer y no creer, entre tener o no tener fe. La fe, por otro lado, es una invenci\u00f3n cristiana; supone un mismo desequilibrio en el hombre y en Dios, arrastrado por un di\u00e1logo tan dram\u00e1tico como delirante. De aqu\u00ed el car\u00e1cter demencial de la nueva religi\u00f3n. La antigua, mucho m\u00e1s <em>humana<\/em>, te dejaba la facultad de elegir el dios que quisieras; como no te impon\u00eda ninguno, era a ti a quien tocaba inclinarse por \u00e9ste o por aqu\u00e9l. Cuanto m\u00e1s caprichoso se era, m\u00e1s necesidad se ten\u00eda de cambiar, de pasar de uno a otro, estando bien seguro de hallar el medio de amarlos a todos en el curso de una existencia. Eran por a\u00f1adidura modestos, no exig\u00edan m\u00e1s que el respeto: se les saludaba, pero no se arrodillaba uno ante ellos. Conven\u00edan idealmente a aquel cuyas contradicciones no estaban resueltas ni pod\u00edan estarlo, al esp\u00edritu zarandeado e inapacible: \u00a1qu\u00e9 suerte ten\u00eda, en su zozobra itinerante, al poder <em>probarlos<\/em> todos y estar casi seguro de dar con \u00e9se precisamente que m\u00e1s necesitaba en lo inmediato! Tras el triunfo del cristianismo, la libertad de evolucionar entre ellos y elegir uno a su gusto, se hizo inconcebible. Su cohabitaci\u00f3n, su admirable promiscuidad hab\u00eda acabado. Tal esteta, fatigado del paganismo, pero todav\u00eda no asqueado, \u00bfse hubiera adherido a la nueva religi\u00f3n si hubiera adivinado que iba a extenderse durante tantos siglos?, \u00bfhubiera trocado la fantas\u00eda propia del r\u00e9gimen de los \u00eddolos intercambiables por un culto cuyo dios deb\u00eda gozar de una longevidad tan aterradora?<br><br>Aparentemente, el hombre se ha proporcionado dioses por necesidad de estar protegido, resguardado; en realidad, por avidez de sufrir. Mientras cre\u00eda que hab\u00eda multitud de ellos se concedi\u00f3 cierta libertad de juego, alguna escapatoria; limit\u00e1ndose despu\u00e9s a uno solo, se infligi\u00f3 un suplemento de coerciones y torturas. No es m\u00e1s que un animal que se odia y se ama hasta el vicio, que pod\u00eda ofrecerse el lujo de un avasallamiento tan pesado. \u00a1Qu\u00e9 crueldad con nosotros mismos ligarnos al Gran Espectro y unir nuestra suerte a la suya! <em>El dios \u00fanico<\/em> torna irrespirable la vida.<br><br>El cristianismo se ha servido del rigor jur\u00eddico de los romanos y de la acrobacia filos\u00f3fica de los griegos, no para liberar al esp\u00edritu, sino para encadenarlo. Al encadenarlo le ha obligado a ahondarse, a bajar a s\u00ed mismo. Los dogmas le aprisionan, le fijan l\u00edmites exteriores que no debe rebasar a ning\u00fan precio; al mismo tiempo, le dejan libre para que recorra su universo privado, para explorar sus propios v\u00e9rtigos, y, a fin de escapar de la tiran\u00eda de las certezas doctrinales, para buscar el ser -o su equivalente negativo- en el punto extremo de toda sensaci\u00f3n. Aventura del esp\u00edritu amarrado, el \u00e9xtasis es necesariamente m\u00e1s frecuente en una religi\u00f3n autoritaria que en una religi\u00f3n liberal; es porque, en tal caso, es un salto hacia la intimidad, un recurrir a las profundidades, la <em>huida hacia uno mismo<\/em>.<br><br>No habiendo tenido, durante tan largo tiempo, otro refugio que Dios, nos hemos sumergido tan hondo en \u00e9l como en nosotros mismos (este buceo representa la \u00fanica haza\u00f1a real que hemos llevado a cabo en los \u00faltimos dos mil a\u00f1os), hemos sondeado sus abismos y los nuestros, derruyendo sus secretos uno a uno, tras extenuar y comprometer sus sustancias por la doble agresi\u00f3n del saber y de la oraci\u00f3n. Los antiguos no fatigaban demasiado a sus dioses: ten\u00edan sobrada elegancia para azuzarles o convertirles en objetos de estudio. Como el paso funesto de la mitolog\u00eda a la teolog\u00eda no hab\u00eda sido dado todav\u00eda, ignoraban esa tensi\u00f3n perpetua, presente tanto en los acentos de los grandes sin\u00f3nimos de lo impracticable, y sentimos que est\u00e1 f\u00edsicamente cortado el contacto que nos une a \u00e9l, el remedio no reside ni en la fe ni en la negaci\u00f3n de la fe (expresiones una y otra de una misma mutilaci\u00f3n), sino en el diletantismo pagano, o m\u00e1s exactamente en la <em>idea<\/em> que nos hacemos de \u00e9l.<br><br>El m\u00e1s grave de los inconvenientes que encuentra el cristiano es no poder servir <em>conscientemente<\/em> m\u00e1s que a un solo dios, aunque tenga la opci\u00f3n, en la pr\u00e1ctica, de enfeudarse a muchos (\u00a1el culto de los santos!). Enfeudamiento saludable que ha permitido al polite\u00edsmo prolongarse pese a todo indirectamente. Sin lo cual, un cristianismo demasiado puro no habr\u00eda dejado de instaurar una esquizofrenia universal. Cualquier dios, cuando responde a exigencias inmediatas, apremiantes, de nuestra parte, representa para nosotros un aumento de vitalidad, un \u00ablatigazo\u00bb; no sucede lo mismo si nos es impuesto o si no corresponde a ninguna necesidad. El fallo del paganismo fue haber aceptado y acumulado demasiados: muri\u00f3 de generosidad y exceso de comprensi\u00f3n, muri\u00f3 de falta de instinto.<br><br>Si para sobreponerse al yo, esa lepra, no apuesta uno m\u00e1s que a las apariencias, es imposible no deplorar el desvanecimiento de una religi\u00f3n sin dramas, sin crisis de conciencia, sin incitaci\u00f3n al remordimiento, igualmente superficial en sus principios y en sus pr\u00e1cticas. En la antig\u00fcedad, lo profundo era la filosof\u00eda y no la religi\u00f3n; en la edad moderna, s\u00f3lo el cristianismo fue la causa de la \u00abprofundidad\u00bb y los desgarramientos de todas clases que le son inherentes.<br><br>Son las \u00e9pocas sin una fe precisa (como la \u00e9poca helenista o la nuestra) las que se atarean en clasificar a los dioses, rehus\u00e1ndose a dividirlos en verdaderos y falsos. La idea de que puedan equivalerse todos es, por el contrario, inadmisible en los momentos en que domina el fervor. No podr\u00eda dirigirse la oraci\u00f3n a un dios <em>probablemente<\/em> verdadero. No se rebaja a las sutilezas ni tolera la graduaci\u00f3n dentro de lo supremo: incluso cuando duda, lo hace en nombre de la verdad. <em>No se implora a un matiz<\/em>. Todo esto s\u00f3lo es exacto desde la calamidad monote\u00edsta. Para la piedad pagana, las cosas funcionaban de otra manera. En el <em>Octavius<\/em>, de Minucio F\u00e9lix, el autor, antes de defender la posici\u00f3n cristiana, hace decir a Cecilio, representante del paganismo: \u00abQueremos adorar a los dioses nacionales: en Eleusis, a Ceros; en Frigia, a Cibeles; en Epidauro, a Esculapio; en Caldea, a Belos; en Siria, a Astart\u00e9; en Ta\u00faride, a Diana; a Mercurio entre los galos y en Roma a todos esos dioses reunidos.\u00bb Y a\u00f1ade, respecto al dios cristiano, el \u00fanico que no es aceptado: \u00ab\u00bfDe d\u00f3nde viene este dios \u00fanico, solitario, abandonado, al que no conoce ninguna naci\u00f3n libre, ning\u00fan reino\u2026?\u00bb<br><br>Seg\u00fan una vieja prescripci\u00f3n romana, nadie deb\u00eda adorar particularmente a dioses nuevos o extranjeros, si no hab\u00edan sido admitidos por el Estado, m\u00e1s precisamente por el Senado, el \u00fanico habilitado para decidir cu\u00e1les merec\u00edan ser adoptados o rechazados. El dios cristiano, surgido en la periferia del Imperio, llegado a Roma por medios inconfesables iba a vengarse contundentemente de haber sido obligado a entrar en \u00e9l fraudulentamente.<br><br>No se destruye una civilizaci\u00f3n m\u00e1s que cuando se destruyen sus dioses. Los cristianos, no atrevi\u00e9ndose a atacar al Imperio de frente, la tomaron con su religi\u00f3n. No se dejaron perseguir m\u00e1s que para poder fulminarla mejor, para satisfacer su irreprimible apetito de execrar. \u00a1Qu\u00e9 desdichados hubiesen sido si no se les hubiese juzgado dignos de ser promovidos al rango de v\u00edctimas. Todo en el paganismo, hasta la tolerancia, les exasperaba. Fuertes en sus certezas, no pod\u00edan comprender que alguien se resignase, como los paganos, a lo probable, ni que se ejerciese un culto cuyos sacerdotes, simples magistrados degradados a las pantomimas del ritual, no impusiesen a nadie la carga de la <em>sinceridad<\/em>.<br><br>Cuando se repite uno que la vida no es soportable m\u00e1s que si se puede cambiar de dioses y que el monote\u00edsmo contiene en germen todas las formas de tiran\u00eda, deja uno de apiadarse de la esclavitud antigua. M\u00e1s val\u00eda ser esclavo y poder adorar la deidad que se quisiera, que ser \u00ablibre\u00bb y no tener ante s\u00ed m\u00e1s que una sola e id\u00e9ntica variedad de lo divino. La libertad es el derecho a la <em>diferencia<\/em>; siendo pluralidad, postula la dispersi\u00f3n de lo absoluto, su solventaci\u00f3n en un polvo de verdades, igualmente justificadas y provisionales. Hay en la democracia liberal un polite\u00edsmo subyacente (o inconsciente, si se prefiere); inversamente, todo r\u00e9gimen autoritario participa de un monote\u00edsmo disfrazado. Curiosos efectos de la l\u00f3gica monote\u00edsta: un pagano, en cuanto se hac\u00eda cristiano, ca\u00eda en la intolerancia. \u00a1Mejor hundirse con una masa de dioses acomodaticios que prosperar a la sombra de un d\u00e9spota! En una \u00e9poca en que, a falta de conflictos religiosos, asistimos a los conflictos ideol\u00f3gicos, la cuesti\u00f3n que se nos plantea es la misma que obsesion\u00f3 a la antig\u00fcedad feneciente: \u00ab\u00bfC\u00f3mo renunciar a tantos dioses por uno solo?\u00bb -con el correctivo, empero, de que el sacrificio que se nos pide se plantea m\u00e1s bajo, al nivel de las opiniones y no ya de los dioses. En cuanto una divinidad o una doctrina pretenden la supremac\u00eda, la libertad est\u00e1 amenazada. Si se ve en la tolerancia el valor supremo, todo lo que atente contra ella debe ser considerado como un crimen, empezando por esas empresas de conversi\u00f3n en las que la Iglesia permanece inigualada. Y si ha exagerado la gravedad de las persecuciones de las que fue objeto y aumentado rid\u00edculamente el n\u00famero de los m\u00e1rtires, es porque, como ha sido una fuerza opresiva durante tanto tiempo, ten\u00eda necesidad de cubrir sus fechor\u00edas con nobles pretextos: dejar impunes las doctrinas perniciosas, \u00bfno era acaso una traici\u00f3n respecto a aquellos que se sacrificaron por ella? As\u00ed, pues, es por esp\u00edritu de fidelidad por lo que proced\u00eda a la aniquilaci\u00f3n de los \u00abdesviados\u00bb y as\u00ed pudo, tras haber sido perseguida durante cuatro siglos, ser perseguidora durante catorce. Tal es el secreto, el <em>milagro<\/em> de su perennidad. Nunca unos m\u00e1rtires fueron vengados con tanto sistema y encarnizamiento.<br><br>Como el advenimiento del cristianismo hubiese coincidido con el del Imperio, algunos Padres (Eusebio, entre otros) sostuvieron que esta coincidencia ten\u00eda un sentido profundo: un Dios, un Emperador. En realidad, fue la abolici\u00f3n de las barreras nacionales, la posibilidad de circular a trav\u00e9s de un vasto Estado sin fronteras, lo que permiti\u00f3 al cristianismo infiltrarse y hacer estragos. Sin esta facilidad para extenderse, se hubiera quedado en ser una simple disidencia en el seno del juda\u00edsmo, en lugar de convertirse en una religi\u00f3n invasora y, lo que es m\u00e1s enojoso, en una religi\u00f3n de propaganda. Todo le vino bien para reclutar, para afirmarse y extenderse, hasta esos funerales diurnos, cuyo aparato era una verdadera ofensa tanto para los paganos como para los dioses ol\u00edmpicos. Juliano observa que, seg\u00fan los legisladores de anta\u00f1o, \u00aben vista de que la vida y la muerte difieren en todo, los actos relativos a una y otra deben ser cumplidos separadamente\u00bb. Los cristianos, en su proselitismo desenfrenado, no estaban dispuestos a hacer esta disyunci\u00f3n: conoc\u00edan bien la utilidad del cad\u00e1ver, el provecho que se pod\u00eda sacar de \u00e9l. El paganismo no ha escamoteado la muerte, pero se ha guardado mucho de exhibirla. Uno de sus principios fundamentales es que no se concilia con el pleno d\u00eda, que es un insulto a la luz; depend\u00eda de la noche y de los dioses infernales. Los galileos lo han llenado todo de sepulcros, dec\u00eda Juliano, que nunca llama a Jes\u00fas de otro modo que el \u00abmuerto\u00bb. Para los paganos dignos de ese nombre, la nueva superstici\u00f3n no pod\u00eda sino parecer una explotaci\u00f3n y un lucimiento de lo macabro. Por esto, deb\u00edan deplorar tanto m\u00e1s los progresos que hac\u00eda en todos los medios. Lo que Celso no pudo conocer, pero que Juliano conoc\u00eda perfectamente, fueron los vacilantes del cristianismo, los que, incapaces de suscribirlo enteramente, se esforzaban, empero, en seguirlo, temiendo que, si se apartaban de \u00e9l, se les excluyese del \u00abfuturo\u00bb. Sea por oportunismo, sea por miedo a la soledad, quer\u00edan marchar al lado de los hombres \u00abnacidos ayer\u00bb, pero llamados a desempe\u00f1ar pronto el papel de amos, de verdugos.<br><br>Por leg\u00edtima que haya sido su pasi\u00f3n por los dioses difuntos, Juliano no ten\u00eda oportunidad alguna de resucitarlos. En lugar de ocuparse en ella in\u00fatilmente, habr\u00eda hecho mejor en aliarse por rabia con los maniqueos y zapar con ellos a la Iglesia. As\u00ed, sacrificando su ideal, hubiera al menos satisfecho su rencor. \u00bfQu\u00e9 otra carta que la de la venganza le quedaba todav\u00eda por jugar? Una magn\u00edfica carrera de demoledor se abr\u00eda ante \u00e9l y quiz\u00e1 se hubiese adentrado en ella de no haber estado obnubilado por la nostalgia del Olimpo. No se libran batallas en nombre de una nostalgia. Muri\u00f3 joven, es cierto: apenas dos a\u00f1os de reinado; si hubiera tenido diez o veinte ante \u00e9l, \u00a1qu\u00e9 gran servicio nos habr\u00eda hecho! Sin duda no hubiese ahogado al cristianismo, pero le habr\u00eda obligado a una mayor modestia. Ser\u00edamos menos vulnerables, pues no habr\u00edamos vivido como si fu\u00e9semos el centro del universo, como si todo, <em>incluso Dios<\/em>, girase en torno a nosotros. La Encarnaci\u00f3n es el halago m\u00e1s peligroso del que hemos sido objeto. Nos ha dispensado un estatuto desmesurado, desproporcionado con lo que somos. Alzando la an\u00e9cdota humana a la dignidad de drama c\u00f3smico, el cristianismo nos ha enga\u00f1ado sobre nuestra insignificancia, nos ha precipitado en la ilusi\u00f3n, en ese optimismo m\u00f3rbido que, a despecho de la evidencia, confunde andadura con apoteosis. M\u00e1s reflexiva, la antig\u00fcedad pagana pon\u00eda al hombre en su sitio. Cuando T\u00e1cito se pregunta si los acontecimientos son regidos por leyes eternas o si se desarrollan al azar, a decir verdad no responde, deja la cuesti\u00f3n indecisa, y esta indecisi\u00f3n expresa bien el sentido general de los antiguos. M\u00e1s que nadie, el historiador, confrontado con esa mezcla de constantes y aberraciones de que se compone el proceso hist\u00f3rico, se ve necesariamente llevado a oscilar entre el determinismo y la contingencia, las leyes y el capricho, la F\u00edsica y la Fortuna. No hay desdicha que no podamos referir, seg\u00fan gustemos, sea a una distracci\u00f3n de la providencia, sea a la indiferencia del azar, sea finalmente a la inflexibilidad del destino. Esta trinidad, de un uso tan c\u00f3modo para cualquiera, sobre todo para un esp\u00edritu desenga\u00f1ado, es lo m\u00e1s consolador que nos propone la filosof\u00eda pagana. Los modernos sienten repugnancia en recurrir a ella, como les repugna no menos esa idea, espec\u00edficamente antigua, seg\u00fan la cual los bienes y los males representan una suma invariable, que no puede sufrir modificaci\u00f3n alguna. Con nuestra obsesi\u00f3n del progreso y de la regresi\u00f3n, admitimos impl\u00edcitamente que el mal cambia, sea que disminuya o que aumente. La identidad del mundo consigo mismo, la idea de que est\u00e1 condenado a ser lo que es, que el futuro no a\u00f1adir\u00e1 nada esencial a los datos existentes, esta hermosa idea no tiene ya vigencia; es que precisamente <em>el futuro<\/em>, objeto de esperanza o de horror, es nuestro verdadero <em>lugar<\/em>; vivimos en \u00e9l, lo es <em>todo<\/em> para nosotros. La obsesi\u00f3n por el acontecimiento, que es de esencia cristiana, reduciendo el tiempo al concepto de lo inminente y de lo posible, nos hace ineptos para concebir un instante inmutable, que repone en s\u00ed mismo, sustra\u00eddo al azote de la sucesi\u00f3n. Incluso desprovista del menor contenido, la <em>espera<\/em> es un vac\u00edo que nos llena, una ansiedad que nos tranquiliza, mientras permanecemos incapaces de la visi\u00f3n ext\u00e1tica. \u00abNo hay necesidad de que Dios corrija su obra\u00bb -esta opini\u00f3n de Celso, que es la de toda una civilizaci\u00f3n, va contra nuestras inclinaciones, contra nuestros instintos, contra nuestro ser mismo. No podemos ratificarla m\u00e1s que en un momento ins\u00f3lito, en un <em>acceso<\/em> de sabidur\u00eda. Va incluso en contra de lo que piensa el creyente, pues lo que se reprocha a Dios en los medios religiosos m\u00e1s que en ning\u00fan otro sitio es su buena conciencia, su indiferencia a la calidad de su obra y su negativa a atenuar sus anomal\u00edas. Nos hace falta <em>futuro<\/em> a todo precio. La creencia en el Juicio Final ha creado las condiciones psicol\u00f3gicas de la creencia en el <em>sentido<\/em> de la historia; a\u00fan mejor: toda la filosof\u00eda de la historia no es m\u00e1s que un subproducto de la idea del Juicio Final. En vano nos inclinamos hacia tal o cual teor\u00eda c\u00edclica, no se trata por nuestra parte m\u00e1s que de una adhesi\u00f3n abstracta; nos comportamos de hecho como si la historia siguiese un desarrollo lineal, como si las diversas civilizaciones que en ella se suceden no fuesen m\u00e1s que etapas que recorre, para manifestarse y cumplirse, alg\u00fan gran designio, cuyo nombre var\u00eda seg\u00fan nuestras creencias o nuestras ideolog\u00edas.<br><br>\u00bfHay mejor prueba de la deficiencia de nuestra fe que el que no haya para nosotros ya dioses falsos? No hay modo de entender c\u00f3mo, para un creyente, el dios al que reza y otro dios completamente diferente pueden ser igualmente leg\u00edtimos. La fe es exclusi\u00f3n, desaf\u00edo. Porque no puede ya detestar a las otras religiones, porque las <em>comprende<\/em>, es por lo que el cristianismo est\u00e1 acabado; la vitalidad de la que procede la intolerancia le falta cada vez m\u00e1s. Ahora bien, la intolerancia era su raz\u00f3n de ser. Para su desdicha, ha dejado de ser monstruoso. Tal como el polite\u00edsmo declinante, est\u00e1 aquejado y paralizado por una excesiva amplitud de miras. Su dios no tiene m\u00e1s prestigio para nosotros del que ten\u00eda J\u00fapiter para los paganos despechados.<br><br>\u00bfA qu\u00e9 se reduce todo el parloteo en torno a la \u00abmuerte de Dios\u00bb sino a un certificado de defunci\u00f3n del cristianismo? Por no atreverse a atacar abiertamente a la religi\u00f3n, la toman con el patr\u00f3n, al que se reprocha ser inactual, t\u00edmido, moderado. A un dios que ha dilapidado su capital de crueldad, nadie le teme ni le respeta. Estamos marcados por todos esos siglos en los que creer en \u00e9l era temerle, en que nuestro espanto le imaginaba a la vez compasivo y sin escr\u00fapulos. \u00bfA qui\u00e9n intimidar\u00eda ahora, cuando los creyentes mismos sienten que est\u00e1 superado, que no se le puede compaginar con el presente y a\u00fan menos con el futuro? Y lo mismo que el paganismo debi\u00f3 ceder ante el cristianismo, igualmente este \u00faltimo deber\u00e1 plegarse ante alguna nueva creencia; desprovisto de agresividad, no constituye ya un obst\u00e1culo a la irrupci\u00f3n de otros dioses; no tienen m\u00e1s que surgir, y quiz\u00e1 surjan. Sin duda no tendr\u00e1n los dioses el rostro ni siquiera la m\u00e1scara; pero no por ello ser\u00e1n menos temibles.<br><br>Para aquel que considera equivalente libertad y v\u00e9rtigo, una fe, venga de donde venga, y aunque fuese antirreligiosa, es una traba salut\u00edfera, una cadena deseada, so\u00f1ada, cuya funci\u00f3n ser\u00e1 frenar la curiosidad y la fiebre, suspender la angustia de lo indefinido. Cuando esta fe triunfe y se instale, lo que resulta inmediatamente es una reducci\u00f3n del <em>n\u00famero<\/em> de problemas que debe uno plantearse, as\u00ed como una disminuci\u00f3n casi tr\u00e1gica de las opciones. Te quitan el peso de la elecci\u00f3n; escogen en vuestro lugar. Los paganos refinados, que se dejaban tentar por la religi\u00f3n nueva, lo que esperaban es que justamente se eligiese por ellos, que se les indicase <em>ad\u00f3nde<\/em> ir, para no tener que dudar en el umbral de tantos templos ni vacilar entre tantos dioses. Por un cansancio y un rechazo de las peregrinaciones del esp\u00edritu, es por lo que se concluye esa efervescencia religiosa <em>sin credo<\/em> que caracteriza a toda \u00e9poca alejandrina. Se denuncia la coexistencia de las verdades porque ya no se satisface uno de lo poco que ofrece cada una; se aspira a todo, pero a un todo limitado, circunscrito, <em>seguro<\/em>, tan grande es el miedo de caer de lo universal en lo incierto, de lo incierto en lo precario y lo amorfo. Ese derrumbamiento que el paganismo conoci\u00f3 en su \u00e9poca, el cristianismo est\u00e1 ahora experiment\u00e1ndolo. Decae, se apresura a decaer; esto es lo que le hace soportable a los incr\u00e9dulos, cada vez mejor dispuestos a su respecto. Al paganismo, incluso vencido, todav\u00eda le detestaban; los cristianos eran fren\u00e9ticos que no pod\u00edan olvidar, en tanto que en nuestros d\u00edas todo el mundo ha perdonado al cristianismo. Ya en el siglo XVIII se hab\u00edan agotado los argumentos contra \u00e9l. Al igual que un veneno que ha perdido sus virtudes, ya no puede salvar ni condenar a nadie. Pero ha derribado a demasiados dioses como para que pueda en estricta justicia escapar a la suerte que les ha reservado. La hora de la revancha ha sonado para ellos. Su alegr\u00eda debe de ser grande al ver a su peor enemigo tan bajo como ellos, pues que les acepta a todos sin excepci\u00f3n. En los tiempos de su triunfo derrib\u00f3 los templos y viol\u00f3 las conciencias por doquiera que le plugo aparecer. Un dios nuevo, aunque se le hubiese crucificado mil veces, ignora la piedad, lo tritura todo en su camino, se encarniza en ocupar el m\u00e1ximo espacio. De este modo nos hace pagar caro el no haberlo reconocido antes. Mientras era oscuro, pod\u00eda poseer a\u00fan un cierto atractivo: no devel\u00e1bamos todav\u00eda en \u00e9l los estigmas de la victoria.<br><br>Nunca una religi\u00f3n es m\u00e1s \u00abnoble\u00bb que cuando llega a tomarse por una superstici\u00f3n y asiste, desapegada, a su propio eclipse. El cristianismo se ha formado y se ha extendido en el odio de todo lo que no era \u00e9l; este odio le ha sostenido durante su carrera; acabada su carrera, su odio acaba tambi\u00e9n. Cristo no bajar\u00e1 a los Infiernos; le han vuelto a poner en la tumba y esta vez se quedar\u00e1 en ella, no volver\u00e1 a salir probablemente jam\u00e1s: ya no hay <em>a quien<\/em> salvar ni en la superficie ni en las profundidades de la tierra. Cuando se piensa en los excesos que acompa\u00f1aron su advenimiento, no puede uno impedirse evocar la exclamaci\u00f3n de Rutilio Namaciano, el \u00faltimo poeta pagano: \u00ab\u00a1Pluguiese a los dioses que Judea no hubiese sido nunca conquistada!\u00bb<br><br>Puesto que est\u00e1 admitido que los dioses son indistintamente verdaderos, \u00bfpor qu\u00e9 detenerse a medio camino, por qu\u00e9 no predicarlos todos? Ser\u00eda por parte de la Iglesia una realizaci\u00f3n suprema: perecer\u00eda inclin\u00e1ndose ante sus v\u00edctimas\u2026 Hay signos que anuncian que siente esta tentaci\u00f3n. As\u00ed, al modo de los templos antiguos, se sentir\u00eda honrada recogiendo las divinidades, los residuos de todas partes. Pero, una vez m\u00e1s a\u00fan, es preciso que el <em>verdadero<\/em> dios se oculte para que todos los otros puedan resurgir.<br><br><\/p><p>Paleontolog\u00eda<\/p><p>Fue el azar de un chaparr\u00f3n, un d\u00eda de oto\u00f1o, el que me hizo entrar en el Museo, por unos instantes. De hecho, deb\u00eda quedarme en \u00e9l una hora, dos horas, tres quiz\u00e1. Varios meses me separan de esa visita accidental y, sin embargo, a\u00fan no olvido esas \u00f3rbitas que os miran, m\u00e1s insistentes que ojos, esa feria de cr\u00e1neos, esa risotada autom\u00e1tica a todos los niveles de la zoolog\u00eda.<\/p><p><br>En ning\u00fan sitio est\u00e1 uno mejor provisto en cuanto a pasado. Lo posible parece inconcebible o grotesco. Se tiene la impresi\u00f3n de que la carne se ha eclipsado desde su mismo advenimiento, que ni siquiera ha existido jam\u00e1s, que queda excluido que haya estado fija a estos huesos tan solemnes, tan pose\u00eddos de s\u00ed mismos. Se presenta como una impostura, como una supercher\u00eda, como un disfraz que no oculta nada. \u00bfNo era, pues, m\u00e1s que eso? Y si no vale m\u00e1s, \u00bfc\u00f3mo logra inspirarme repulsi\u00f3n o terror? He sentido siempre predilecci\u00f3n por los que han estado obsesionados por su nulidad, los que han hecho mucho caso de ella: Baudelaire, Swift, Buda\u2026 Ella, tan <em>evidente<\/em>, es empero una anomal\u00eda; cuanto m\u00e1s se la considera, m\u00e1s se aparta uno de ella con espanto y, a fuerza de sopesarla, se encamina uno hacia el mineral, se <em>petrifica<\/em> uno. Para soportar su visi\u00f3n o su idea, hace falta algo m\u00e1s que valor: cinismo. Es enga\u00f1arse respecto a su naturaleza llamarla, como hizo un Padre de la Iglesia, <em>nocturna<\/em>; es hacerle tambi\u00e9n demasiado honor; no es ni extra\u00f1a ni tenebrosa, sino <em>perecedera<\/em> hasta la indecencia, hasta la locura; es no s\u00f3lo sede de enfermedades, sino ella misma enfermedad, nada incurable, ficci\u00f3n degenerada en calamidad. La visi\u00f3n que tengo de ella es la propia de un enterrador frotado con metaf\u00edsica. Sin duda hago mal en pensar en ella sin cesar; no se puede vivir y hacer hincapi\u00e9 en ella: hasta un coloso perecer\u00eda. La siento como no est\u00e1 permitido sentirla; ella se aprovecha de esto, me obliga a conferirle un estatuto desproporcionado y tanto me acapara y me domina que mi esp\u00edritu no es ya m\u00e1s que v\u00edsceras. Al lado de la solidez, de la <em>seriedad<\/em> del esqueleto, parece rid\u00edculamente provisional y fr\u00edvola. Halaga y colma al drogado de precariedad que soy. Es por lo que me encuentro tan a gusto en este museo en que todo invita a la euforia de un universo limpio de carne, al j\u00fabilo de la post-vida.<br><\/p><p>En la entrada, el hombre <em>en pie<\/em>; todos los otros animales inclinados, abrumados, aplastados, incluso la jirafa, pese a su cuello, incluso el iguanodonte, grotesco en su deseo de erguirse. M\u00e1s pr\u00f3ximos a nosotros, ese orangut\u00e1n, ese gorila, ese chimpanc\u00e9, vemos claramente que su empe\u00f1o por ponerse derechos es completamente in\u00fatil. Como sus esfuerzos no han tenido \u00e9xito, ah\u00ed se quedan, miserables, detenidos a medio camino, contrariados en su b\u00fasqueda de la verticalidad. En resumen, jorobados. Ser\u00edamos como ellos, sin duda, sin la suerte que tuvimos de dar un decisivo paso adelante. Desde entonces nos desvivimos por borrar toda huella de nuestra baja extracci\u00f3n; de aqu\u00ed viene ese aire provocativo tan particular del hombre. A su lado, de su postura y de los humos que tiene, incluso los dinosaurios parecen t\u00edmidos. Como sus verdaderos reveses no han hecho m\u00e1s que comenzar, tiempo le queda de hacerse m\u00e1s humilde. Todo deja prever que, volviendo a su fase inicial, se juntar\u00e1 con ese chimpanc\u00e9, ese gorila, ese orangut\u00e1n, que se les parecer\u00e1 de nuevo y que le ser\u00e1 cada vez m\u00e1s molesto agitarse en su posici\u00f3n vertical. Quiz\u00e1, pleg\u00e1ndose bajo la fatiga, quedar\u00e1 m\u00e1s curvado todav\u00eda que sus compa\u00f1eros de anta\u00f1o. Llegado al umbral de la senilidad, se <em>resimiar\u00e1<\/em><a href=\"file:\/\/\/C:\/Users\/maria\/AppData\/Local\/Temp\/d5fkpun2.2np\/52.xhtml#81\">*, pues no se ve qu\u00e9 otra cosa mejor podr\u00eda hacer.<\/a><\/p><p><br>Mucho m\u00e1s que el esqueleto, es la carne, quiero decir, la carro\u00f1a, lo que nos turba y nos alarma; y tambi\u00e9n lo que nos apacigua. Los monjes budistas frecuentaban gustosamente los osarios: \u00bfd\u00f3nde estrujar el deseo con mayor seguridad y emanciparse de \u00e9l? Como lo horrible es una v\u00eda de liberaci\u00f3n, en todas las \u00e9pocas de fervor y de interioridad nuestros restos han gozado de gran favor. En la Edad Media se forzaba uno a la salvaci\u00f3n, se cre\u00eda en ella con energ\u00eda: el cad\u00e1ver estaba de moda; la fe era vigorosa, indomable, amaba lo l\u00edvido y lo f\u00e9tido, sab\u00eda el beneficio que se pod\u00eda sacar de la podredumbre y de lo espeluznante. Hoy, una religi\u00f3n edulcorada no se apega m\u00e1s que a fantasmas gentiles, a la Evoluci\u00f3n y al Progreso. No es ella la que nos proporcionar\u00e1 el equivalente moderno de la Danza Macabra.<br><br>\u00abQue quien aspire al nirvana haga que nada le sea querido\u00bb, se lee en un texto b\u00fadico. Basta con considerar estos espectros, con pensar en el destino de la carne que se adher\u00eda a ellos, para comprender la urgencia del desapego. No hay asc\u00e9tica sin la doble rumia sobre la carne y sobre el esqueleto, sobre la espantosa caducidad de la una y la in\u00fatil permanencia de la otra. A t\u00edtulo de ejercicio, es bueno de vez en cuando separarnos de nuestro rostro, de nuestra piel, apartar este revestimiento enga\u00f1oso, deponer despu\u00e9s, aunque no sea m\u00e1s que por un instante, ese mont\u00f3n de grasas que nos impide discernir lo <em>fundamental<\/em> en nosotros. Una vez terminado el ejercicio, estamos m\u00e1s libres y m\u00e1s solos, casi invulnerables.<br><br>Para vencer los apegos y los inconvenientes que de ellos se derivan, har\u00eda falta contemplar de un ser su desnudez \u00faltima, atravesar con la mirada sus entra\u00f1as y el resto, revolcarse en el horror de sus secreciones, en su fisiolog\u00eda de difunto inminente. Esta visi\u00f3n no deber\u00eda ser m\u00f3rbida, sino met\u00f3dica, una obsesi\u00f3n dirigida, particularmente saludable en los sinsabores. El esqueleto nos incita a la serenidad; el cad\u00e1ver, a la renuncia. En la lecci\u00f3n de inanidad que uno y otro nos dispensan, la dicha se confunde con la destrucci\u00f3n de nuestros lazos. \u00a1Mira que no haber escamoteado ning\u00fan detalle de tal ense\u00f1anza y empero pactar a\u00fan con tales simulacros!<br><br>Bendito tiempo aquel en el que los solitarios pod\u00edan sondear sus abismos sin parecer obsesos o trastornados. Su desequilibrio no estaba afectado por un coeficiente negativo, como en nuestro caso. Sacrificaban diez, veinte a\u00f1os, toda una vida, por un presentimiento, por un <em>rel\u00e1mpago<\/em> de lo absoluto. La palabra \u00abprofundidad\u00bb no tiene sentido m\u00e1s que aplicada a las \u00e9pocas en que el monje era considerado como el ejemplar humano m\u00e1s noble. De que est\u00e1 en v\u00edas de desaparici\u00f3n, no disentir\u00e1 nadie. Desde hace siglos se limita a sobrevivir. \u00bfA qui\u00e9n se dirigir\u00e1, en un universo que le tilda de \u00abpar\u00e1sito\u00bb? En el T\u00edbet, \u00faltimo pa\u00eds en el que a\u00fan contaba para algo, ha sido apartado. Sin embargo, era un raro consuelo pensar que miles y miles de eremitas pod\u00edan meditar, <em>hoy<\/em>, sobre los temas del Prajnaparamita. Aunque no tuviese m\u00e1s que aspectos odiosos, el monacato valdr\u00e1 siempre m\u00e1s que cualquier otro ideal. M\u00e1s que nunca, hoy se deber\u00edan construir monasterios\u2026 para los que creen y para los que no creen en nada. \u00bfAd\u00f3nde huir? No existe ya ning\u00fan sitio donde se pueda execrar este mundo profesionalmente.<br><br>Para concebir la irrealidad y penetrarse de ella, es preciso tenerla constantemente presente ante el esp\u00edritu. El d\u00eda que se la siente, que se la <em>ve<\/em>, todo se hace irreal, salvo esa irrealidad, que es la \u00fanica que hace la existencia tolerable.<br><br>Es un signo del despertar el tener la obsesi\u00f3n de lo agregado, el sentimiento m\u00e1s y m\u00e1s vivo de ser tan s\u00f3lo el lugar de encuentro de algunos elementos, soldados por un momento. El \u00abyo\u00bb, concebido como un dato sustancial e irreductible, desazona m\u00e1s que tranquiliza: \u00bfc\u00f3mo aceptar que cese <em>eso<\/em> que parec\u00eda sostenerse tan bien? \u00bfC\u00f3mo separarse de lo que subsiste por s\u00ed mismo, de lo que <em>es<\/em>? Se puede abandonar una ilusi\u00f3n, por inveterada que sea; pero \u00bfqu\u00e9 hacer, por el contrario, ante lo consistente, lo duradero? Si no hay m\u00e1s que lo existente, si el ser se exhibe por doquiera, \u00bfpor qu\u00e9 medio apartarse de \u00e9l sin desv\u00edo? Postulemos la enga\u00f1ifa universal por precauci\u00f3n o por medida terap\u00e9utica. Al temor de que no haya nada, sucede el de que haya algo. Es mucho m\u00e1s sencillo acomodarse a decir adi\u00f3s al no ser que al ser. No es que este mundo no exista, sino que su realidad no es tal. Todo parece existir y nada existe. Toda b\u00fasqueda tramada, incluso la del mismo nirvana, si no se es libre de apartarse de ella, es una traba como cualquier otra. El sabor que se convierte en \u00eddolo se degrada en no saber, como ya lo ense\u00f1aba la sabidur\u00eda v\u00e9dica: \u00abEst\u00e1n en espesas tinieblas los que se abandonan a la ignorancia; en m\u00e1s espesas todav\u00eda los que se complacen en el saber.\u00bb Pensar sin saberlo uno mismo, o mejor no pensar en absoluto, sino quedarse ah\u00ed y devorar el silencio, esto es a lo que deber\u00eda llevar la clarividencia. Ninguna voluptuosidad podr\u00e1 compararse a la de <em>saber<\/em> que no se piensa. Se objetar\u00e1: pero saber que no se piensa, \u00bfacaso no es todav\u00eda pensar? Sin duda, pero la miseria del pensamiento es superada durante el tiempo que, en lugar de saltar de idea en idea, se permanece deliberadamente en el interior de una sola, que rechaza a todas las otras y que se anula a s\u00ed misma, desde el punto en que se da como contenido su propia ausencia. Esta ingerencia en el mecanismo normal del esp\u00edritu no es fecunda m\u00e1s que si podemos renovarla a voluntad: debe curarnos del servilismo al saber, de la superstici\u00f3n de cualquier sistema. La liberaci\u00f3n que nos seduce, que nos obnubila, no es la liberaci\u00f3n. Hagamos que nada sea nuestro, empezando por el deseo, ese generador de espantos. Cuando todo nos hace temblar, el \u00fanico recurso es pensar que si el miedo es real, ya que es una sensaci\u00f3n, la <em>sensaci\u00f3n por excelencia<\/em>, el mundo que lo causa se reduce a un ensamblamiento transitorio de elementos irreales, que en suma el miedo tanto m\u00e1s vivo en cuanto que damos cr\u00e9dito al yo y al mundo, y que debe inevitablemente disminuir cuando descubrimos la impostura del uno y del otro. No es cierto m\u00e1s que nuestro triunfo sobre las cosas, no es cierta m\u00e1s que esa constataci\u00f3n de irrealidad, que nuestra clarividencia establece cada d\u00eda, cada hora. Liberarse es <em>alegrarse<\/em> de esa irrealidad y buscarla en todo momento.<br><br>Visto desde el exterior, cada ser es un accidente, una mentira (salvo en el amor, pero el amor se coloca fuera del conocimiento y de la verdad). Quiz\u00e1 deber\u00edamos mirarnos desde fuera, poco m\u00e1s o menos como miramos a los otros, e intentar no tener ya nada en com\u00fan con nosotros mismos; si, respecto a m\u00ed, me comportase como un extranjero, no ver\u00eda morir con una falta de curiosidad total; tal como mi vida, mi muerte no ser\u00eda \u00abm\u00eda\u00bb. Una y otra, en tanto que me pertenecen y que las asumo, representan esfuerzos por encima de mis fuerzas. Cuando, por el contrario, me persuado de que carecen de existencia intr\u00ednseca y que no deber\u00edan concernirme, \u00a1qu\u00e9 alivio! \u00bfPor qu\u00e9, entonces, sabiendo que todo es irreal en \u00faltima instancia, dispararme por tal o cual futesa? Me disparo, claro est\u00e1, pero no me apasiono, es decir, que no me tomo ning\u00fan inter\u00e9s <em>real<\/em>. Ese desinter\u00e9s al que me aplico, que no alcanzo m\u00e1s que cuando troco mi antiguo yo por uno nuevo, el yo de la visi\u00f3n desenga\u00f1ada, y que triunfa aqu\u00ed, en medio de estos fantasmas, donde todo me anula, donde el que yo era me parece lejano, incomprensible. Las evidencias a las que antes volv\u00eda la espalda, las distingo ahora en toda su claridad. La ventaja que saco de ello es que no siento ninguna obligaci\u00f3n respecto a mi carne, respecto a toda carne. \u00a1Qu\u00e9 cuadro mejor para reunir las dieciocho variedades de vac\u00edo que exponen los textos mahayanistas, tan preocupados por catalogar los diversos tipos de carencia! Y es que aqu\u00ed se encuentra uno de inmediato en un estado agudo de irrealidad.<br><br>Es apenas cre\u00edble hasta qu\u00e9 punto el miedo se adhiere a la carne; est\u00e1 pegado a ella, es inseparable y casi indistinta. \u00a1Estos esqueletos no lo sienten, dichosos ellos! Es el \u00fanico lazo fraternal que nos une a los animales, aunque ellos no lo conocen m\u00e1s que bajo su forma natural, sana si se quiere; ignoran el otro, el que surge sin motivos, que podemos reducir, seg\u00fan nuestros caprichos, sea a un proceso metaf\u00edsico, sea a una qu\u00edmica demente, y que cada d\u00eda, a una hora imprevisible, nos ataca y nos sumerge. Para lograr vencerlo precisar\u00edamos el concurso de todos los dioses reunidos. Se se\u00f1ala en lo m\u00e1s bajo de nuestro desfallecimiento cotidiano, en el momento mismo en que estar\u00edamos a punto de desvanecernos si un algo no nos lo impidiese; ese algo es el secreto de nuestra verticalidad. Permanecer erguido, en pie, implica una dignidad, una disciplina que nos han inculcado penosamente y que nos salva siempre en el \u00faltimo instante, en ese sobresalto en el que aprehendemos lo que puede haber de anormal en la carrera de la carne, amenazada, boicoteada por el conjunto de los elementos que la definen. La carne ha <em>traicionado<\/em> a la materia; el malestar que siente, que sufre, es su castigo. De una manera general, lo animado parece culpable respecto a lo inerte; la vida es un estado de culpabilidad, estado tanto m\u00e1s grave cuanto que nadie toma verdaderamente conciencia de ello. Pero una falta coextensiva con el individuo, que pesa sobre \u00e9l sin que lo sepa, que es el precio que debe pagar por su promoci\u00f3n a la existencia separada, por la fechor\u00eda cometida contra la creaci\u00f3n indivisa, esta falta, por ser inconsciente, no es menos real y penetra sin duda en el abrumamiento de la criatura.<br><br>Mientras deambulo entre estas osamentas, intento representarme la carga de miedo que deb\u00edan arrastrar, y cuando me detengo ante los tres monos, no puedo dejar de atribuir la parada en la evoluci\u00f3n que han sufrido a una carga an\u00e1loga, que, gravitando sobre ellos; les habr\u00e1 dado ese aire obsequioso y alarmado. E incluso esos reptiles, \u00bfacaso no fue bajo un fardo semejante como debieron aplastarse vergonzosamente y ponerse a elaborar veneno al nivel del polvo para vengarse de su ignominia? Todo lo que vive, el animal o el insecto m\u00e1s repelente, tiembla, no hace m\u00e1s que temblar; todo lo que vive, por el simple hecho de vivir, merece conmiseraci\u00f3n. Y pienso en todos los que he conocido, todos los que ya no est\u00e1n, repantigados en sus ata\u00fades largo tiempo ha, por siempre exentos de carne -y de miedo-. Y me siento aliviado del peso de su muerte.<br><br>La ansiedad es conciencia del miedo, un miedo en segundo grado, que reflexiona sobre s\u00ed mismo. Est\u00e1 hecha de la imposibilidad de comulgar con el todo, de asimilarnos, de perdernos en \u00e9l; detiene la corriente que pasa del mundo a nosotros, de nosotros al mundo, y no favorece nuestras reflexiones m\u00e1s que para mejor destruir su impulso, desembriaga sin cesar el esp\u00edritu; ahora bien, no hay especulaci\u00f3n de cierto alcance que no proceda de una embriaguez, de una p\u00e9rdida de control, de una facultad de perderse, luego de renovarse. Inspiraci\u00f3n al rev\u00e9s, la ansiedad nos llama al orden al menor vuelo, a la menor divagaci\u00f3n. Esta vigilancia es funesta para el pensamiento, a menudo paralizado, encerrado en un c\u00edrculo maldito, condenado a no poder salir de s\u00ed mismo m\u00e1s que a tirones y a escondidas. Tambi\u00e9n es verdad que si nuestras aprehensiones nos hacen buscar la liberaci\u00f3n, son ellas, empero, las que nos impiden alcanzarla. Aunque tema al porvenir hasta el punto de convertirlo en el \u00fanico objeto de sus preocupaciones, el ansioso est\u00e1 prisionero del pasado, incluso es el \u00fanico hombre que tiene realmente un pasado. Sus males, de los que es esclavo no le hacen avanzar m\u00e1s que para mejor tirar de \u00e9l hacia atr\u00e1s. Llega a echar de menos el miedo bruto, an\u00f3nimo, del que todo parte, que es comienzo, origen, principio de todo lo que vive. Por atroz que sea, es, sin embargo, soportable, puesto que todos los vivientes se resignan a \u00e9l; les sacude y les arrasa, pero no les aniquila. No sucede lo mismo con ese miedo refinado, \u00abreciente\u00bb, posterior a la aparici\u00f3n del \u00abyo\u00bb, en el que el peligro, difuso omnipresente, no se materializa nunca, miedo replegado sobre s\u00ed y que, a falta de otro alimento, se devora a s\u00ed mismo.<br><br>Si bien no he vuelto al Museo, he estado all\u00ed en esp\u00edritu casi todos los d\u00edas y no sin experimentar cierto beneficio: \u00bfqu\u00e9 hay de m\u00e1s calmante que rumiar esta \u00faltima simplificaci\u00f3n de los seres? Repentinamente, despejada de fiebre la imaginaci\u00f3n, se ve uno tal como ser\u00e1: una lecci\u00f3n, no; un <em>acceso<\/em> de modestia. Un buen uso del esqueleto\u2026 Deber\u00edamos servirnos de \u00e9l en los momentos dif\u00edciles, tanto m\u00e1s que lo tenemos <em>tan a mano<\/em>.<br><br>No necesito a Holbein ni a Baldung Grien; en lo tocante a lo macabro, me remito a mis propios medios. Si lo creo necesario o si me da la gana, no hay nadie a quien no pueda desvestir de su envoltura carnal. \u00bfPor qu\u00e9 envidiar o temer a esos huesos que llevan tal nombre, a ese cr\u00e1neo que no me ama? \u00bfPor qu\u00e9 tambi\u00e9n amar a alguien o amarme a m\u00ed mismo, sufrir en todos los casos, cuando s\u00e9 la imagen que debo evocar para suavizar esas miserias? La conciencia viva de lo que acecha a la carne deber\u00eda destruir tanto el amor como el odio. No logra en realidad m\u00e1s que atenuarlos, y, en raros momentos, domarlos. En otro caso ser\u00eda demasiado sencillo: bastar\u00eda representarse la muerte para ser feliz\u2026 y lo macabro, colmando nuestras aspiraciones m\u00e1s secretas, ser\u00eda <em>totalmente provechoso<\/em>.<br><br>Dudo de que me hubiese referido tan a menudo a esos lugares si, visiblemente, no halagasen mi inaptitud para la ilusi\u00f3n. Aqu\u00ed, donde el hombre no es nada, se advierte hasta qu\u00e9 punto las doctrinas de la liberaci\u00f3n son incapaces de aprehenderlo, de interpretar su pasado y de descifrar su futuro. Es que la liberaci\u00f3n no tiene contenido m\u00e1s que para cada uno de nosotros, individualmente, y no para la turba, incapaz de comprender la relaci\u00f3n que existe entre la idea de vac\u00edo y la sensaci\u00f3n de libertad. No hay manera de ver c\u00f3mo la Humanidad podr\u00eda ser salvada en bloque; hundida en lo falso, abocada a una verdad inferior, confundir\u00e1 siempre la apariencia y la sustancia. Aun admitiendo, contra toda evidencia, que siga una marcha ascendente, no lograr\u00eda adquirir, al t\u00e9rmino de su ascensi\u00f3n, el grado de clarividencia del m\u00e1s obtuso sanyasin hind\u00fa. En la existencia cotidiana, es imposible decir si este mundo es real o irreal; lo que podemos hacer, lo que hacemos efectivamente, es pasar sin cesar de una tesis a otra, demasiado contentos de esquivar una elecci\u00f3n que no resolver\u00eda ninguna de nuestras dificultades en lo inmediato.<br><br>El despertar es independiente de las capacidades intelectuales: se puede tener genio y ser un necio, espiritualmente, se entiende. Por otro lado, nada se avanza con el saber como tal. \u00abEl ojo del Conocimiento\u00bb puede ser pose\u00eddo por un iletrado, que se encontrar\u00e1 de este modo por encima de cualquier sabio. Discernir que lo que t\u00fa eres no eres t\u00fa, que lo que tienes no es tuyo, no ser c\u00f3mplice de nada, ni siquiera de tu propia vida -esto es ver con precisi\u00f3n, esto es descender hasta la ra\u00edz nula de todo-. Cuanto m\u00e1s se abre uno a la vacuidad y m\u00e1s se impregna uno de ella, m\u00e1s se sustrae a la fatalidad de ser uno mismo, de ser hombre, de estar vivo. Si todo est\u00e1 vac\u00edo, esta triple fatalidad tambi\u00e9n lo estar\u00e1. De golpe, la magia de lo tr\u00e1gico se ve disminuida. \u00bfAcaso el h\u00e9roe que se hunde valdr\u00e1 tan poco como el que triunfa? Nada m\u00e1s prestigioso que un hermoso final, si este mundo es real; si no lo es, es pura necesidad extasiarse sobre cualquier desenlace. Dignarse a tener un \u00abdestino\u00bb, verse cegado o solamente tentado por lo \u00abextraordinario\u00bb, prueba que se permanece cerrado a toda verdad superior, que se est\u00e1 lejos de poseer el \u00abojo\u00bb en cuesti\u00f3n. Situar a alguien es determinar su grado de despertar, los progresos que ha realizado en la percepci\u00f3n de lo ilusorio y de lo falso en el otro y en s\u00ed mismo. Ninguna comuni\u00f3n es concebible con el que se enga\u00f1a sobre lo que es \u00e9l mismo. A medida que se ensancha el intervalo que nos separa de nuestros actos, vemos disminuir los temas de di\u00e1logo y el n\u00famero de nuestros semejantes. Esta soledad no vuelve amargo, pues no deriva de nuestros talentos, sino de nuestras renuncias. A\u00fan hay que a\u00f1adir que no excluye en absoluto el peligro de orgullo espiritual, que existe indudablemente durante tanto tiempo como se inclina uno sobre los sacrificios que se han consentido y las ilusiones que se han rechazado. \u00bfC\u00f3mo vencerse a uno mismo sin saberlo, cuando el desapego exige una insistente toma de conciencia? De este modo, lo que la hace posible la amenaza juntamente. En el orden de los valores interiores, toda superioridad que no se hace impersonal se encamina a la perdici\u00f3n. \u00a1Mira que no poder arrancarse del mundo sin advertirlo! Se deber\u00eda poder olvidar que el desapego es un <em>m\u00e9rito<\/em>; si no, en lugar de liberar, envenena. Atribuir a Dios nuestros \u00e9xitos de todas clases, creer que nada emana de nosotros, que todo est\u00e1 <em>dado<\/em>, tal es, siguiendo a Ignacio de Loyola, el \u00fanico medio eficaz de luchar contra la soberbia. La recomendaci\u00f3n vale para los estados fulgurantes en los que la intervenci\u00f3n de la gracia parece obligatoria, pero no para el desapego, trabajo de zapa, largo y penoso, del que el <em>yo<\/em> es la v\u00edctima: \u00bfc\u00f3mo no sacar vanidad de esto?<br><br>Por mucho que nuestro nivel espiritual se eleva, no por ello cambiamos cualitativamente; permanecemos prisioneros de nuestros l\u00edmites: la imposibilidad de extirpar el orgullo espiritual es una consecuencia de ello, la m\u00e1s enojosa. \u00abNinguna criatura -observa Santo Tom\u00e1s- puede alcanzar un grado m\u00e1s alto de naturaleza sin cesar de existir.\u00bb Sin embargo, si el hombre intriga, es precisamente por haber querido superar su naturaleza. No lo ha logrado, y sus esfuerzos desmesurados no pod\u00edan dejar de alterarle, de <em>desnaturalizarle<\/em>. Por eso no se interroga uno a su respecto sin tormento, sin <em>pasi\u00f3n<\/em>. Sin duda es m\u00e1s decente apiadarse sobre \u00e9l que sobre s\u00ed mismo (es lo que ha comprendido muy bien Pascal). A la larga, esta pasi\u00f3n se hace tan obsesionante que ya no se piensa m\u00e1s que en los medios de escapar de ella. Ni la fatalidad de ser uno mismo, ni la de estar vivo podr\u00eda compararse con la de ser hombre; en cuanto me espolea, para librarme de ella, rehago mentalmente mi paseo a trav\u00e9s de esas osamentas que, \u00faltimamente, me han sido a menudo tan socorridas; las percibo, me agarro a ellas: confirm\u00e1ndome en mi creencia en la vacuidad, me ayudan a vislumbrar el d\u00eda en que no tendr\u00e9 ya que soportar la obsesi\u00f3n de lo humano, la m\u00e1s terrible de todas las cadenas. Es preciso a todo precio zafarse de ella, si se quiere ser libre; pero para ser verdaderamente libre se impone un paso m\u00e1s: liberarse de la libertad misma, rebajarla al nivel de un prejuicio o un pretexto para no tener ya que idolatrarla\u2026 Entonces solamente se comenzar\u00e1 a aprender c\u00f3mo actuar <em>sin desear<\/em>. La meditaci\u00f3n de lo horrible prepara a ello: girar en torno a la carne y sus decrepitudes es iniciarse en el arte de disociar el deseo y el acto -operaci\u00f3n nefasta para los esp\u00edritus movedizos, pero indispensable para los contemplativos-. Mientras se desea se vive en la sujeci\u00f3n, se est\u00e1 entregado al mundo; en cuanto se deja de desear se acumulan los privilegios de un objeto y de un dios; no se depende ya de nadie. Es demasiado cierto que el deseo es indesarraigable; empero \u00a1qu\u00e9 paz con s\u00f3lo <em>imaginar<\/em> estar exento de \u00e9l! Una paz tan ins\u00f3lita que un placer perverso se desliza en ella: una sensaci\u00f3n tan sospechosa \u00bfacaso no revertir\u00e1 en una venganza de la naturaleza contra quien se ha hecho culpable de aspirar a un estado tan poco natural?<br><br>Fuera del nirvana <em>en la vida<\/em> -haza\u00f1a rara, extremo pr\u00e1cticamente imposible- la supresi\u00f3n del deseo es una quimera; no se le suprime, se le suspende, y esta suspensi\u00f3n, muy extra\u00f1amente, se ve acompa\u00f1ada de un sentimiento de poder, de una certeza nueva, desconocida. \u00bfAcaso la boga del monacato, en otros siglos, no se explicar\u00eda por esta dilataci\u00f3n consecutiva al reflujo de los apetitos? Hace falta fuerza para luchar contra el deseo; esta fuerza aumenta cuando el deseo se retira; detenido \u00e9l, el miedo se detiene igualmente. Para que, por su lado, la ansiedad se preste a una tregua semejante, se debe ir m\u00e1s lejos, abordar un espacio mucho m\u00e1s rarificado, aproximarse con una alegr\u00eda abstracta, con una exaltaci\u00f3n igualmente concertada, al ser y a la ausencia de ser.<br><br>Se dice en el Katha-Upanishad, a prop\u00f3sito del <em>atman<\/em>, que es \u00abalegre y sin alegr\u00eda\u00bb. \u00c9se es un estado que se alcanza tanto por la afirmaci\u00f3n como por la negaci\u00f3n de un principio supremo, tanto por el rodeo del Vedanta como por el del Mahayana. Por diferentes que sean, las dos v\u00edas se juntan en la experiencia final en el deslizamiento fuera de las apariencias. Lo esencial no es tanto saber en nombre de qu\u00e9 quiere uno liberarse como hasta <em>d\u00f3nde<\/em> puede avanzarse por el camino de la liberaci\u00f3n. Que uno se disuelva en lo absoluto o en lo vac\u00edo, en los dos casos lo que se alcanzar\u00e1 es una alegr\u00eda neutra: alegr\u00eda sin determinaci\u00f3n alguna, tan desnuda como la ansiedad, cuyo remedio se pretende, y de la que no es m\u00e1s que el desenlace, la conclusi\u00f3n positiva. Entre ellas, la simetr\u00eda es patente: se las dir\u00eda \u00abconstruidas\u00bb, una y otra, sobre el mismo patr\u00f3n; prescinden de todo est\u00edmulo exterior, se bastan a s\u00ed mismas, se corresponden y comunican en profundidad. Pues lo mismo que la alegr\u00eda concreta no es m\u00e1s que un miedo vencido, la alegr\u00eda neutra no es m\u00e1s que una ansiedad transfigurada. Y es de sus afinidades, de su permeabilidad, de donde derivan la posibilidad de elevarse de una y otra, y el peligro de retroceder, de volver a caer en un estado anterior, que ya se cre\u00eda superado. Esto equivale a decir hasta qu\u00e9 punto todo progreso espiritual est\u00e1 amenazado en su misma base. Para el liberado incompleto, para el veleidoso del nirvana, nada es m\u00e1s f\u00e1cil y m\u00e1s frecuente que retroceder hacia sus antiguos terrores. Pero cuando, de tarde en tarde, le acaece el mantenerse firme, hace suya la exhortaci\u00f3n del <em>Dhammapada<\/em>: \u00abBrilla para ti mismo, como tu propia luz,\u00bb y, mientras la adopta y la sigue, comprende desde dentro a los que se conforman a ella siempre.<br><br><\/p><p>Encuentros con el suicidio<\/p><p>No se mata uno m\u00e1s que si, por algunos lados, se ha estado siempre fuera de todo. Se trata de una inapropiaci\u00f3n original de la que no se puede no ser consciente. Quien est\u00e1 <em>llamado<\/em> a matarse, no pertenece m\u00e1s que por accidente a este mundo; no depende, en el fondo, de ning\u00fan mundo.<\/p><p><br>No se est\u00e1 predispuesto, sino predestinado al suicidio, se est\u00e1 abocado a \u00e9l antes de toda decepci\u00f3n, antes de toda experiencia: la dicha impulsa a \u00e9l tanto como la desdicha, incluso impulsa m\u00e1s, ya que, amorfa, improbable, exige un esfuerzo de adaptaci\u00f3n extenuado, mientras que la desdicha ofrece la seguridad y el rigor de un rito.<br><br>Hay noches en las que el porvenir queda abolido, en las que de todos sus instantes s\u00f3lo subsiste aquel que elegiremos para dejar de ser.<br><br>\u00abEstoy harto de ser yo\u00bb, se repite cuando aspira uno a huir de s\u00ed mismo; y cuando uno se huye irrevocablemente, la iron\u00eda quiere que se cometa un acto en el que se encuentra uno de nuevo, en el que de repente se llega a ser totalmente uno mismo. En esa fatalidad a la que se quiso escapar se cae de nuevo en el instante en que se mata uno, pues el suicidio no es m\u00e1s que el triunfo, m\u00e1s que la fiesta de esa fatalidad.<br><br>Cuanto m\u00e1s avanzo, m\u00e1s veo adelgazarse mis oportunidades de arrastrarme de un d\u00eda a otro. A decir verdad, siempre ha sido as\u00ed: no he vivido en lo posible, sino en lo inconcebible. Mi memoria amontona horizontes hundidos.<br><br>Existe en nosotros una tentaci\u00f3n, mejor que una voluntad, de morir. Pues si nos fuese dado <em>querer<\/em> la muerte, \u00bfqui\u00e9n no se aprovechar\u00eda a la primera contrariedad? A\u00fan interviene otro impedimento: la idea de matarse parece incre\u00edblemente nueva a quien se ve pose\u00eddo por ella; se imagina, pues, que ejecuta un acto <em>sin precedentes<\/em>; esta ilusi\u00f3n le ocupa y le halaga, y le hace perder un tiempo precioso.<br><br>El suicidio es una realizaci\u00f3n brusca, una liberaci\u00f3n fulgurante: es el nirvana <em>por la violencia<\/em>.<br><br>El hecho tan sencillo de mirar un cuchillo y de comprender que s\u00f3lo depende de ti hacer cierto uso de \u00e9l, da una sensaci\u00f3n de soberan\u00eda que deriva en megaloman\u00eda.<br><br>Cuando nos apresa la idea de acabar, un espacio se extiende ante nosotros, una vasta posibilidad fuera del tiempo y de la eternidad misma, una abertura vertiginosa, una esperanza de morir <em>m\u00e1s all\u00e1<\/em> de la muerte.<br><br>Matarse es, de hecho, rivalizar con la muerte, es demostrar que uno lo puede hacer mejor que ella, es hacerle una jugada y, \u00e9xito no desde\u00f1able, rehabilitarse ante sus propios ojos. Se tranquiliza uno, se persuade uno de que no se es el \u00faltimo, de que se merece cierto respeto. Uno se dice: Hasta ahora, incapaz de tomar una iniciativa, no ten\u00eda ninguna estima por m\u00ed mismo; ahora todo cambia: destruy\u00e9ndome, destruyo del mismo golpe todas las razones que ten\u00eda para despreciarme, vuelvo a ganar confianza, soy alguien por siempre jam\u00e1s\u2026<br><br>Puesto que mi misi\u00f3n es sufrir, no comprendo por qu\u00e9 intento imaginar mi suerte de otro modo, a\u00fan menos por qu\u00e9 me encolerizo contra <em>sensaciones<\/em>. Pues todo sufrimiento no es m\u00e1s que eso, en sus comienzos y, en todo caso, en su fin. En el medio, claro est\u00e1, es un poco m\u00e1s: un universo.<br><br>Este furor en plena noche, esa necesidad de una \u00faltima explicaci\u00f3n consigo mismo, con los elementos. De golpe, la sangre se anima, se tiembla, uno se levanta, sale, se repite que no hay ninguna raz\u00f3n para tergiversar, para diferir: esta vez va de veras. En cuanto se est\u00e1 fuera, un imperceptible apaciguamiento. Uno avanza penetrado del gesto que va a cumplir, de la misi\u00f3n que se ha arrogado. Un poco de exultaci\u00f3n sustituye al furor cuando uno se dice que ha llegado por fin al t\u00e9rmino, que el futuro se reduce a unos pocos minutos, todo lo m\u00e1s a una hora, y que uno ha decretado, con su propia autoridad, la suspensi\u00f3n del conjunto de los instantes.<br><br>Despu\u00e9s viene la impresi\u00f3n tranquilizadora que os inspira la ausencia de pr\u00f3jimo. Todos duermen. \u00bfC\u00f3mo abandonar un mundo en el que a\u00fan se puede estar solo? No llega uno a separarse de esta noche que deb\u00eda ser la \u00faltima, no se concibe que pueda desvanecerse. Y quisi\u00e9rase defenderla contra el d\u00eda que la zapa y pronto la sumerge.<br><br>Si se pudiera cambiar de naturaleza, transformarse en cualquiera, se formar\u00eda parte, de golpe, de los elegidos. Como la metamorfosis es irrealizable, se agarra uno a la Predestinaci\u00f3n, vocablo m\u00e1gico si los hay. Nada m\u00e1s pronunciarlo, se tiene la sensaci\u00f3n de haber superado el estadio de las interrogaciones y las perplejidades, y encontrado finalmente la llave de todo callej\u00f3n sin salida.<br><br>Cuando se sienten ganas de acabar, sean d\u00e9biles o fuertes, se siente uno llevado a reflexionar, a explicarlo, a explic\u00e1rselo. Se siente uno llevado a esto mucho m\u00e1s cuando son d\u00e9biles, porque si son demasiado intensas, invaden el esp\u00edritu y no le dejan ni espacio ni tiempo libre para considerarlas o esquivarlas.<br><br>Esperar la muerte es sufrirla, degradarla al rango de un proceso, resignarse a un desenlace del que se ignora la fecha, el modo y el decorado. Se est\u00e1 lejos del acto absoluto. No hay nada de com\u00fan entre la obsesi\u00f3n del suicidio y el sentimiento de la muerte -entiendo por esto ese sentimiento profundo, constante, de un fin en s\u00ed, de una fatalidad de perecer como tal, inseparable de un trasfondo c\u00f3smico e independiente de ese drama del yo que est\u00e1 en el centro de toda forma de autodestrucci\u00f3n-. La muerte no es necesariamente sentida como liberaci\u00f3n; el suicidio libera siempre; es el s\u00fammum, es el paroxismo de la salvaci\u00f3n.<br><br>Se deber\u00eda por decencia elegir uno mismo el momento de desaparecer. Es envilecedor extinguirse como se extingue uno; es intolerable verse expuesto a un fin sobre el que nada se puede, que te acecha, te abate, te precipita en lo innombrable. Quiz\u00e1 llegue el momento en que la muerte natural est\u00e9 totalmente desacreditada, en el que se enriquecer\u00e1n los catecismos con una f\u00f3rmula nueva: \u00abDisp\u00e9nsanos, Se\u00f1or, el favor y la fuerza de acabar, la gracia de borrarnos del tiempo.\u00bb<br><br>La conspiraci\u00f3n milenaria contra el suicidio es causa del abarrotamiento y de la esclerosis de las sociedades. Nos toca aprender a destruirnos <em>en el momento oportuno<\/em>, a correr alegremente hacia nuestro espectro. En tanto que no nos decidamos a ello, mereceremos nuestras humillaciones. Cuando uno ha agotado su raz\u00f3n de ser, es odioso obstinarse. Pero es la indignidad de la muerte natural lo que vemos, se mire a donde se mire.<br><br>\u00abVolviendo a encontrar, tras varios a\u00f1os, a una persona a la que se conoci\u00f3 de ni\u00f1o, la primera mirada hace casi siempre suponer que alguna gran desdicha ha debido aquejarle\u00bb, (Leopardi). Durar es disminuirse: la existencia es p\u00e9rdida de ser. Puesto que nadie desaparece cuando ser\u00eda preciso, se deber\u00eda amonestar a quien se sobrevive, animarle y, si fuera necesario, ayudarle a acortar sus d\u00edas. A partir de un momento dado, perseverar es consentir decaer. Pero \u00bfc\u00f3mo estar cierto de su declinar? \u00bfAcaso no puede uno equivocarse respecto a los s\u00edntomas? \u00bfAcaso la conciencia de decaer no implica una superioridad sobre la decadencia? Y, en este caso, \u00bfa\u00fan se est\u00e1 deca\u00eddo? \u00bfC\u00f3mo, una vez m\u00e1s, saber que uno ha comenzado a derrumbarse, c\u00f3mo determinar ese momento? El error es inevitable, pero poco importa, puesto que, de todas maneras nunca se muere a tiempo. Se va a la deriva y s\u00f3lo cuando uno se hunde se confiesa residuo desechable. Y entonces ya es demasiado tarde para naufragar de propio grado.<br><br>Sienta bien pensar que uno va a matarse. No hay tema m\u00e1s tranquilizador: en cuanto se le aborda, respira uno. Meditar sobre \u00e9l hace casi tan libre como el acto mismo.<br><br>Cuanto m\u00e1s al margen de los instantes estoy, m\u00e1s me reincorpora a la existencia la perspectiva de abstraerme para siempre de ellos, me pone a la misma altura que los vivos, me confiere una especie de honorabilidad. Esta perspectiva, de la que no puedo prescindir, me ha sacado de todos mis sentimientos, me ha permitido sobre todo atravesar esas \u00e9pocas en las que no ten\u00eda ning\u00fan agravio contra nadie, en las que estaba colmado. Sin su socorro, sin la esperanza que dispensa, el para\u00edso me parecer\u00eda el peor de los suplicios. \u00a1Cu\u00e1ntas veces no me habr\u00e9 dicho que, sin la idea del suicidio, se matar\u00eda uno de inmediato! El esp\u00edritu del que ella se apodera la mima, la idolatra, espera milagros de ella. Tal como un hombre a punto de ahogarse que se agarrase a la idea de naufragio.<br><br>Hay tantas razones de suprimirse como razones de continuar, con esta diferencia empero: que estas \u00faltimas tienen m\u00e1s antig\u00fcedad y solidez; pesan m\u00e1s que las otras porque se confunden con nuestros or\u00edgenes, mientras que las primeras, frutos de la experiencia, siendo por ello necesariamente m\u00e1s recientes, son a la vez m\u00e1s acuciantes y m\u00e1s inciertas.<br><br>El mismo que dice: \u00abNo tengo el valor de matarme\u00bb, tachar\u00e1, un momento despu\u00e9s, de cobard\u00eda una haza\u00f1a ante la cual retroceden los m\u00e1s valientes. Se mata uno, no dejan de repetir, por debilidad, para no tener que afrontar el dolor o la verg\u00fcenza. Tan s\u00f3lo no se ve que son los d\u00e9biles precisamente los que, lejos de intentar escapar, se acomodan a ello por el contrario y que se precisa vigor para arrancarse de todo de una manera decisiva. En verdad, es m\u00e1s f\u00e1cil matarse que vencer un prejuicio tan antiguo como el hombre, o por lo menos como las religiones, tan tristemente impermeables al gesto supremo. En tanto que la Iglesia hac\u00eda estragos, s\u00f3lo el alienado gozaba de un r\u00e9gimen de favor, s\u00f3lo \u00e9l ten\u00eda el derecho de atentar contra sus ideas: su cad\u00e1ver no era profanado ni ahorcado. Entre el estoicismo antiguo y el \u00ablibrepensamiento\u00bb moderno, entre, pongamos, S\u00e9neca y Hume, el suicidio sufre, poniendo aparte el intermedio c\u00e1taro, un largo eclipse -edad sombr\u00eda, en efecto, para todos los que, queriendo morir, no se atrev\u00edan a infringir la interdicci\u00f3n de darse la muerte.<br><br>Los achaques que han sido observados y analizados pierden algo de su gravedad y de su fuerza; una vez escrutados, se les soporta mejor. Exceptuada la tristeza. Est\u00e1 exenta de la parte de juego que entra en la melancol\u00eda; intransigente, intratable, ignora la fantas\u00eda y el capricho. Con ella no hay escapatoria ni coqueter\u00eda. Y es in\u00fatil hablar y comentarla, pues ni disminuye ni aumenta. <em>Es<\/em>.<br><br>El que no ha pensado nunca en matarse se decidir\u00e1 a ello mucho m\u00e1s prontamente que quien no cesa de pensar en ello. Como todo acto crucial es m\u00e1s f\u00e1cil de cumplir por irreflexi\u00f3n que por examen, el esp\u00edritu virgen de suicidio, una vez que se sienta impulsado a \u00e9l, no tendr\u00e1 defensa alguna contra este impulso s\u00fabito; se ver\u00e1 cegado y sacudido por la revelaci\u00f3n de una salida definitiva, que no hab\u00eda considerado antes; en tanto que el otro podr\u00e1 siempre retrasar un gesto que ha pesado y vuelto a pesar indefinidamente, que conoce a fondo y al que se resolver\u00e1 sin pasi\u00f3n, si es que alguna vez se resuelve a ello.<br><br>Los horrores de que el universo rebosa forman parte integrante de su sustancia; sin ellos, cesar\u00eda <em>f\u00edsicamente<\/em> de existir. Sacar las \u00faltimas consecuencias de esto no es cometer un \u00abhermoso\u00bb suicidio. S\u00f3lo merece el ep\u00edteto el que surge de nada, sin motivo aparente, \u00absin raz\u00f3n\u00bb: el suicidio puro. Es \u00e9l -desaf\u00edo a todas las may\u00fasculas- el que humilla, el que aplasta a Dios, a la Providencia y hasta al Destino.<br><br>Nadie se mata, como se piensa com\u00fanmente, en un acceso de demencia, sino m\u00e1s bien en un acceso de <em>insoportable<\/em> lucidez, en un paroxismo que puede, si se empe\u00f1a uno, ser asimilado a la locura, pues una clarividencia excesiva, llevada hasta su l\u00edmite y de la que quisiera uno desembarazarse a cualquier precio rebasa el cuadro de la raz\u00f3n. El momento culminante de la decisi\u00f3n no testimonia, pese a todo, ning\u00fan embotamiento: los idiotas no se matan pr\u00e1cticamente nunca; pero puede uno matarse por miedo, por presentimiento de la idiotez. El acto mismo se confunde entonces con el \u00faltimo sobresalto del esp\u00edritu que se <em>recoge<\/em>, que re\u00fane todos sus poderes y todas sus facultades antes de anularse. En el umbral de la \u00faltima derrota se prueba a s\u00ed mismo que no est\u00e1 completamente perdido. Y se pierde, en plena posesi\u00f3n instant\u00e1nea de todos sus medios.<br><br>Hemos desaprendido el arte de matarnos <em>en<\/em> <em>fr\u00edo<\/em>. Los antiguos fueron los \u00faltimos que destacaron en ello. Nosotros no concebimos m\u00e1s que el suicidio apasionado, febril, el suicidio como estado inspirado; en lo tocante al desapego, pensamos en \u00e9l como convulsivos. Aquellos sabios de antes de la Cruz sab\u00edan romper con este mundo o resignarse a \u00e9l, sin drama ni lirismo. Se ha perdido su estilo, as\u00ed como la base de su imperturbabilidad: una Providencia usurpadora vino a desalojar al Fatum de todos sitios. Y corremos a volver a encontrarle, para buscar un sost\u00e9n en \u00e9l, cuando ning\u00fan otro podr\u00eda ayudarnos ni seducirnos.<br><br>No hay nada m\u00e1s profundo ni m\u00e1s incomprensible que el Deseo. Por eso s\u00f3lo se siente uno vivir cuando se desespera de destruirlo.<br><br>Se suprima uno o no, todo permanece sin cambios. Pero la decisi\u00f3n de suprimirse parece la m\u00e1s importante que jam\u00e1s haya sido tomada. No deber\u00eda ser as\u00ed. Y, sin embargo, as\u00ed es, y nada podr\u00e1 prevalecer contra esta aberraci\u00f3n o este misterio.<br><br>Dado que nunca he coincidido m\u00e1s que con el intervalo que me separa de los seres y de las cosas, m\u00e1s que con el vac\u00edo que se abre en el centro de cada una de mis sensaciones, \u00bfc\u00f3mo no iba a asombrarme de verme suscribir lo que sea, respaldar mis afirmaciones, aliarme a mis fluctuaciones, o sea, a mis convicciones? Tanta ingenuidad me aflige y me tranquiliza.<br><br>Hay que estar \u00e1vido de absoluto para afrontar el suicidio. Pero tambi\u00e9n se le puede afrontar dudando de todo. Se comprende: cuanto m\u00e1s se busca lo absoluto, m\u00e1s, por despecho de no poder alcanzarlo, se hunde uno en la duda, la cual debe ser el reverso de una b\u00fasqueda, la conclusi\u00f3n negativa de una gran empresa, de una gran pasi\u00f3n. El absoluto es prosecuci\u00f3n; la duda, retroceso. Ese retroceso, prosecuci\u00f3n al rev\u00e9s, choca, cuando no sabe detenerse, con extremos inaccesibles para un proceso racional. Al principio no era m\u00e1s que un procedimiento; helo aqu\u00ed v\u00e9rtigo, como todo lo que camina m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed mismo. Avanzar o retroceder hacia los l\u00edmites, sondear el fondo de cualquier cosa, es encontrar necesariamente la tentaci\u00f3n de la autodestrucci\u00f3n.<br><br>En esta peque\u00f1a isla del Mediterr\u00e1neo, mucho antes de clarear el d\u00eda, hac\u00eda yo, en el camino que me conduc\u00eda al acantilado m\u00e1s abrupto, reflexiones de portera en vacaciones: tendr\u00e9 esta villa, la pintar\u00e9 de ocre, har\u00e9 poner otra cerca, etc. Pese a <em>mi<\/em> idea, me agarraba a la menor pamplina: contemplaba las pistas, remoloneaba, escamoteaba por medio de digresiones la urgencia de mi prop\u00f3sito. Un perro se puso a ladrar, despu\u00e9s me hizo fiestas y me sigui\u00f3. No se puede imaginar, si no se le ha sentido, el confortamiento que te da un animal cuando los dioses te han vuelto la espalda.<br><br>Ante un paisaje aniquilado por la luz, permanecer sereno supone una fibra que no tengo. El sol es mi proveedor de ideas negras, y el verano, la estaci\u00f3n en que siempre he considerado mis relaciones con el mundo y conmigo mismo con mayor condena de uno y otro.<br><br>Cuando se ha comprendido que nada es, que las cosas no merecen ni siquiera el estatuto de apariencias, ya no se necesita ser salvado, se est\u00e1 salvado y <em>desdichado para siempre<\/em>.<br><br>Intento -sin \u00e9xito- no sentir vanidad por nada. Cuando, empero, lo logro, siento que ya no pertenezco al bando de los mortales. Estoy entonces por encima de todo, incluso de los mismos dioses. Quiz\u00e1 eso es la muerte: una sensaci\u00f3n de grande, de extrema superioridad.<br><br>Juan Pablo llama <em>la tarde m\u00e1s importante de su vida<\/em> a aquella en que descubri\u00f3 que no hab\u00eda diferencia entre morir al d\u00eda siguiente o dentro de treinta a\u00f1os. Revelaci\u00f3n tan capital como in\u00fatil; si de vez en cuando se llega a captar lo bien fundado de ella, repugna, por el contrario, sacar las consecuencias, pues en lo inmediato la diferencia en cuesti\u00f3n le parece a cada cual irreductible, incluso absoluta: <em>existir<\/em> es probar que no se ha comprendido hasta qu\u00e9 punto es lo mismo morir ahora o cuando sea.<br><br>En vano s\u00e9 que no soy nada; a\u00fan tengo que persuadirme verdaderamente. Algo, dentro, rechaza esta verdad de la que estoy tan seguro. Este rechazo indica que me escapo en parte; y lo que en m\u00ed se escamotea a mi jurisdicci\u00f3n y mi control hace que nunca est\u00e9 seguro de poder disponer plenamente de m\u00ed mismo. De este modo, al rumiar el pro y el contra del \u00fanico gesto que importa, se llega a tener mala conciencia de estar todav\u00eda vivo.<br><br>La obsesi\u00f3n del suicidio es propia de quien no puede ni vivir ni morir, y cuya atenci\u00f3n nunca se aparta de esta doble imposibilidad.<br><br>Mientras act\u00fao, creo que lo que hago comporta un \u00absentido\u00bb, de otro modo no podr\u00eda hacerlo. En cuanto dejo de actuar, y de agente me convierto en juez, ya no encuentro el sentido en cuesti\u00f3n. Al lado del yo que sigue mis ejercicios, hay otro (el yo del yo) que les es superior: para \u00e9l, lo que hago, incluso lo que soy, no implica ni significaci\u00f3n ni realidad: es como si se tratase de sucesos lejanos, por siempre superados, cuyas razones aparentes dilucidamos sin percibir su necesidad intr\u00ednseca. Podr\u00edan sencillamente no ser, hasta tal punto nos son exteriores. Esta misma perspectiva, aplicada al conjunto de una existencia, lleva en derechura a la rumia sobre la extravagancia de haber nacido.<br><br>De la misma forma, si uno se preguntase a prop\u00f3sito de cualquier gesto lo que resultar\u00e1 de \u00e9l dentro de un a\u00f1o, de diez, de cien o de mil, ser\u00eda imposible llevarlo a cabo, ni siquiera esbozarlo. Todo acto supone una visi\u00f3n limitada, salvo el de matarse, pues procede de una visi\u00f3n vasta, tan vasta, que hace vanos e irrealizables todos los dem\u00e1s actos. A su lado, todo es futilidad e irrisi\u00f3n. S\u00f3lo \u00e9l propone una salida, quiero decir un abismo -un abismo <em>liberador<\/em>.<br><br>Contar con algo, sea lo que sea, aqu\u00ed o en otra parte, es dar prueba de que a\u00fan se arrastran cadenas. El r\u00e9probo aspira al para\u00edso; esta aspiraci\u00f3n le rebasa, le compromete. Ser libre es desembarazarse para siempre de la idea de recompensa, es no esperar nada ni de los hombres ni de los dioses, es renunciar no solamente a este mundo y a todos los mundos, sino a la misma salvaci\u00f3n, es romper hasta la idea de ella, esa cadena entre las cadenas.<br><br>El instinto de conservaci\u00f3n -pura cabezoner\u00eda y nada m\u00e1s- debe ser combatido y sus estragos denunciados. Esto se lograr\u00e1 tanto mejor cuando se rehabilite el suicidio, cuando se subraye su excelencia y cuando se le haga alegre y accesible a todos. Acto nada negativo; es \u00e9l, por el contrario, el que rescata, el que transfigura todos los actos cometidos antes de \u00e9l.<br><br>Por el m\u00e1s inexplicable de los malentendidos, la existencia ha sido declarada sagrada; no solamente no lo es, sino que no vale m\u00e1s que en la medida en que se trabaja para deshacerse de ella. Es, en el mejor de los casos, un accidente -un accidente que poco a poco se convierte en fatalidad. Cuando sabe uno a qu\u00e9 atenerse a su respecto, se enrojece de apegarse a ella y, sin embargo, se apega uno, por un largo e insensible proceso que compromete incluso a los m\u00e1s advertidos a tomarla en serio. Se deber\u00eda, por un proceso inverso, reducirla a su estado de origen, a su insignificancia primitiva. Ser\u00eda necesario para ello un esfuerzo pr\u00f3ximo al prodigio: el que lo hiciese dejar\u00eda de ser esclavo; due\u00f1o de sus d\u00edas, detendr\u00eda su sucesi\u00f3n cuando le pareciese oportuno; existir\u00eda a su discreci\u00f3n; es que habr\u00eda alcanzado su punto de partida, su estatuto verdadero: el de accidente, justamente.<br><br>\u00a1Vivir completamente sin meta! He vislumbrado este estado, lo he alcanzado a menudo, sin lograr permanecer en \u00e9l: soy demasiado d\u00e9bil para tal dicha.<br><br>Si este mundo emanase de un dios honorable, matarse ser\u00eda una audacia, una provocaci\u00f3n sin nombre. Pero como hay todos los motivos para pensar que se trata de la obra de un infra-dios, no ve uno por qu\u00e9 tendr\u00eda que preocuparse. \u00bfCon <em>qui\u00e9n<\/em> tener miramientos?<br><br>Gran beneficiario de la desaparici\u00f3n de la fe, el suicidio ser\u00e1 cada vez m\u00e1s f\u00e1cil y, por eso mismo, menos misterioso, porque habr\u00e1 gastado su prestigio de anatema. Picante y meritorio anta\u00f1o, entra ahora a formar parte de las costumbres, gana terreno y, si bien cesa de ser ins\u00f3lito, su futuro, por contrapartida, parece seguro. En el interior del universo religioso aparece como una insania y una traici\u00f3n, como la fechor\u00eda por excelencia. \u00bfC\u00f3mo se puede creer y aniquilarse? Insistamos en la hip\u00f3tesis del infra-dios, que tiene la ventaja de permitir los gestos extremos, la victoria radical sobre un mundo tarado.<br><br>Puede uno figurarse a ese creador, consciente al fin de su desvar\u00edo, declar\u00e1ndose culpable: desiste, se retira y, por un \u00faltimo prurito de elegancia, se hace justicia. Desaparece as\u00ed con su obra, sin que el hombre intervenga en ello para nada. Tal ser\u00eda una versi\u00f3n mejorada del Juicio Final.<br><br>Los suicidas prefiguran los destinos lejanos de la humanidad. Son anunciadores y, como tales, se les debe respetar; llegar\u00e1 su hora; se les celebrar\u00e1, se les har\u00e1 un homenaje p\u00fablico y se dir\u00e1 que s\u00f3lo ellos, <em>en el pasado<\/em>, lo hab\u00edan entrevisto y adivinado todo. Se dir\u00e1 tambi\u00e9n que hab\u00edan tomado la delantera, que se hab\u00edan sacrificado para indicar el camino, que fueron m\u00e1rtires a su manera: \u00bfacaso no se mataron cuando nadie estaba obligado a ello, y cuando la muerte natural alcanzaba su pleno apogeo? Supieron antes que los otros que la <em>imposibilidad<\/em> pura y simple ser\u00eda un d\u00eda el patrimonio de todos, en lugar de ser una maldici\u00f3n, un privilegio.<br><br>Se les llamar\u00e1 precursores; y lo fueron, igual que quienes, sensibles a la soberan\u00eda del mal, han incriminado a la Creaci\u00f3n: los maniqueos en el comienzo de la era cristiana y, singularmente, sus disc\u00edpulos tard\u00edos, los c\u00e1taros. Lo admirable es que esta incriminaci\u00f3n era entre estos \u00faltimos m\u00e1s frecuente entre las gentes del pueblo que entre los letrados. Para convencerse de ello, no hay m\u00e1s que consultar el <em>Manual del Inquisidor<\/em> de Bernard Gui o cualquier informe de la \u00e9poca sobre las ideas y las actuaciones de los \u00abher\u00e9ticos\u00bb. All\u00ed puede verse -detalle reconfortante- a tal mujer de un curtidor o de un comerciante de maderas teni\u00e9ndoselas con Lucifer o denunciando a nuestros primeros ancestros culpables \u00abdel acto m\u00e1s sat\u00e1nico que hay\u00bb. Estos sectarios, mejor estos visionarios, tan curiosamente desenga\u00f1ados en medio de su fervor, investidos del don de descubrir trampas diab\u00f3licas tras todos nuestros actos importantes, sab\u00edan, si era preciso, dejarse morir de hambre y esta haza\u00f1a, nada inhabitual entre ellos, se\u00f1alaba la cumbre de su doctrina. Ponerse en <em>endura<\/em>, ayunar hasta el completo agotamiento, era una pr\u00e1ctica, consecutiva a la iniciaci\u00f3n, y que ten\u00eda por misi\u00f3n preservar al \u00abconsolado\u00bb, por medio de una muerte r\u00e1pida, del peligro de apostas\u00eda o de todas clases de tentaciones.<br><br>El asco por el lado <em>\u00fatil<\/em> de la sexualidad, el horror a procrear, forman parte de la impugnaci\u00f3n de la Creaci\u00f3n: \u00bfpara qu\u00e9 multiplicar los monstruos? Si hubiera triunfado y hubiese permanecido fiel a s\u00ed mismo, el catarismo hubiese tenido como desenlace un suicidio colectivo. Tal \u00e9xito no era posible: por avanzados que estuviesen, los esp\u00edritus no estaban lo suficientemente maduros. Incluso hoy mismo est\u00e1n todav\u00eda lejos de estarlo y ser\u00e1 preciso esperar largo tiempo a\u00fan antes de que la humanidad se ponga en <em>endura<\/em>. Y esto admitiendo que se ponga alguna vez.<br><br>En el concilio de 1211 contra los Bogomilos se anatematiz\u00f3 a aquellos de entre ellos que sosten\u00edan que \u00abla mujer concibe en su vientre con la cooperaci\u00f3n de Sat\u00e1n, que Sat\u00e1n permanece all\u00ed sin retirarse hasta el nacimiento del ni\u00f1o\u00bb.<br><br>No me atrevo a suponer que el demonio pueda interesarse en nosotros hasta el punto de hacernos compa\u00f1\u00eda durante meses; pero no podr\u00eda dudar de que hayamos sido concebidos bajo su mirada y de que haya efectivamente asistido a nuestros queridos progenitores.<br><br>Esta sensaci\u00f3n de estar bloqueado para toda la eternidad, de haber pasado de moda antes de nacer, de haber ca\u00eddo demasiado bajo como para tener de qui\u00e9n apiadarse, esta certidumbre de que, mat\u00e1ndose, no se mata a nadie; es la tentaci\u00f3n del <em>mal<\/em> suicidio, la que surge no de la tristeza seg\u00fan Dios, sino seg\u00fan el diablo, para conservar la distinci\u00f3n del Ap\u00f3stol. Es tambi\u00e9n el desconsuelo en su grado m\u00e1s alto y que parece tan irremediable, que permanecer\u00eda intacto, inalterado, aunque hubiera que aprestar otro universo.<br><br>\u00bfCu\u00e1l es esta oraci\u00f3n \u00abbreve y vehemente\u00bb que la Filocalia recomienda contra los desfallecimientos y los terrores?<br><br>\u00bfPor qu\u00e9 no me mato? Si supiese <em>exactamente<\/em> lo que me lo impide, no tendr\u00eda ya m\u00e1s preguntas que hacerme puesto que habr\u00eda respondido a todas.<br><br>Para no atormentarse m\u00e1s hay que dejarse arrastrar a un profundo desinter\u00e9s, dejar de estar intrigado por este mundo o por el otro, caer en el nada-me-importa de los muertos. \u00bfC\u00f3mo mirar a un vivo sin imaginarlo cad\u00e1ver, c\u00f3mo contemplar a un cad\u00e1ver sin ponerse en su lugar? <em>Ser<\/em> supera al entendimiento, <em>ser<\/em> da miedo.<br><br>Alguien completamente <em>bueno<\/em> nunca se resolver\u00e1 a quitarse la vida. Esta proeza exige un fondo -o restos de crueldad. El que se mata hubiera podido, en ciertas condiciones, matar: suicidio y asesinato son de la misma familia. Pero el suicidio es m\u00e1s refinado, en raz\u00f3n de que la crueldad hacia uno mismo es m\u00e1s rara, m\u00e1s compleja, sin contar que se le a\u00f1ade la embriaguez de sentirse triturado por su propia conciencia.<br><br>El hombre de instintos comprometidos por la bondad no interviene en su destino ni desea crearse otro; sufre el suyo, se resigna y contin\u00faa, lejos de la exasperaci\u00f3n, de la arrogancia, de la malignidad que, en conjunto, invitan a la autodestrucci\u00f3n y la facilitan. La idea de apresurar su fin no le roza en manera alguna, tan modesto es. Se precisa, en efecto, una modestia enfermiza para aceptar morir de otra forma que por la propia mano.<br><br>\u00bfC\u00f3mo concebir que una oraci\u00f3n sea otra cosa que un mon\u00f3logo, que un \u00e9xtasis tenga un valor m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed mismo, que nuestra salvaci\u00f3n o nuestra p\u00e9rdida importen a un dios?<br><br>Y, sin embargo, es lo que habr\u00eda que poder admitir, aunque no fuese m\u00e1s que un segundo por d\u00eda.<br><br>El futuro, ese precipicio, me aterra hasta tal punto que me gustar\u00eda ver desaparecer hasta la idea de \u00e9l. Pues es en el fondo ella, mucho m\u00e1s que el deslizamiento hacia el abismo que encubre, lo que me angustia y me impide saborear el presente. Mi raz\u00f3n se tambalea ante todo lo que llega, ante todo lo que debe llegar. No es lo que me espera, es la espera en s\u00ed, es la inminencia como tal, lo que me roe y me espanta. Para hallar un simulacro de paz necesito aferrarme a un tiempo <em>sin ma\u00f1ana<\/em>, a un tiempo decapitado.<br><br>En vano repito la f\u00f3rmula de la triple renuncia: \u00abRechazo este mundo; rechazo el mundo de los antepasados, rechazo el mundo de los dioses\u00bb, cuando mido el espacio que me separa del sayal y del desierto, me hago el efecto de un <em>sanyasin<\/em> de feria.<br><br>\u00bfNo ser\u00e1 la <em>nostalgia<\/em> un signo de envejecimiento precoz? Si esto es cierto, yo soy senil de nacimiento.<br><br>No se ha escrutado el fondo de una cosa si no se la ha afrontado a la luz del anonadamiento.<br><br>Los \u00fanicos que cuentan son esos instantes en que el deseo de quedarse con uno mismo es tan potente, que preferir\u00eda uno saltarse los sesos a cruzar una palabra con nadie.<br><br>Lo dif\u00edcil para quien ha renunciado a medias es hacer lo dem\u00e1s. La existencia le pesa, sin duda, pero no ha agotado su sorpresa de existir. De aqu\u00ed vienen sus irresoluciones, y el arrepentirse de haber detenido a medio camino, sin esperanza alguna de llevar a buen t\u00e9rmino un designio concebido largo tiempo atr\u00e1s. Un fracasado de la renuncia.<br><br>Son nuestros sufrimientos los que dan cierto peso a nuestros pensamientos y les impiden convertirse en piruetas; tambi\u00e9n son ellos los que nos hacen proclamar que no hay realidad en ninguna parte, que ni ellos son reales. De este modo, nos sugieren una estratagema de defensa: triunfamos sobre ellos declar\u00e1ndolos irreales, refiri\u00e9ndolos a la enga\u00f1ifa general. Si fuesen soportables, \u00bfqu\u00e9 necesidad habr\u00eda de disminuirlos y de desenmascararlos? Como no tenemos otra salida que asimilarlos, sea a la pesadilla, sea al capricho, lo m\u00e1s c\u00f3modo es optar por este \u00faltimo.<br><br>Pens\u00e1ndolo bien, m\u00e1s vale que no haya nada. Si <em>hubiese<\/em> algo, se vivir\u00eda en la aprensi\u00f3n de no poder hacerse con ello. Puesto que no hay nada, todos los instantes son perfectos y nulos, y es indiferente gozar de ellos o no.<br><br>En lo m\u00e1s profundo del asco a m\u00ed mismo, me digo que quiz\u00e1 me calumnio, que no veo a nadie que, presa de las mismas obsesiones, hubiera podido adoptar una apariencia de viviente durante tantos a\u00f1os.<br><br>La \u00fanica manera de apartar a alguien del suicidio es empujarlo a \u00e9l. Nunca te perdonar\u00e1 tu gesto, abandonar\u00e1 su proyecto o retrasar\u00e1 su ejecuci\u00f3n, te tendr\u00e1 por un enemigo, por un traidor. Si cre\u00edas volar en su ayuda, salvarle, \u00e9l no ve en tu solicitud m\u00e1s que hostilidad y desprecio. Lo m\u00e1s extra\u00f1o es que inquir\u00eda por tu aprobaci\u00f3n, mendigaba tu complicidad. \u00bfQu\u00e9 esperaba exactamente? \u00bfNo te habr\u00e1s enga\u00f1ado sobre la naturaleza de su zozobra? \u00a1Qu\u00e9 error por su parte el dirigirse a ti! En ese estadio de su soledad, lo que hubiera debido chocarle es la imposibilidad de entenderse con otro que no fuera Dios.<br><br>Todos estamos <em>afectados<\/em>, tomamos por real lo que no lo es. El viviente, en tanto que tal, es un insensato, ciego por a\u00f1adidura: incapaz de discernir el lado ilusorio de las cosas, advierte por todas partes lo s\u00f3lido, lo lleno. En cuanto, por milagro, ve claro, se abre a la vacuidad y se expande en ella. M\u00e1s rica que la realidad a la que reemplaza, \u00e9sta nace de todo <em>sin el todo<\/em>, es fundamento y ausencia, variante abismal del ser. Pero quiere la desdicha que la tengamos por una deficiencia; de donde provienen nuestros temores y nuestros fracasos. \u00bfQu\u00e9 es, pues, para nosotros? Todo lo m\u00e1s, un di\u00e1fano callej\u00f3n sin salida, un infierno impalpable.<br><br>Empe\u00f1ado en extenuar, en reducir a la nada sus apetitos, no ha logrado m\u00e1s que estropearlos, despoj\u00e1ndolos de todo lo que ten\u00edan de sano, de estimulante: un animal de presa contrariado, minado, a\u00f1orando sus instintos de anta\u00f1o. Como sus garras se han embotado, pero no el deseo de servirse de ellas, toda su violencia se ha convertido en desolaci\u00f3n (pues la desolaci\u00f3n no es m\u00e1s que la agresividad rota, humillada, impotente para hacerse valer).<br><br>Ha comenzado por sabotear sus pasiones; despu\u00e9s les toc\u00f3 el turno a las creencias. El proceso era inexorable. Esta revelaci\u00f3n que ha presidido sus d\u00edas: <em>adherirse a cualquier cosa participa del infantilismo o del delirio<\/em>; quiz\u00e1 fuese leg\u00edtima; puede que la suscriba todav\u00eda; no por ello deja de ser atroz, intolerable. Permite durar, pero no existir; forma parte de las certezas de las que no se levanta uno jam\u00e1s.<br><br>Batallador y polemista por naturaleza, ya no batalla ni polemiza; por lo menos, con los dem\u00e1s. Los golpes que les estaban destinados se los asesta a s\u00ed mismo y es \u00e9l mismo quien los encaja. Su yo es diana. \u00bfSu yo? \u00bfQu\u00e9 yo? Ya no hay <em>a quien<\/em> golpear: ya no hay v\u00edctima ni sujeto, nada m\u00e1s que una sucesi\u00f3n de actos sin agente, un desfile an\u00f3nimo de sensaciones\u2026<br><br>\u00bfUn liberado? \u00bfUn fantasma? \u00bfUn pingajo?<br><br>\u00ab\u00bfDe qu\u00e9 le sirve al hombre ganar el mundo, si pierde su alma?\u00bb<br><br>\u00a1Ganar el mundo, perder el alma! He logrado algo mejor: he perdido ambos.<br><br>Intente lo que intente, nunca ser\u00e1 m\u00e1s que la manifestaci\u00f3n de una decadencia, patente o camuflada. Durante mucho tiempo he teorizado sobre el hombre-fuera-de-todo. Ese hombre es lo que he llegado a ser, lo que ahora encarno. Mis dudas han llegado a algo, mis negaciones han tomado cuerpo. Vivo lo que antes cre\u00eda vivir. Por fin me he encontrado un disc\u00edpulo.<br><br><\/p><p>El no liberado<\/p><p>Cuanto m\u00e1s consideramos la \u00faltima exhortaci\u00f3n del Buda: \u00abLa muerte es inherente a todas las cosas compuestas. Trabajad sin tregua en vuestra salvaci\u00f3n\u00bb, m\u00e1s nos turba la imposibilidad en que estamos de <em>sentirnos<\/em> agregado, encuentro transitorio, si no fortuito, de elementos. Nos concebimos f\u00e1cilmente tales en lo abstracto; en lo inmediato, nos rehusamos f\u00edsicamente, como si se tratase de una evidencia inasimilable. En tanto que no hayamos triunfado sobre esa repugnancia org\u00e1nica, continuaremos sufriendo ese azote con base de embrujamiento que es el apetito de existir.<\/p><p><br>Que se desenmascare a las cosas, que se las estigmatice con el nombre de apariencias, eso nada cuenta, pues admitimos oficiosamente que ocultan el ser. Nos aferramos a lo que sea, con tal de no tener que arrancarnos de esta fascinaci\u00f3n de la que proceden nuestros actos y nuestra misma naturaleza, de este deslumbramiento primordial que nos impide discernir en todo la no realidad.<br><br>Soy un \u00abser\u00bb por met\u00e1fora; si fuese uno de hecho, seguir\u00eda si\u00e9ndolo para siempre, y la muerte, desprovista de significado, no tendr\u00eda ning\u00fan imperio sobre m\u00ed. \u00abTrabajad sin descanso en vuestra salvaci\u00f3n\u00bb, es decir, no olvid\u00e9is que sois un ensamblamiento fugitivo, un compuesto cuyos ingredientes no esperan m\u00e1s que disgregarse. La salvaci\u00f3n, efectivamente, no tiene sentido m\u00e1s que si somos provisionales hasta la irrisi\u00f3n; si hubiera en nosotros el menor principio de duraci\u00f3n, estar\u00edamos salvados o perdidos desde siempre: no m\u00e1s b\u00fasqueda, no m\u00e1s horizonte. Si la liberaci\u00f3n importa, nuestra irrealidad es una verdadera chiripa.<br><br>Deber\u00edamos destituir al ser de todos sus atributos, obrar de tal modo que ya no fuese un apoyo, el <em>lugar<\/em> de todos nuestros apegos, el eterno callej\u00f3n sin salida tranquilizador, un prejuicio, el m\u00e1s enraizado de todos, aquel al que nos han acostumbrado m\u00e1s. Somos c\u00f3mplices del ser, o de lo que nos parece tal, pues no hay ser, no hay m\u00e1s que un <em>ersatz<\/em> de ser. Y aunque lo hubiera verdadero, a\u00fan har\u00eda falta desprenderse de \u00e9l y extirparlo, en vista de que todo lo que <em>es<\/em> se convierte en servidumbre y traba. Prestemos a los otros un estatuto de sombras; nos separaremos de ellos tanto m\u00e1s f\u00e1cilmente. Si somos lo bastante insensatos para creer que <em>existen<\/em>, nos exponemos a incontables sinsabores. Tengamos la prudencia de reconocer que todo lo que nos sucede, todo acaecimiento, como todo lazo, es inesencial y que, si hay un saber, lo que debe revelarnos es la ventaja de desenvolvernos entre fantasmas.<br><br>Tambi\u00e9n el pensamiento es prejuicio y traba. No libera m\u00e1s que al comienzo, cuando nos permite romper ciertos apegos; despu\u00e9s, s\u00f3lo es capaz de absorber nuestra energ\u00eda y de paralizar nuestras veleidades de liberaci\u00f3n. Lo de que no puede ayudarnos de ninguna manera queda bastante probado por la dicha que se siente cuando se le suspende. Igual que el deseo, con el que se emparienta, se nutre de su propia sustancia, le gusta manifestarse, multiplicarse; en \u00faltimo extremo, puede tender hacia la verdad, pero lo que le define es el ajetreo: pensamos por gusto del pensamiento, lo mismo que deseamos por gusto del deseo. En uno y otro caso, una fiebre en medio de ficciones, un exceso de trabajo en el interior del no saber. El que <em>sabe<\/em> est\u00e1 de vuelta de todas las f\u00e1bulas que engendran el deseo y el pensamiento, se sale de lo corriente, no consiente ya el enga\u00f1o. Pensar participa de la inagotable ilusi\u00f3n que proh\u00edja y se devora, \u00e1vida de perpetuarse y de destruirse, pensar es competir con el delirio. En tanta fiebre, lo \u00fanico sensato son las <em>pausas<\/em> en que respiramos, los momentos de parada en que damos cuenta de nuestro jadeo: la experiencia del vac\u00edo -que se confunde con la totalidad de esas pausas, de esos intervalos del delirio- implica la supresi\u00f3n moment\u00e1nea del deseo, pues es el deseo el que nos sumerge en el no saber, nos hace divagar, y nos empuja a proyectar el ser por todas partes a nuestro alrededor.<br><br>El vac\u00edo nos permite demoler la idea de ser; pero \u00e9l mismo no se ve arrastrado por este derrumbe; sobrevive a un ataque que ser\u00eda autodestructor para cualquier otra idea. Cierto es que no es una idea, sino lo que nos ayuda a deshacernos de toda idea. Cada idea representa una traba m\u00e1s; hay que desembarazar al esp\u00edritu de ellas, como nos es preciso desembarazarlo de toda creencia, obst\u00e1culo para el desistimiento. No lo lograremos m\u00e1s que elev\u00e1ndonos por encima de las operaciones del pensamiento: mientras siga ejerci\u00e9ndose, mientras haga estragos, nos impide desextricar las profundidades del vac\u00edo, perceptibles solamente cuando disminuye la fiebre del esp\u00edritu y del deseo.<br><br>Puesto que todas nuestras creencias son intr\u00ednsecamente <em>superficiales<\/em> y no tienen alcance m\u00e1s que sobre apariencias, de aqu\u00ed se sigue que unas y otras est\u00e1n al mismo nivel, en el mismo grado de irrealidad. Estamos constituidos para vivir con ellas, estamos obligados a ello: forman los elementos de nuestra maldici\u00f3n ordinaria, cotidiana. Por eso, cuando sucede que las ponemos a la luz y las barremos, entramos en lo inaudito, en una dilataci\u00f3n al lado de la cual todo parece p\u00e1lido, epis\u00f3dico, incluso esta maldici\u00f3n. Nuestras fronteras retroceden, si es que las tenemos a\u00fan. El vac\u00edo -yo sin yo- es la liquidaci\u00f3n de la aventura del \u00abyo\u00bb, es el ser sin ninguna huella de ser, un hundimiento dichoso, un desastre incomparable.<br><br>(El peligro es convertir el vac\u00edo en sustituto del ser y apartarlo as\u00ed de su funci\u00f3n esencial, que es entorpecer el mecanismo del apego. Pero si \u00e9l mismo llega a ser objeto de apego, \u00bfno habr\u00eda valido m\u00e1s limitarse al ser y al cortejo de ilusiones que le sigue? Para vencer nuestros apegos, debemos aprender a no adherirnos a nada, sino <em>a la nada<\/em> de la libertad.)<br><br>El ideal ser\u00eda perder <em>sin sufrir por ello<\/em> el gusto por los seres y las cosas. Cada d\u00eda nos har\u00eda falta honrar a alguien, criatura u objeto, renunciando a \u00e9l. Llegar\u00edamos as\u00ed, tras recorrer las apariencias y despedirlas una tras otra, al perpetuo desistimiento, al secreto mismo de la alegr\u00eda. Todo lo que nos apropiamos, los conocimientos a\u00fan m\u00e1s que las adquisiciones materiales, no hace m\u00e1s que alimentar nuestra ansiedad; \u00a1a cambio, qu\u00e9 quietud, qu\u00e9 resplandor cuando se apacigua est\u00e1 b\u00fasqueda desenfrenada de bienes, <em>incluso espirituales<\/em>! Ya es grave decir \u00abyo\u00bb, m\u00e1s grave a\u00fan decir \u00abm\u00edo\u00bb, pues eso supone un suplemento de desplome, un refuerzo de nuestro enfeudamiento al mundo. Es un consuelo la idea de que no se posee nada, de que no se es nada; el consuelo supremo reside en la victoria sobre esa misma idea.<br><br>Tanto se adhiere al ser la ansiedad, que le es preciso arrancarse de \u00e9l si quiere ser vencida. \u00bfQue aspira a reposarse en Dios? No lo logra m\u00e1s que en la medida en que \u00c9l es superior al ser o, por lo menos, contiene una zona en que el ser se adelgaza, se rarifica: es ah\u00ed donde, no teniendo ya a qu\u00e9 agarrarse, la ansiedad se libera y se aproxima a esos confines en los que Dios, liquidando sus \u00faltimos restos de ser, se deja tentar por el vac\u00edo.<br><br>El sabio, es algo que el Oriente ha sabido siempre, se reh\u00fasa a hacer planes, no <em>proyecta<\/em> nunca. T\u00fa ser\u00edas, pues, una especie de sabio. En verdad, algunos proyectos s\u00ed que haces, pero te repugna ejecutarlos. Cuanto m\u00e1s meditas uno, m\u00e1s, cuando lo abandonas, experimentas un bienestar que puede alzarse hasta el \u00e9xtasis.<br><br>Todo el mundo vive en y del proyecto, consecuencia del no saber: obnubilaci\u00f3n metaf\u00edsica que alcanza las dimensiones de la especie. Para el que no est\u00e1 obnubilado, el futuro y, con mayor raz\u00f3n a\u00fan, todo acto que se inserte en \u00e9l, no es m\u00e1s que enga\u00f1o, espejismo generador de asco y de espanto.<br><br>Lo que importa no es producir, sino comprender. Y comprender significa discernir el grado de despertar al que un ser ha llegado, su capacidad de percibir la suma de irrealidad que entra en cada fen\u00f3meno.<br><br>Ateng\u00e1monos a lo concreto y a lo vac\u00edo, proscribamos todo lo que se sit\u00faa entre los dos: \u00abcultura\u00bb, \u00abcivilizaci\u00f3n\u00bb, \u00abprogreso\u00bb, rumiemos la mejor f\u00f3rmula que se ha encontrado en este mundo: el trabajo manual en un convento\u2026 No hay verdad m\u00e1s que en el derroche f\u00edsico y en la contemplaci\u00f3n; el resto es accidental, in\u00fatil, malsano. La salud consiste en el ejercicio y en la vacuidad, en los m\u00fasculos y en la meditaci\u00f3n; en ning\u00fan caso en el pensamiento. Meditar es absorberse en una idea y perderse en ella, en tanto que pensar es saltar de una idea a otra, complacerse en la cantidad, almacenar nader\u00edas, perseguir concepto tras concepto, meta tras meta. Meditar y pensar son dos actividades divergentes, l\u00e9ase incompatibles.<br><br>\u00bfLimitarse al vac\u00edo no es igualmente una forma de b\u00fasqueda? Sin duda, pero es buscar la ausencia de b\u00fasqueda, aspirar a una meta que aparte de golpe todas las otras. Vivimos en la inquietud porque ninguna meta sabr\u00eda satisfacernos, porque sobre todos nuestros deseos y, con mayor raz\u00f3n, sobre el ser en tanto que ser, planea una fatalidad que afecta forzosamente a esos accidentes que son los individuos. Nada de lo que se actualiza escapa a la decadencia. El vac\u00edo -salto fuera de esa fatalidad- es, como todo producto del quietismo, de esencia antitr\u00e1gica. Gracias a \u00e9l deber\u00edamos aprender a encontrarnos, remont\u00e1ndonos hacia nuestros or\u00edgenes, hacia nuestra eterna virtualidad. \u00bfAcaso no pone fin a todos nuestros deseos? \u00a1Y qu\u00e9 son \u00e9stos, en su conjunto, al lado de un solo instante en que no se persiga ni se experimente ninguno! La dicha no est\u00e1 en el deseo, sino en la ausencia de deseo, m\u00e1s exactamente en el entusiasmo por esa ausencia, en la cual quisiera uno revolcarse, abismarse, desaparecer, <em>exclamar<\/em>\u2026<br><br>Cuando el mismo vac\u00edo nos parece demasiado pesado o demasiado impuro, nos precipitamos hacia una desnudez m\u00e1s all\u00e1 de toda forma concebible de espacio, mientras que el \u00faltimo instante del tiempo se junta con el primero y se disuelve en \u00e9l.<br><br>Limpiemos la conciencia de todo lo que engloba, de todos los universos que arrastra, purgu\u00e9mosla al mismo tiempo que la percepci\u00f3n, confin\u00e9monos en el blanco, olvidemos todos los colores, salvo el que los niega. \u00a1Qu\u00e9 paz en cuanto se anula la diversidad, en cuanto se hurta al calvario del matiz y se precipita en lo <em>unitario<\/em>! La conciencia como forma pura, y despu\u00e9s la ausencia incluso de conciencia.<br><br>Para evadirnos de lo intolerable, busqu\u00e9monos un derivativo, un escape, una regi\u00f3n en la que ninguna sensaci\u00f3n se digne tomar un nombre ni ning\u00fan apetito se encarne, recobremos el reposo inicial, hagamos abolir, con el pasado., la odiosa memoria y, sobre todo, la conciencia, nuestra enemiga de siempre, cuya misi\u00f3n es empobrecernos, gastarnos. La inconsciencia, por el contrario, es nutritiva, fortifica, nos hace participar en nuestros comienzos, en nuestra integridad primitiva, y nos vuelve a sumergir en el caos bienhechor anterior a la <em>herida<\/em> de la individuaci\u00f3n.<br><\/p><p><em>Nada importa<\/em>: descubrimiento grande donde los haya del que nadie ha sabido sacar provecho. A este descubrimiento, que se reputa deprimente, s\u00f3lo el vac\u00edo, del que es divisa, puede darle un tono exaltante, s\u00f3lo \u00e9l se atarea en convertir lo negativo en positivo, lo irreparable en posible. Que no hay <em>s\u00ed mismo<\/em><a href=\"file:\/\/\/C:\/Users\/maria\/AppData\/Local\/Temp\/d5fkpun2.2np\/52.xhtml#82\">* es algo que sabemos, pero es un saber gravado de prejuicios. Felizmente, ah\u00ed est\u00e1 el vac\u00edo, y cuando el s\u00ed mismo se desvanece, ocupa su lugar, ocupa el lugar de todo, colma nuestras esperas, nos trae la certeza de nuestra no-realidad. El vac\u00edo, es el abismo <em>sin v\u00e9rtigo<\/em>.<\/a><\/p><p><br>Por instinto, nos inclinamos ante el s\u00ed mismo; todo en nosotros lo reclama: satisface nuestras exigencias de continuidad, de solidez, nos confiere, contra toda evidencia, una dimensi\u00f3n intemporal: no hay nada m\u00e1s normal que aferrarnos a ella, incluso la ponemos en cuesti\u00f3n y divulgamos su impostura: el s\u00ed mismo es el <em>reflejo<\/em> de todo viviente\u2026 Nada importa que parezca inconcebible en cuanto lo consideramos fr\u00edamente: se desmigaja, se desvanece, no es m\u00e1s que el s\u00edmbolo de una ficci\u00f3n.<br><br>Nuestro primer movimiento nos lleva hacia la embriaguez de la identidad, hacia el sue\u00f1o de la indistinci\u00f3n, hacia el <em>atman<\/em>, el cual responde a nuestras apetencias m\u00e1s profundas y m\u00e1s secretas. En cuanto, desenga\u00f1ados, tomamos nuestras distancias, abandonamos el fondo <em>supuesto<\/em> de nuestro ser, para volvernos hacia la destructibilidad fundamental, cuyo conocimiento y experiencia, cuya obsesi\u00f3n disciplinada nos conduce al nirvana, a la <em>plenitud<\/em> en el vac\u00edo.<br><br>Es porque nos da la ilusi\u00f3n de la permanencia, es porque promete lo que no puede mantener, por lo que la idea de absoluto es sospechosa, por no decir perniciosa. Tocados en nuestra ra\u00edz, nada preparados para durar, perecederos hasta en nuestra esencia, no es de consuelo de lo que tenemos necesidad, sino de curaci\u00f3n. El absoluto no resuelve nuestras perplejidades ni suprime nuestros males: no es m\u00e1s que un mal menor y un paliativo. Una doctrina que le preconice es verdadera en tanto que se limite al an\u00e1lisis, en tanto que denuncie las apariencias; inspira dudas en cuanto les opone una realidad \u00faltima. En cuanto se abandona el reino de lo ilusorio y se encarniza uno en sustituirlo por lo indestructible, se resbala hacia la mentira. Si se miente menos con el vac\u00edo es porque no se le busca por s\u00ed mismo, por la verdad que se supone que contiene, sino por sus virtudes terap\u00e9uticas; se hace con \u00e9l una cura, se imagina uno que enderezar\u00e1 la m\u00e1s antigua desviaci\u00f3n del esp\u00edritu, que consiste en suponer que algo existe\u2026<br><br>Animal mutilado, el hombre ha superado el estadio en que se contenta uno con una \u00abesperanza\u00bb; lo que espera no es otro artificio, sino la liberaci\u00f3n. \u00bfQui\u00e9n se la traer\u00e1? En este punto, el \u00fanico que importa, el cristianismo se ha revelado menos socorrido que el budismo y la especulaci\u00f3n occidental menos eficaz que la oriental. \u00bfPara qu\u00e9 ocuparnos de abstracciones insensibles a nuestros gritos o de redentores empe\u00f1ados en irritar nuestras llagas? \u00bfY qu\u00e9 esperar a\u00fan de esta parte del mundo que ve en el contemplativo un ab\u00falico y en el despierto un despellejado?<br><br>Tenemos necesidad de alguna sacudida salvadora. Es incre\u00edble que un Santo Tom\u00e1s haya visto en el estupor un \u00abobst\u00e1culo para la meditaci\u00f3n filos\u00f3fica\u00bb, dado que es precisamente cuando se est\u00e1 \u00abestupefacto\u00bb el punto en que se comienza a <em>comprender<\/em>, es decir, a percibir la inanidad de todas las \u00abverdades\u00bb. El estupor s\u00f3lo nos aturde para despertarnos mejor: nos abre, nos entrega a lo esencial. Una plena experiencia metaf\u00edsica no es otra cosa sino un estupor ininterrumpido, un estupor triunfal.<br><br>Es un signo de indigencia no poder abrirse al vac\u00edo purificador, al vac\u00edo apaciguador. Estamos tan bajo y tan encallados en nuestras filosof\u00edas que no hemos podido concebir m\u00e1s que la nada, versi\u00f3n s\u00f3rdida del vac\u00edo. Todas nuestras incertidumbres, todas nuestras miserias y nuestros terrores, las hemos proyectado ah\u00ed, pues \u00bfqu\u00e9 es en definitiva la nada sino un complemento abstracto del infierno, un logro de r\u00e9probos, el m\u00e1ximo esfuerzo hacia la lucidez que pueden realizar seres ineptos para la liberaci\u00f3n? Demasiado manchada de nuestras impurezas para que nos permita saltar hacia un concepto virgen como lo es para nosotros el de vac\u00edo (que ni es heredero del infierno ni est\u00e1 contaminado por \u00e9l); la nada, en verdad, no representa m\u00e1s que un extremo est\u00e9ril, una salida desencaminada, vagamente f\u00fanebre, muy pr\u00f3xima de esas tentativas de renunciamiento que terminan por agriarse porque se mezclan demasiados remordimientos.<br><br>El vac\u00edo es la nada desprovista de sus calificaciones negativas, la nada transfigurada. Si llegamos a probarlo, nuestras relaciones con el mundo se encuentran modificadas, algo cambia en nosotros, aunque guardamos nuestros antiguos defectos. Pero no somos ya de <em>aqu\u00ed<\/em> de la misma manera que antes. Por eso es saludable recurrir al vac\u00edo en nuestras crisis de furor: nuestros peores impulsos se embotan al contacto con \u00e9l. Sin \u00e9l, \u00bfqui\u00e9n sabe?, quiz\u00e1 estuvi\u00e9semos ahora en el penal o con la camisa de fuerza. La lecci\u00f3n de abdicaci\u00f3n que nos dispensa nos invita tambi\u00e9n a un comportamiento m\u00e1s matizado frente a nuestros denigradores, a nuestros enemigos. \u00bfHay que matarlos o hay que perdonarlos? \u00bfQu\u00e9 hace m\u00e1s da\u00f1o, qu\u00e9 roe m\u00e1s: la venganza o la victoria sobre la venganza? \u00bfC\u00f3mo resolverlo? En la incertidumbre, prefiramos el <em>suplicio<\/em> de no vengarnos.<br><br>Tal es la concesi\u00f3n l\u00edmite que puede hacerse si no se es un santo.<br><br>S\u00f3lo est\u00e1 maduro para la liberaci\u00f3n aquel a quien oprime la universalidad del tormento. Buscar liberarse, sin la conciencia de ese tormento, es imposibilidad o vicio. No hay liberaci\u00f3n gratuita; hay que liberarse de algo, en este caso de la omnipresencia de lo intolerable -que se experimenta tanto en la hip\u00f3tesis del ser como del no ser, puesto que cosas y apariencias de cosas hacen sufrir lo mismo. Pero la hip\u00f3tesis de la vacuidad presenta, pese a todo, una ventaja: arroja una luz m\u00e1s clara sobre la desmesura del tormento, sobre las proporciones que toma y la inanidad de la causa que le provoca. Siempre se tortura uno demasiado, ya sea este mundo real o irreal. La mayor\u00eda, es cierto, ignoran hasta qu\u00e9 punto sufren. El privilegio de la conciencia es despertarse ante lo atroz, percibir la ilusi\u00f3n lancinante de la que son presa los seres.<br><br>Sucede con la liberaci\u00f3n como con la salvaci\u00f3n cristiana: tal te\u00f3logo, en su escandalosa ingenuidad, cree en la redenci\u00f3n, negando al mismo tiempo el pecado original; pero si el pecado no es consustancial con la humanidad, \u00bfqu\u00e9 sentido hay que atribuir a la venida del redentor, a quien vino a redimir? De ning\u00fan modo accidental, nuestra corrupci\u00f3n es permanente, es de siempre. Igual la iniquidad: abusivamente tachada de \u00abmisterio\u00bb, es una evidencia, es incluso lo que hay de m\u00e1s <em>visible<\/em> en este mundo, en el que para poner las cosas en orden har\u00eda falta un salvador para cada generaci\u00f3n o, mejor, para cada individuo.<br><br>En cuanto se deja de desear, se convierte uno en ciudadano de todos los mundos y de ninguno; se es de aqu\u00ed por el deseo; una vez superado el deseo, no se es ya de ninguna parte y ya no se tiene nada que envidiar a un santo o a un espectro.<br><br>Puede suceder que haya felicidad en el deseo, pero la beatitud no aparece m\u00e1s que all\u00ed donde se rompe toda atadura. La beatitud no es compatible con este mundo. Por ella el eremita destruye todos sus lazos, por ella se destruye.<br><br>La orina de vaca era el \u00fanico medicamento que los monjes estaban autorizados a emplear en las primeras comunidades b\u00fadicas. No hay restricci\u00f3n m\u00e1s sensata. Si se persigue la paz, no se la alcanzar\u00e1 m\u00e1s que rechazando todo lo que es factor de turbaci\u00f3n, todo lo que el hombre ha injertado en la sencillez, en la salud original. Nada revela mejor nuestra decadencia que el espect\u00e1culo de una farmacia: todos los remedios deseables para cada uno de nuestros males, pero ninguno para nuestro mal esencial, para aquel del que ninguna invenci\u00f3n humana podr\u00e1 curarnos.<br><br>Si creerse <em>\u00fanico<\/em> es debido a una ilusi\u00f3n, \u00e9sta es, convengamos en ello, tan total, tan imperiosa, que es leg\u00edtimo preguntarnos si podemos todav\u00eda llamarla as\u00ed. \u00bfC\u00f3mo desistir de lo que no volveremos a encontrar jam\u00e1s, de esa nada inaudita y lamentable que lleva nuestro nombre? La ilusi\u00f3n en cuesti\u00f3n, fuente de todos los tormentos que no podemos vencerla m\u00e1s que a favor de un torbellino s\u00fabito que, arrastrando nuestro yo, nos deje <em>solos<\/em>, sin nadie, sin nosotros mismos\u2026<br><br>Por desdicha, no podemos exterminar nuestros deseos; podemos solamente debilitarlos, comprometerlos. Estamos acorralados en el yo, en el veneno del \u00abyo\u00bb. S\u00f3lo cuando escapamos de ah\u00ed, cuando nos figuramos escapar, tenemos alg\u00fan derecho a emplear las grandes palabras que usa la verdadera, y la falsa, m\u00edstica. No existe conversi\u00f3n radical: se convierte uno <em>con su naturaleza<\/em>. Incluso el Buda tras la Iluminaci\u00f3n no era m\u00e1s que Siddharta Gautama <em>m\u00e1s el conocimiento<\/em>.<br><br>Todo lo que se cree haber ahogado vuelve a salir a la superficie tras un cierto tiempo: defectos, vicios y obsesiones. Las imperfecciones m\u00e1s patentes de las que se ha \u00abcorregido\u00bb uno retornan disfrazadas, pero tan molestas como antes. El trabajo que se habr\u00e1 tomado uno para deshacerse de ellas no habr\u00e1 sido, empero, completamente in\u00fatil. Tal deseo, alejado durante mucho tiempo, vuelve a aparecer; pero <em>sabemos<\/em> que ha vuelto; ya no nos lacera en secreto ni nos coge desprevenidos; nos domina, nos avasalla, seguimos siendo sus esclavos, es cierto, pero esclavos que consienten. Toda sensaci\u00f3n <em>consciente<\/em> es una sensaci\u00f3n que hemos combatido sin \u00e9xito. Nos aflige de otro modo, pues su victoria la habr\u00e1 expulsado de nuestra vida profunda.<br><br>En todo encuentro hemos escogido lo m\u00e1s f\u00e1cil: Dios o sus suced\u00e1neos, <em>personas<\/em> en todo caso, para tener con quien charlar o polemizar. Hemos sustituido la contemplaci\u00f3n por la tensi\u00f3n, creando as\u00ed entre la divinidad y nosotros relaciones enfadosamente pasionales. S\u00f3lo los hombres que buscan, pero que no quieren <em>encontrar<\/em> han podido convertirse en virtuosos del drama interior. El gran descubrimiento moderno es el <em>malestar espiritual<\/em>, descoyuntamiento entre la sustancia y la vacuidad, m\u00e1s precisamente entre los simulacros de una y de otra. De aqu\u00ed viene el culto a la singularidad en todos los dominios. Literariamente, un error raro vale m\u00e1s que una verdad probada, conocida, aceptada. Lo ins\u00f3lito, por el contrario, no tiene ning\u00fan valor en el plano espiritual, en donde s\u00f3lo cuenta el grado de profundizamiento en una experiencia.<br><br>Seg\u00fan el Bhagavad-Gita, est\u00e1 perdido para este mundo y para el otro quien se \u00abentregue a la duda\u00bb, esa misma duda que el budismo, por su lado, cita entre los cinco obst\u00e1culos para la salvaci\u00f3n. Y es que la duda no es un profundizamiento, sino un estancamiento, v\u00e9rtigo del estancamiento\u2026 Con ella, es imposible ponerse en camino y llegar a la meta; es rumia y nada m\u00e1s. Cuando se cree uno m\u00e1s alejado, vuelve a caer en ella y todo comienza de nuevo. Es preciso que <em>explote<\/em> para que pueda uno internarse en la vida de la emancipaci\u00f3n. Sin ese estallido, que debe pulverizar hasta las razones m\u00e1s leg\u00edtimas de dudar, se eterniza uno en el malestar, se lo cultiva, se evitan las grandes resoluciones, se roe uno y se complace en roerse.<br><br>De la pasi\u00f3n de borrarse, de no dejar huellas, es incapaz quien se apega a su nombre y a su obra, y, todav\u00eda m\u00e1s, quien sue\u00f1a con un nombre o una obra, el vacilante, en suma: \u00e9se, si se obstina en la salvaci\u00f3n, no lograr\u00e1, en el mejor de los casos, m\u00e1s que un <em>atascamiento<\/em> en el nirvana\u2026<br><br>No se figura uno un m\u00edstico <em>amargo<\/em>. Saber seg\u00fan el mundo, sequedad clarividente, exceso de lucidez sin dimensi\u00f3n interior, la amargura es patrimonio de quien, habiendo hecho trampa en sus relaciones con lo absoluto y consigo mismo, ya no sabe a qu\u00e9 dedicarse ni a qui\u00e9n dirigirse. Es, pese a todo, m\u00e1s frecuente de lo que se imagina; es normal, cotidiana, el lote de cada uno. La alegr\u00eda, en contrapartida, fruto de una hora excepcional, parece surgir de un desequilibrio, de un desarreglo en lo m\u00e1s \u00edntimo de nuestro ser, hasta tal punto se contradice con las evidencias en que vivimos. \u00bfY si viniese de <em>otro sitio<\/em>, de m\u00e1s lejos que nosotros mismos? Es dilataci\u00f3n, y toda dilataci\u00f3n participa de otro mundo, mientras que la amargura es compresi\u00f3n, incluso si el infinito se yergue como trasfondo. Pero es un infinito que aplasta en lugar de liberar.<br><br>No, no puede ser concebible que la alegr\u00eda sea un desarreglo, a\u00fan menos que no venga de ninguna parte; es tan plena, tan envolvente, tan maravillosamente insoportable, que no se la sabr\u00eda hacer frente sin alguna referencia suprema. En todo caso, es ella, y s\u00f3lo ella la que permite concebir que puedan forjarse dioses <em>por necesidad de gratitud<\/em>.<br><br>Puede imaginarse sin esfuerzo la forma en que hablar\u00eda un hombre de hoy si le fuese preciso pronunciarse sobre la \u00fanica religi\u00f3n que ha aportado una f\u00f3rmula radical de salvaci\u00f3n:<br><br>\u00abLa b\u00fasqueda de la liberaci\u00f3n no se justifica m\u00e1s que si se cree en la trasmigraci\u00f3n, en el vagabundeo indefinido del yo y si se aspira a ponerle un t\u00e9rmino. Pero nosotros, que no creemos en ella, \u00bfa qu\u00e9 le pondremos t\u00e9rmino?, \u00bfa esta duraci\u00f3n \u00fanica e \u00ednfima? Es manifiestamente demasiado breve para que merezca la fatiga de sustraerse a ella. Para el budista, es una pesadilla la perspectiva de otras existencias; para nosotros el cese de \u00e9sta, de esta pesadilla. En lo tocante a pesadillas, dadnos mejor otra, estar\u00edamos tentados de clamar, a fin de que nuestras desgracias no se acaben demasiado pronto, a fin de que tengan la oportunidad de seguirnos a lo largo de varias vidas.<br><br>La liberaci\u00f3n no corresponde a una necesidad m\u00e1s que para quien se siente <em>amenazado<\/em> por un suplemento de existencia, para quien teme la fatigosa tarea de morir y volver a morir. Pero nosotros, condenados a no reencarnarnos, \u00bfpara qu\u00e9 molestarnos por liberarnos de una nader\u00eda?, \u00bfpara sacudirnos un terror cuyo fin est\u00e1 a la vista? \u00bfPara qu\u00e9, tambi\u00e9n, perseguir una irrealidad suprema, cuando todo en este mundo es <em>ya<\/em> irreal? No se toma uno la molestia de desembarazarse de algo tan poco justificado, tan poco <em>fundado<\/em>.<br><br>\u00abA un aumento de ilusi\u00f3n y de tormento es a lo que aspira cada uno de nosotros, cada uno de los que no tienen la suerte de creer en la ronda interminable de los nacimientos y de las muertes. Suspiramos por la maldici\u00f3n de renacer. El Buda se tom\u00f3 much\u00edsimo trabajo para lograr \u00bfel qu\u00e9?, la muerte <em>definitiva<\/em>: es lo que nosotros estamos seguros de obtener sin meditaciones ni mortificaciones, sin esfuerzo alguno.\u00bb<br><br>\u2026 As\u00ed, m\u00e1s o menos, se expresar\u00eda ese ca\u00eddo, si consintiese en desvelar el fondo de su pensamiento. \u00bfQui\u00e9n osar\u00eda tirarle la primera piedra? \u00bfQui\u00e9n no se ha hablado a s\u00ed mismo de este modo? Estamos tan hundidos en nuestra propia historia, que quisi\u00e9ramos que se perpetuase sin tregua. Pero se viva una o mil veces, se disponga de una hora o de todas, el problema es el mismo: un insecto y un dios no deber\u00edan diferir en su manera de mirar el hecho de existir como tal, que es tan aterrador (como s\u00f3lo un milagro puede serlo), que cuando se fija uno en \u00e9l se concibe la voluntad de desaparecer para siempre, para no tener que considerarlo de nuevo en otras existencias. Sobre este hecho hizo hincapi\u00e9 el Buda, y es dudoso que hubiera modificado sus conclusiones si hubiese dejado de creer en el mecanismo de la trasmigraci\u00f3n.<br><br>Encontrar que todo carece de fundamento y no acabar ah\u00ed, esta aparente inconsecuencia no es tal: llevada a su extremo, la percepci\u00f3n del vac\u00edo coincide con la percepci\u00f3n del todo, con la <em>entrada<\/em> en el todo. Por fin se comienza a <em>ver<\/em>, ya no se anda a tientas, uno se cerciora, se reafirma. Si existe una esperanza de salvaci\u00f3n fuera de la fe, hay que buscarla en esa facultad de <em>enriquecerse<\/em> al contacto con la irrealidad.<br><br>Incluso si la experiencia del vac\u00edo no fuese m\u00e1s que un enga\u00f1o, merecer\u00eda la pena ser intentada. Lo que se propone, lo que intenta, es reducir a nada la vida y la muerte, y esto con el \u00fanico prop\u00f3sito de hac\u00e9rnoslas soportables. Si a veces lo logra, \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s podemos desear? Sin ella, no hay remedio para la invalidez del ser, ni esperanza de reintegrarse, aunque s\u00f3lo fuera por breves instantes, a la dulzura de antes del nacimiento, a la luz de la pura anterioridad.<br><br><\/p><p>Pensamientos estrangulados<\/p><p><br>I<br><\/p><p>Una interrogaci\u00f3n rumiada indefinidamente te zapa tanto como un dolor sordo.<\/p><p><br>\u00bfEn qu\u00e9 autor antiguo he le\u00eddo que la tristeza era debida a la \u00abdisminuci\u00f3n de la velocidad\u00bb de la sangre?<br><br>Sin duda se trata de eso: <em>sangre estancada<\/em>.<br><br>Se est\u00e1 acabado, se es un muerto en vida, no cuando se deja de amar, sino de odiar. El odio conserva: en \u00e9l, en su qu\u00edmica, reside el \u00abmisterio\u00bb de la vida. Por algo es el mejor t\u00f3nico nunca encontrado, tolerado adem\u00e1s por cualquier organismo, por d\u00e9bil que sea.<br><br>Hay que pensar en Dios y no en la religi\u00f3n, en el \u00e9xtasis y no en la m\u00edstica.<br><br>La diferencia entre el te\u00f3rico de la fe y el creyente es tan grande como la que hay entre el psiquiatra y el loco.<br><br>Lo propio de un esp\u00edritu rico es no retroceder ante la necedad, ese espantajo de los delicados; de donde les viene su esterilidad a \u00e9stos.<br><br>Formar m\u00e1s proyectos de los que concibe un explorador o un estafador y estar, sin embargo, tocado en la ra\u00edz misma de la voluntad.<br><br>\u00bfQu\u00e9 es un \u00abcontempor\u00e1neo\u00bb? Alguien a quien se desear\u00eda matar, sin saber demasiado bien c\u00f3mo.<br><br>El refinamiento es signo de vitalidad deficiente, en arte, en amor y en todo.<br><br>Tira y afloja de cada instante entre la nostalgia del diluvio y la embriaguez de la rutina.<br><br>Tener el vicio del escr\u00fapulo, ser un aut\u00f3mata del remordimiento.<br><br>Felicidad aterradora. Venas en las que se dilatan miles de planetas.<br><br>La cosa m\u00e1s dif\u00edcil del mundo es ponerse en el diapas\u00f3n del ser y coger el <em>tono<\/em>.<br><br>La enfermedad da sabor a la miseria, salpimenta y <em>realza<\/em> la pobreza.<br><br>El esp\u00edritu no avanza m\u00e1s que si tiene la paciencia de dar vueltas sobre s\u00ed mismo, es decir, de <em>profundizar<\/em>.<br><br>Primer deber al levantarse: avergonzarse de uno mismo.<br><br>El miedo fue el inagotable alimento de su vida. Estaba inflado, henchido, obeso de miedo.<br><br>Lo que corresponde a quien se ha rebelado demasiado es no tener ya energ\u00eda m\u00e1s que para la decepci\u00f3n.<br><br>No hay afirmaci\u00f3n m\u00e1s falsa que la de Or\u00edgenes, seg\u00fan la cual cada alma tiene el cuerpo que se merece.<br><br>En todo profeta coexisten el gusto por el futuro y la aversi\u00f3n por la dicha.<br><br>Desear la gloria es preferir morir despreciado que olvidado.<br><br>\u00a1Pensar de golpe que se tiene un <em>cr\u00e1neo<\/em>, y no perder inmediatamente la raz\u00f3n!<br><br>El sufrimiento te hace vivir el tiempo detalladamente, instante tras instante. \u00a1Es decir, si existe para ti! Resbala sobre los otros, sobre los que no sufren; de este modo, es cierto que no viven en el tiempo, e incluso que no han vivido jam\u00e1s.<br><br>El sentimiento de maldici\u00f3n lo conoce s\u00f3lo aquel que sabe que lo experimentar\u00eda en el mismo coraz\u00f3n del para\u00edso.<br><br>Todos nuestros pensamientos est\u00e1n en funci\u00f3n de nuestras miserias. Si comprendemos algunas cosas, el m\u00e9rito es s\u00f3lo de las lagunas de nuestra salud.<br><br>Si uno no creyese en su \u00abbuena estrella\u00bb, no se podr\u00eda efectuar el menor acto sin esfuerzo: beber un vaso de agua parecer\u00eda una empresa gigantesca e incluso insensata.<br><br>Te piden actos, pruebas, obras y todo lo que puedes producir son llantos <em>transformados<\/em>.<br><br>El ambicioso no se resigna a la oscuridad m\u00e1s que despu\u00e9s de haber agotado todas las reservas de amargura de que dispon\u00eda.<br><br>Sue\u00f1o con una lengua en la que las palabras, como los pu\u00f1os, rompiesen las mand\u00edbulas.<br><br>No tener gusto m\u00e1s que por el himno, la blasfemia, la epilepsia\u2026<br><br>Concebir un pensamiento, un solo y \u00fanico pensamiento, pero que hiciese pedazos el universo.<br><br>S\u00f3lo en la medida en que no nos conocemos podemos realizarnos y producir. Es fecundo quien se enga\u00f1a sobre los motivos de sus actos, aquel a quien repugna pesar sus defectos y sus m\u00e9ritos, quien presiente y teme el callej\u00f3n sin salida al que nos conduce la visi\u00f3n exacta de nuestras capacidades. El creador que llega a ser transparente para s\u00ed mismo, ya no crea: conocerse es ahogar sus dones y su demonio.<br><br>No existe ning\u00fan medio de <em>demostrar<\/em> que es preferible ser que no ser.<br><br>\u00abNo dejes nunca que la melancol\u00eda te invada, pues impide todo bien\u00bb, se dice en el serm\u00f3n de Tauler sobre el \u00abbuen uso de cada jornada\u00bb.<br><br>\u00a1Qu\u00e9 mal empleo he hecho de cada uno de mis d\u00edas!<br><br>He reprimido todos mis entusiasmos; pero existen, constituyen mis reservas, mi fondo inexplorado, mi <em>futuro<\/em>, quiz\u00e1s.<br><br>El esp\u00edritu <em>desfondado<\/em> por la lucidez.<br><br>Mis dudas no han podido acabar con mis automatismos. Contin\u00fao haciendo gestos a los que me es imposible adherirme. Superar el drama de esta <em>insinceridad<\/em> ser\u00eda renegar de m\u00ed y anularme.<br><br>No se cree realmente m\u00e1s que mientras se ignora que se debe implorar. Una religi\u00f3n no est\u00e1 viva m\u00e1s que antes de la elaboraci\u00f3n de las oraciones.<br><br>Toda forma de impotencia y de fracasos comporta un car\u00e1cter positivo <em>en el orden metaf\u00edsico<\/em>.<br><br>Nada podr\u00e1 quitarme del esp\u00edritu que este mundo es el fruto de un dios tenebroso cuya sombra prolongo, y que me corresponde agotar las consecuencias de la maldici\u00f3n suspendida sobre \u00e9l y su obra.<br><br>El psicoan\u00e1lisis llegar\u00e1 a estar un d\u00eda completamente desacreditado, de eso no cabe duda. Pero eso no impide que haya destruido nuestros \u00faltimos restos de ingenuidad. Despu\u00e9s de \u00e9l nunca se podr\u00e1 volver a ser <em>inocente<\/em>.<br><br>La misma noche en que decret\u00e9 que nuestros sue\u00f1os no ten\u00edan ninguna relaci\u00f3n con nuestra vida profunda y que pertenec\u00edan a la mala literatura, me dorm\u00ed para asistir al desfile de mis terrores m\u00e1s antiguos y m\u00e1s ocultos.<br><br>Lo que se llama \u00abfuerza de alma\u00bb es el coraje de no figurarnos <em>de otro modo<\/em> nuestro destino.<br><br>Un escritor digno de ese nombre se confina en su lengua materna y no va a husmear en tal o cual idioma. Es limitado y quiere serlo por autodefensa. Nada arruina m\u00e1s ciertamente un talento que una apertura demasiado grande de esp\u00edritu.<br><br>El deber primordial del moralista es despoetizar su prosa; y, s\u00f3lo despu\u00e9s, observar a los hombres.<br><br>\u00abSe\u00f1or, \u00a1qu\u00e9 mal nos ha hecho la naturaleza!\u00bb, me dec\u00eda una vieja en una ocasi\u00f3n. \u00abEs la misma naturaleza la que est\u00e1 mal hecha\u00bb, hubiera debido responderle si hubiese escuchado mis reflejos maniqueos.<br><br>La irresoluci\u00f3n alcanzaba en \u00e9l rango de misi\u00f3n. Cualquier cosa le hac\u00eda perder todos sus recursos. Era incapaz de tomar una decisi\u00f3n <em>ante<\/em> un rostro.<br><br>Bien mirado, es m\u00e1s agradable verse sorprendido por los acontecimientos que haberlos previsto. Cuando uno agota sus fuerzas en la visi\u00f3n de la desdicha, \u00bfc\u00f3mo afrontar la desdicha misma? Casandra se atormenta doblemente: antes y durante el desastre, mientras que al optimista se le ahorran los tormentos de la presciencia.<br><br>Seg\u00fan cuenta Plutarco, en el primer siglo de nuestra era ya no se iba a Delfos m\u00e1s que para plantear preguntas mezquinas (bodas, compras, etc.).<br><br>La decadencia de la Iglesia imita la de los or\u00e1culos.<br><br>\u00abLo ingenuo es un matiz de lo bajo\u00bb, ha dicho Fontenelle. Hay frases que son la clave de un pa\u00eds, porque nos entregan el secreto de sus l\u00edmites.<br><br>Napole\u00f3n, en Santa Elena, gustaba de hojear de vez en cuando una gram\u00e1tica\u2026 De ese modo, al menos, probaba que era <em>franc\u00e9s<\/em>.<br><br>Tarde de domingo. Calles atestadas de una multitud hura\u00f1a, extenuada, lamentable -abortos de todas partes, restos de los continentes, vomitona del globo-. Piensa uno en la Roma de los C\u00e9sares, sumergida por la hez del Imperio. Todo centro del mundo es tambi\u00e9n su vertedero.<br><br>La desaparici\u00f3n de los animales es un hecho de una gravedad sin precedentes. Su verdugo ha invadido el paisaje; no hay lugar m\u00e1s que para \u00e9l. \u00a1El horror de contemplar un hombre donde pod\u00eda verse un caballo!<br><br>El papel del insomnio en la historia, de Cal\u00edgula a Hitler. \u00bfLa imposibilidad de dormir es causa o consecuencia de la crueldad? El tirano <em>vela<\/em> -es lo que le define m\u00e1s propiamente.<br><br>Frase de un mendigo: \u00abCuando se reza al lado de una flor, crece m\u00e1s deprisa.\u00bb<br><br>La ansiedad no es dif\u00edcil, se acomoda con todo, pues no hay nada con lo que no concuerde. Al primer pretexto que se presenta, a un suceso eminentemente vulgar, ella lo estruja, lo cultiva, extrae de \u00e9l un malestar mediocre pero seguro con el que se alimenta. Se contenta verdaderamente con poco, pues todo le es bueno. Vacilante, inacabada, le falta clase: se quisiera angustia y no es m\u00e1s que agobio.<br><br>\u00bfDe qu\u00e9 proviene que, en la vida como en la literatura, la rebeli\u00f3n, incluso pura, tenga algo de falso, mientras que la resignaci\u00f3n aunque brote de la abulia, da siempre la impresi\u00f3n de lo verdadero?<br><br>Amontonados en las m\u00e1rgenes del Sena, unos cuantos millones de amargados elaboran juntos una pesadilla, que les envidia el resto del mundo.<br><br>Lo que com\u00fanmente se llama \u00abtener aliento\u00bb es ser prolijo.<br><br>Su esterilidad era infinita: participaba del \u00e9xtasis.<br><br>Certeza de fallar a mi deber, de no cumplir aquello para lo que he nacido, de dejar pasar las horas sin sacar alg\u00fan provecho, aunque fuese negativo. Este \u00faltimo reproche, empero, no est\u00e1 justificado, pues el hast\u00edo, mi llaga, es ese parad\u00f3jico provecho.<br><br>\u00a1Ser de natural combativo, agresivo, intolerante, y no poder reclamarse de ning\u00fan dogma!<br><br>Ante ese insecto, del tama\u00f1o de un punto, que corr\u00eda por mi mesa, mi primera reacci\u00f3n fue caritativa: aplastarle, pero despu\u00e9s decid\u00ed abandonarle a su alocamiento. \u00bfPara qu\u00e9 liberarle de \u00e9l? \u00a1Solamente que me hubiera gustado tanto saber <em>ad\u00f3nde<\/em> iba!<br><br>El ansioso construye sus terrores y despu\u00e9s se instala en ellos: es un comod\u00f3n del v\u00e9rtigo.<br><br>Es imposible saber por qu\u00e9 una idea se apodera de nosotros para no dejarnos ya. Se dir\u00eda que surge del punto m\u00e1s d\u00e9bil de nuestro esp\u00edritu o, m\u00e1s precisamente, del punto m\u00e1s <em>amenazado<\/em> de nuestro cerebro.<br><br>Experto en disimular su morgue, el sabio es alguien que no se <em>digna<\/em> a esperar.<br><br>Esta s\u00fabita crispaci\u00f3n, esta espera de que pase algo, de que la suerte del esp\u00edritu se decida\u2026<br><br>La locura no es quiz\u00e1 m\u00e1s que un pesar <em>que no evoluciona<\/em>.<br><br>Esos momentos en que nos parece imposible desaparecer nunca, en que la vida y la muerte pierden toda realidad, en que ni una ni otra pueden a\u00fan tocarnos\u2026<br><br>Es un error confundir abatimiento y pensamiento. Seg\u00fan eso, el primer venido que tuviese una depresi\u00f3n se convertir\u00eda autom\u00e1ticamente en pensador.<br><br>El colmo es que llega a serlo, efectivamente.<br><br>La experiencia de la inanidad, que se basta a s\u00ed misma, comporta adem\u00e1s tales virtudes filos\u00f3ficas que no ve uno por qu\u00e9 habr\u00eda que buscar en otra parte. \u00a1Qu\u00e9 importa que por ella no se descubra nada, si gracias a ella se comprende todo!<br><br><em>Vivir<\/em> es una imposibilidad de la que no he dejado de tomar conciencia, d\u00eda tras d\u00eda, durante, digamos, cuarenta a\u00f1os\u2026<br><br>La \u00fanica funci\u00f3n de la memoria es ayudarnos a <em>deplorar<\/em>.<br><br>Me figuro distintamente el momento en que ya no habr\u00e1 ni rastro de carne en ninguna parte, y contin\u00fao, empero, como si no pasase nada. \u00bfC\u00f3mo definir ese estado en que la conciencia no debilita el deseo, en que, por el contrario, lo estimula, a la manera, cierto es, en que el gusano <em>despierta<\/em> al fruto?<br><br>La continuidad de la reflexi\u00f3n se ve obstaculizada, e incluso rota, cada vez que se siente la presencia f\u00edsica del cerebro. \u00c9sta es quiz\u00e1 la raz\u00f3n por la que los locos no piensan m\u00e1s que <em>a rel\u00e1mpagos<\/em>.<br><br>A veces te entran ganas de gritarles a los dioses antiguos: \u00ab\u00a1Haced un peque\u00f1o esfuerzo, intentad volver a existir!\u00bb<br><br>Por mucho que murmuro contra lo que hay, estoy, sin embargo, apegado a ello, a juzgar por estos malestares que se parecen a los primeros s\u00edntomas del ser.<br><br>El esc\u00e9ptico es el hombre menos misterioso que hay, sin embargo, a partir de un cierto momento, ya no pertenece a este mundo.<br><br><\/p><p>II<\/p><p>Una obra no podr\u00eda salir de la indiferencia ni siquiera de la serenidad, esa indiferencia decantada, acabada, victoriosa. En lo m\u00e1s fuerte de un sinsabor, es sorprendente encontrar tan pocas obras que puedan apaciguar y consolar. \u00bfC\u00f3mo iban a poder lograrlo, siendo ellas mismas fruto de la excitaci\u00f3n y el desconsuelo?<\/p><p><br>Todo comienzo de idea corresponde a una imperceptible lesi\u00f3n del esp\u00edritu.<br><br>Sobre la chimenea, la imagen de un chimpanc\u00e9 y una estatuilla de Buda. Esta vecindad, m\u00e1s bien accidental que buscada, es causa de que me pregunte sin cesar <em>d\u00f3nde<\/em> puede estar mi sitio entre esos dos extremos, entre la pre- y la trans-figuraci\u00f3n del hombre.<br><br>No es tan m\u00f3rbido el exceso como la <em>ausencia<\/em> de miedo. Pienso en esa amiga a la que nada asustaba jam\u00e1s, ni siquiera pod\u00eda representarse un peligro, fuese del orden que fuese. Tanta libertad, tanta seguridad, deb\u00edan llevarla un d\u00eda derecha a la camisa de fuerza.<br><br>En la certeza de ser incomprendido entra tanto orgullo como verg\u00fcenza. De aqu\u00ed el car\u00e1cter equ\u00edvoco de cualquier fracaso. Por un lado se saca vanidad de ello, por otro se mortifica uno. \u00a1Qu\u00e9 impura es toda derrota!<br><br><em>Incurable<\/em>: adjetivo honor\u00edfico del que no deber\u00eda beneficiarse m\u00e1s que una sola enfermedad, la m\u00e1s terrible de todas: el Deseo.<br><br>Se llama injustamente imaginarios a los males que son por el contrario muy reales, puesto que proceden de nuestro esp\u00edritu, \u00fanico regulador de nuestro equilibrio y de nuestra salud.<br><br>Como todo ne\u00f3fito es un aguafiestas, en cuanto alguien se entusiasma por lo que sea, aunque fuese por mis man\u00edas, me apresuro a romper, esperando a vengarme.<br><br>Inclinado al resentimiento, cedo a menudo a \u00e9l y lo rumio, y no me detengo hasta que <em>recuerdo<\/em> que he envidiado a tal o cual sabio, que incluso he cre\u00eddo parecerme a \u00e9l.<br><br>Esos momentos en que se desea estar absolutamente solo porque se est\u00e1 seguro de que, cara a cara con uno mismo, se ser\u00e1 capaz de encontrar verdades raras, \u00fanicas, inauditas; despu\u00e9s la decepci\u00f3n y pronto la amargura, cuando se descubre que de esa soledad finalmente alcanzada nada sale, nada pod\u00eda salir.<br><br>A ciertas horas, en lugar del cerebro, sensaci\u00f3n muy precisa de nada usurpadora, de estepa que ha sustituido a las ideas.<br><br>Sufrir es <em>producir<\/em> conocimiento.<br><br>El pensamiento es destrucci\u00f3n en su esencia. M\u00e1s exactamente: en su <em>principio<\/em>. Se piensa, se comienza a pensar, para romper lazos, disociar afinidades, comprometer la armaz\u00f3n de lo \u00abreal\u00bb. S\u00f3lo despu\u00e9s, cuando el trabajo de zapa est\u00e1 ya muy avanzado, el pensamiento se apoltrona y se insurge contra su movimiento natural.<br><br>Mientras que la tristeza se justifica tanto por el razonamiento como por la observaci\u00f3n, la alegr\u00eda no reposa en nada, pertenece a la divagaci\u00f3n. Es imposible ser feliz por el puro hecho de vivir; se est\u00e1 triste, por el contrario, desde que se abren los ojos. La percepci\u00f3n como tal vuelve sombr\u00edo, los animales son testigos. S\u00f3lo los ratones parecen estar alegres sin esfuerzo.<br><br>En el plano espiritual, todo dolor es una suerte; pero s\u00f3lo en el plano espiritual.<br><br>No puedo comprender nada m\u00e1s que haciendo abstracci\u00f3n de lo que <em>s\u00e9<\/em>. En cuanto lo considero y pienso en ello, aunque no sea m\u00e1s que un segundo, pierdo coraje y me desahogo.<br><\/p><p>Las cosas no dejan de degradarse de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n; predecir las cat\u00e1strofes es una actividad normal, un deber del esp\u00edritu. La frase de Talleyrand sobre el Antiguo R\u00e9gimen<a href=\"file:\/\/\/C:\/Users\/maria\/AppData\/Local\/Temp\/d5fkpun2.2np\/52.xhtml#83\">* conviene a cualquier \u00e9poca, salvo a la que se vive y a la que se vivir\u00e1. La \u00abdulzura\u00bb en cuesti\u00f3n va disminuyendo; un d\u00eda habr\u00e1 desaparecido por completo. En la historia, siempre se est\u00e1 en el umbral de lo peor. Es lo que la hace interesante; lo que hace que se la odie, que no llegue uno a desprenderse de ella.<\/a><\/p><p><br>Se puede dar por seguro que el siglo XXI, mucho m\u00e1s avanzado que el nuestro, mirar\u00e1 a Hitler y a Stalin como a tiernos infantes.<br><br>Basilides, el gn\u00f3stico, es uno de los raros esp\u00edritus que comprendi\u00f3 el comienzo de nuestra era, lo que ahora constituye un lugar com\u00fan, a saber: que la humanidad, si quiere salvarse, debe volver a sus l\u00edmites naturales por el retorno a la ignorancia, verdadero signo de redenci\u00f3n.<br><br>Este lugar com\u00fan, apresur\u00e9monos a decirlo, permanece a\u00fan en la clandestinidad: cada cual lo murmura, pero se guarda de proclamarlo. Cuando llegue a ser un <em>slogan<\/em> se habr\u00e1 dado un importante paso hacia adelante.<br><br>En la vida de todos los d\u00edas, los hombres act\u00faan por c\u00e1lculo; en las opciones decisivas, obran a capricho y nada se comprende de los dramas individuales ni colectivos si se pierde de vista este comportamiento inesperado. Que nadie se interese por la historia si no percibe con qu\u00e9 rareza se manifiesta en ella el instinto de conservaci\u00f3n. Todo ocurre como si el reflejo de defensa s\u00f3lo funcionase ante un peligro cualquiera y cesase ante un desastre de gran talla.<br><br>Mirad la jeta de quien ha triunfado, de quien se ha <em>esforzado<\/em>, no importa en qu\u00e9 campo. No descubrir\u00e9is en ella la menor huella de piedad. Tiene madera de <em>enemigo<\/em>.<br><br>Durante d\u00edas enteros, deseos de perpetrar un atentado contra los cinco continentes, sin reflexionar ni un solo momento en los <em>medios<\/em>.<br><br>Mi energ\u00eda s\u00f3lo se anima <em>fuera del tiempo<\/em> y me siento un verdadero H\u00e9rcules tan pronto como me trasplanto con la imaginaci\u00f3n a un universo en el que se ven suprimidas las condiciones mismas del acto.<br><br>\u00abEl horror y el \u00e9xtasis en la vida\u00bb, vividos simult\u00e1neamente, como una experiencia en el interior del mismo instante, de cada instante.<br><br>\u00a1Qu\u00e9 cantidad de fatiga <em>reposa<\/em> en mi cerebro!<br><br>Tengo en com\u00fan con el diablo el malhumor, estoy como \u00e9l apesadumbrado por decreto divino.<br><br>Los libros que leo con mayor inter\u00e9s tratan de m\u00edstica y diet\u00e9tica. \u00bfHabr\u00e1 alguna relaci\u00f3n entre ellas? Sin duda, en la medida en que m\u00edstica implica asc\u00e9tica, es decir, r\u00e9gimen o, m\u00e1s precisamente, dieta.<br><br>\u00abNo comas nada que no hayas sembrado y cosechado con tu propia mano\u00bb; esta recomendaci\u00f3n de la sabidur\u00eda v\u00e9dica es tan leg\u00edtima y tan convincente que, por rabia de no poder conformarse a ella, quisiera uno dejarse morir de hambre.<br><br>Tumbado, cierro los ojos. De repente, se orada un abismo, como un pozo que, en busca de agua, perforase el suelo con una velocidad pr\u00f3xima al v\u00e9rtigo. Arrastrado por este frenes\u00ed, en ese vac\u00edo que se engendra indefinidamente a s\u00ed mismo, me confundo con el principio de generaci\u00f3n del abismo y, dicha inesperada, me encuentro de este modo una ocupaci\u00f3n e incluso una misi\u00f3n.<br><br>Cuando Pirr\u00f3n dialogaba con alguien, si su interlocutor se iba, continuaba hablando como si no hubiese pasado nada. Sue\u00f1o con esta fuerza, de indiferencia, con esta disciplina del desprecio, con una impaciencia de trastornado.<br><br>Lo que espera un amigo son miramientos, mentiras, consuelos, cosas todas ellas que implican esfuerzo, trabajo de reflexi\u00f3n, control de s\u00ed mismo. La permanente preocupaci\u00f3n de delicadeza que la amistad supone es antinatural. \u00a1Pronto, indiferentes o enemigos, para que se pueda respirar un poco!<br><br>A fuerza de hacer hincapi\u00e9 sobre mis miserias pasadas o futuras, descuido las presentes: lo que me ha permitido soportarlas m\u00e1s f\u00e1cilmente que si les hubiera consagrado mis reservas de atenci\u00f3n.<br><br>El sue\u00f1o servir\u00eda para algo si, cada vez que se duerme, se ejercitase uno en verse morir; al cabo de algunos a\u00f1os de entrenamiento la muerte perder\u00eda todo prestigio y ya s\u00f3lo parecer\u00eda un formalismo o una lata.<br><br>En la carrera de un esp\u00edritu que ha liquidado prejuicio tras prejuicio, acaba habiendo un momento en que le hubiera sido igualmente f\u00e1cil convertirse en un santo o en un granuja de cualquier clase.<br><br>La crueldad, nuestro m\u00e1s antiguo rasgo, es rara vez calificada de adoptada, simulada o aparente, denominaciones propias, por el contrario, a la bondad, que, reciente, adquirida, carece de ra\u00edces profundas: es una invenci\u00f3n tard\u00eda, intransmisible, que cada uno se empe\u00f1a en reinventar y no lo logra m\u00e1s que por fogonazos, en esos momentos en que la naturaleza se eclipsa, en que uno triunfa sobre sus ancestros y sobre uno mismo.<br><br>A menudo me imagino subiendo al tejado, presa del v\u00e9rtigo, y despu\u00e9s, a punto de caer, lanzando un grito. \u00abImaginar\u00bb no es la palabra, pues estoy <em>obligado<\/em> a imaginar eso. El pensamiento del crimen debe venir del mismo modo.<br><br>Si quiere uno no olvidar nunca a alguien, pensar en \u00e9l constantemente, apegarse a \u00e9l para siempre, no hay que empe\u00f1arse en amarle, sino en odiarle. Seg\u00fan una creencia hind\u00fa, algunos demonios son fruto de un deseo, formulado en una vida anterior, de encarnarse en un ser encarnizado contra Dios a fin de poder pensar en \u00e9l mejor y tenerle sin pausa presente en el esp\u00edritu.<br><br>La muerte es el aroma de la existencia. S\u00f3lo ella presta gusto a los instantes, s\u00f3lo ella combate su insipidez. Le debemos casi todo. Esta deuda de agradecimiento que de tarde en tarde consentimos en pagarle es lo m\u00e1s reconfortante que hay en este mundo.<br><br>Durante nuestras vigilias el dolor cumple su misi\u00f3n, se realiza y florece. Es entonces ilimitado como la noche, a la que <em>imita<\/em>.<br><br>No se deber\u00eda experimentar ninguna clase de inquietud mientras se dispusiese de la idea de mala suerte. En cuanto se la invoca, se apacigua uno, se soporta todo, se est\u00e1 casi contento de sufrir injusticias y quebrantos. Como todo se hace inteligible por ella, no hay que asombrarse de que el bruto y el despierto recurran a ella del mismo modo. Es que no es una explicaci\u00f3n cualquiera, es la explicaci\u00f3n misma, que se refuerza con el fracaso inevitable de todas las otras.<br><br>En cuanto se husmea el menor recuerdo, se pone uno al borde de reventar de rabia.<br><br>\u00bfDe d\u00f3nde viene esa visi\u00f3n mon\u00f3tona, cuando los males que la han suscitado y cultivado son de lo m\u00e1s diverso? Es que los ha asimilado y no ha conservado m\u00e1s que la esencia, que es com\u00fan a todos.<br><br>Es parloteo toda conversaci\u00f3n con alguien que no ha sufrido.<br><br>Medianoche. Tensi\u00f3n vecina del alto mal. Ganas de hacerlo saltar todo, esfuerzos por no estallar en pedazos. Caos inminente.<br><br>Puede uno no valer nada por s\u00ed mismo y ser alguien por lo que se siente. Pero tambi\u00e9n se puede no estar a la altura de las sensaciones.<br><br>En teor\u00eda, me importa tan poco vivir como morir; en la pr\u00e1ctica, estoy desgarrado por todas las ansiedades que abren un abismo entre la vida y la muerte.<br><br>Los animales, los p\u00e1jaros, los insectos, lo han resuelto todo desde siempre. \u00bfPor qu\u00e9 intentar hacerlo mejor? A la naturaleza le repugna la originalidad, rechaza y execra al <em>hombre<\/em>.<br><br>El tormento es para algunos una necesidad, un apetito y una realizaci\u00f3n. Se sienten disminuidos en todas partes, salvo en el infierno.<br><br>En la sangre, una inagotable gota de vinagre: \u00bfa qu\u00e9 hada se la deber\u00e9?<br><br>El envidioso no te perdona nada, y envidiar\u00e1 hasta tus descorazonamientos, hasta tus verg\u00fcenzas.<br><br>Mediocridad de mi pesar en los entierros. Imposible compadecer a los difuntos; inversamente, todo nacimiento me precipita en la consternaci\u00f3n. Es incomprensible, es insensato que se pueda <em>ense\u00f1ar<\/em> un beb\u00e9, que se exhiba ese desastre virtual y que se alegre uno de \u00e9l.<br><br>Est\u00e1s obsesionado por el desapego, la pureza, el nirvana, y empero <em>alguien<\/em> susurra en ti: \u00abSi tuvieras el valor de formular tu deseo m\u00e1s secreto, dir\u00edas: &#8220;Quisiera haber inventado todos los vicios&#8221;.\u00bb<br><br>De nada sirve ser un monstruo si no se es tambi\u00e9n un te\u00f3rico de lo \u00abmonstruoso\u00bb.<br><br>Has dejado depauperarse lo que hab\u00eda de mejor en ti. M\u00e1s cuidadoso, no habr\u00edas traicionado tu verdadera vocaci\u00f3n, que era la de tirano o la de eremita.<br><br>Tomarla siempre con uno mismo es dar pruebas de una gran preocupaci\u00f3n por la verdad y la justicia; es alcanzar y golpear al verdadero culpable. Desdichadamente, es tambi\u00e9n intimidarle y paralizarle y, por eso mismo, hacerlo incapaz de mejorarse.<br><br>\u00a1Esas c\u00f3leras que te quitan la piel, la carne, y te reducen al estado de esqueleto tembloroso!<br><br>Despu\u00e9s de algunas noches, deber\u00eda uno cambiar de nombre, porque ya no se es el mismo.<br><br>\u00bfQui\u00e9n eres? \u2013 Soy un <em>extranjero<\/em> para la polic\u00eda, para Dios, para m\u00ed mismo.<br><br>Desde hace a\u00f1os me extas\u00edo con las virtudes de la Impasibilidad, y no pasa ni un d\u00eda sin que atraviese una crisis de violencia que, de no reprimirla, justificar\u00eda que me internasen. Estas convulsiones tienen lugar por lo frecuente sin testigos, pero, a decir verdad, casi siempre a causa de alguien. Mis delirios carecen de empaque: son demasiado plebeyos, demasiado pedestres para poder emanciparse de una causa.<br><br>Me es imposible departir de nada exterior, objetivo, impersonal, a menos que se trate de <em>males<\/em>, es decir, de lo que en otro me hace pensar en <em>m\u00ed<\/em>.<br><br>La desolaci\u00f3n que expresan los ojos de un gorila. Un mam\u00edfero f\u00fanebre. Desciendo de su mirada.<br><br>Ya se trate del individuo o de la humanidad en su conjunto, no se debe confundir avanzar y progresar, a menos de admitir que ir hacia la muerte sea un <em>progreso<\/em>.<br><br>La tierra se remonta, seg\u00fan parece, a cinco billones de a\u00f1os, la vida a dos o tres. Estas cifras contienen todos los consuelos deseables. Habr\u00eda que recordarlas en los momentos en que se toma uno en serio, en que se <em>osa<\/em> sufrir.<br><br>Cuanto m\u00e1s se farfulla, m\u00e1s se empe\u00f1a uno en escribir mejor. As\u00ed se venga uno de no haber podido ser orador. El tartamudo es un estilista nato.<br><br>Lo que es dif\u00edcil de comprender son las naturalezas fecundas, generosas, contentas siempre de atarearse, de producir. Su energ\u00eda parece desmesurada y, sin embargo, no llega uno a envidi\u00e1rsela. Pueden ser cualquier cosa, porque en el fondo no son nada: fantoches din\u00e1micos, nulidades de dotes inagotables.<br><br>Lo que me impide bajar a la arena es que veo en ella demasiados esp\u00edritus que admiro, pero no estimo, tan ingenuos me parecen. \u00bfPor qu\u00e9 provocarlos, por qu\u00e9 medirme con ellos en la misma pista? Mi cansancio me confiere tal superioridad que no me parece posible que me alcancen jam\u00e1s.<br><br>Se puede pensar en la muerte todos los d\u00edas y, sin embargo, perseverar alegremente en el ser; no sucede lo mismo si uno piensa sin cesar en la <em>hora<\/em> de su muerte; quien no tuviese m\u00e1s que ese instante ante su vista, cometer\u00eda un atentado contra todos sus otros instantes.<br><br>Ha causado asombro que Francia, naci\u00f3n ligera, haya producido un Ranc\u00e9, fundador de la orden m\u00e1s austera; quiz\u00e1 haya que asombrarse en mayor grado de que Italia, naci\u00f3n mucho m\u00e1s fr\u00edvola, haya dado a Leopardi, el m\u00e1s grave de todos los poetas.<br><br>El drama de Alemania es no haber tenido un Montaigne. \u00a1Qu\u00e9 suerte tiene Francia en haber <em>comenzado<\/em> con un esc\u00e9ptico!<br><\/p><p>Asqueado por las naciones, me vuelvo hacia Mongolia, donde debe vivirse bien, donde hay m\u00e1s caballos que hombres, donde el <em>yaju<\/em><a href=\"file:\/\/\/C:\/Users\/maria\/AppData\/Local\/Temp\/d5fkpun2.2np\/52.xhtml#84\">* no ha triunfado todav\u00eda.<\/a><\/p><p><br>Toda idea fecunda se vuelve seudo-idea, degenera en creencia. S\u00f3lo una idea est\u00e9ril conserva su estatuto de idea.<br><br>Me cre\u00eda m\u00e1s exento de vanidad que nadie: un sue\u00f1o reciente deb\u00eda desenga\u00f1arme. Yo acababa de morir. Me trajeron un ata\u00fad de madera blanca. \u00ab\u00a1Habr\u00edais podido ponerle por lo menos un poco de barniz!\u00bb, grit\u00e9, antes de lanzarme sobre los enterradores para pegarles. Sigui\u00f3 una pelea. Luego lleg\u00f3 el despertar y la verg\u00fcenza.<br><br>Esta fiebre que no lleva a ning\u00fan descubrimiento, que no es portadora de ninguna idea, pero que te da un sentimiento de poder casi divino, el cual se desvanece en cuanto intentas definirlo, \u00bfa qu\u00e9 corresponde y qu\u00e9 puede valer? Quiz\u00e1 no suponga nada, quiz\u00e1 vaya m\u00e1s lejos que cualquier experiencia metaf\u00edsica.<br><br>La dicha es estar fuera, caminar, mirar, amalgamarse con las cosas. Sentado, cae uno presa de lo peor de s\u00ed mismo. El hombre no ha sido creado para estar clavado a una silla. Pero quiz\u00e1 no merec\u00eda nada mejor.<br><br>Durante el insomnio me digo, a guisa de consuelo, que estas horas de las que tomo conciencia las arranco a la nada y que, si durmiese, no me habr\u00edan pertenecido nunca, ni siquiera hubiesen existido jam\u00e1s.<br><br>\u00abPerderse en Dios\u00bb -este clich\u00e9 del creyente adquiere un valor de revelaci\u00f3n para el no creyente, que discierne en \u00e9l una aventura deseada e impracticable, desesperado como est\u00e1 por no poder \u00e9l tambi\u00e9n <em>perderse<\/em> en algo o, preferentemente, en alguien.<br><br>\u2013\u00bfQu\u00e9 es superficial? \u00bfQu\u00e9 es profundo? \u2013 Ir hasta muy lejos en la frivolidad es dejar de ser fr\u00edvolo; alcanzar un l\u00edmite, aunque fuese en la farsa, es aproximarse a un punto extremo, de lo cual tal metaf\u00edsico, en su sector, no es capaz en absoluto.<br><br>Hasta un elefante sucumbir\u00eda a estos accesos de abatimiento indistintos de una crueldad a punto de disolverse y que, al disolverse, se llevar\u00eda carne y m\u00e9dula. Todos los \u00f3rganos entran en danza: calamidad visceral, sensaci\u00f3n de barah\u00fanda g\u00e1strica, de impotencia para digerir este mundo.<br><br>El hombre, ese exterminador, odia todo lo que vive, todo lo que se mueve: pronto se hablar\u00e1 del \u00faltimo piojo.<br><br>En la guerra de Troya hab\u00eda tantos dioses de un lado como de otro. Era un punto de vista elegante y justo del que los modernos, demasiado apasionados o demasiado vulgares, son incapaces, pues quieren que la raz\u00f3n sea a todo precio partidista. Homero, en los comienzos de nuestra civilizaci\u00f3n, se permit\u00eda el lujo de la objetividad; en sus ant\u00edpodas, en una \u00e9poca tard\u00eda como la nuestra, ya no hay lugar m\u00e1s que para la <em>actitud<\/em>.<br><br>Solo, incluso inactivo, no pierde uno nunca el tiempo. En compa\u00f1\u00eda se lo malgasta casi siempre. Ninguna charla con uno mismo puede ser completamente est\u00e9ril: algo sale de ella necesariamente, aunque no fuese m\u00e1s que la <em>esperanza<\/em> de encontrarse de nuevo un d\u00eda.<br><br>Mientras se envidia el \u00e9xito de otro, aunque fuese un dios, se es un vil esclavo como todo el mundo.<br><br>Cada ser es un himno destruido.<br><br>Si creemos a Tolstoi, no habr\u00e1 que desear m\u00e1s que la muerte, pues este deseo, como se realiza infaliblemente, no es un enga\u00f1o como todos los otros.<br><br>Sin embargo, \u00bfacaso no es la esencia del deseo tender hacia cualquier cosa, salvo la muerte? <em>Desear<\/em> es no querer morir. As\u00ed, pues, si uno se pone a desear la muerte es que el deseo se ha vuelto contra su funci\u00f3n propia; es un deseo desviado, erguido contra los otros deseos, destinados todos a decepcionar, mientras que \u00e9l mantiene siempre sus promesas. Apostarle a \u00e9l es jugar sobre seguro, es ganar de todas maneras: no enga\u00f1a, no puede enga\u00f1ar. Pero lo que esperamos de un deseo es, precisamente, que nos enga\u00f1e. Que se realice o no, eso es secundario; lo importante es que nos disimule la verdad. Si nos la revela, falta a su deber, se compromete y reniega de s\u00ed, y debe, por lo tanto, ser tachado de la lista de los deseos.<br><br>Ya me atraiga el budismo o el catarismo o cualquier sistema o dogma, conservo un fondo de escepticismo que nada podr\u00e1 embotar nunca y al que vuelvo siempre tras cada uno de mis entusiasmos. Sea este escepticismo cong\u00e9nito o adquirido, no deja por ello de parecerme una certeza, incluso una liberaci\u00f3n, cuando cualquier otra forma de salvaci\u00f3n se obstruye o me rechaza.<br><br>Los otros no tienen la sensaci\u00f3n de ser charlatanes y lo son; yo\u2026 lo soy tanto como ellos, pero lo s\u00e9 y sufro.<br><br>\u00bfNo es pueril preocuparme porque no ceso de sabotear mis facultades? Y, sin embargo, en lugar de halagarme, la evidencia de mi incumplimiento me descorazona, me rompe. \u00a1Haberse intoxicado de clarividencia para acabar as\u00ed! Arrastro restos de dignidad que me deshonran.<br><br>S\u00f3lo el escritor sin p\u00fablico puede permitirse el lujo de ser sincero. No se dirige a nadie: todo lo m\u00e1s a s\u00ed mismo.<br><br>Una vida plena no es, en el mejor de los casos, m\u00e1s que un equilibrio de inconvenientes.<br><br>Cuando se sabe que todo problema no es m\u00e1s que un falso problema, se est\u00e1 peligrosamente cerca de la salvaci\u00f3n.<br><br>El escepticismo es un ejercicio de desfascinaci\u00f3n.<br><br>Todo se reduce, en suma, al deseo o a la ausencia de deseo. El resto es matiz.<br><br>Tanto he echado pestes contra la vida que, deseando por fin hacerle justicia, no doy con ninguna palabra que no suene falsa.<br><br><\/p><p>III<\/p><p>A veces uno piensa que m\u00e1s vale realizarse que dejarse ir, a veces se piensa lo contrario. Y se tiene enteramente raz\u00f3n en los dos casos.<\/p><p><br>Nuestras virtudes, lejos de reforzarse unas a otras, se encelan unas con otras y se excluyen. Cuando la guerra que se hace se nos presenta claramente, comenzamos a denunciarlas una a una, demasiado contentos de no tener que hacer el gasto por ninguna de ellas.<br><br>No se pide la libertad, sino apariencias de libertad. Por tales simulacros el hombre se esfuerza desde siempre. Por lo dem\u00e1s, dado que la libertad no es, como se ha dicho, m\u00e1s que una <em>sensaci\u00f3n<\/em>, \u00bfqu\u00e9 diferencia hay entre <em>ser<\/em> y <em>creerse<\/em> libre?<br><br>Todo acto, en tanto que acto no es posible m\u00e1s que porque hemos roto con el Para\u00edso, cuyo recuerdo, que envenena nuestras horas, hace de cada uno de nosotros un \u00e1ngel desmoralizado.<br><br>Nuestras oraciones reprimidas estallan en sarcasmos.<br><br>No se tiene la sensaci\u00f3n de ser alguien m\u00e1s que cuando se medita alguna fechor\u00eda.<br><br>Si se hace de la duda una meta, puede ser tan consoladora como la fe. Tambi\u00e9n ella es capaz de fervor, tambi\u00e9n ella, a su manera, triunfa sobre todas las perplejidades; tambi\u00e9n ella tiene respuesta para todo. \u00bfDe d\u00f3nde le viene, entonces, su mala reputaci\u00f3n? De lo que tiene de m\u00e1s raro que la fe, de m\u00e1s inabordable y m\u00e1s misteriosa. No se llega a imaginar lo que pasa en casa del dubitativo\u2026<br><br>En el mercado, un chaval, de cinco a\u00f1os todo lo m\u00e1s, se debate, se contorsiona, a\u00falla. Unas buenas mujeres acuden e intentan calmarlo. \u00c9l contin\u00faa m\u00e1s y m\u00e1s, exagera, rebasa todo l\u00edmite. Cuanto m\u00e1s se le mira, m\u00e1s se le quisiera retorcer el cuello. Su madre, comprendiendo al fin que hay que llev\u00e1rselo, suplica al furibundo: \u00ab\u00a1Ven, <em>tesoro<\/em> m\u00edo!\u00bb Uno piensa -\u00a1y con qu\u00e9 satisfacci\u00f3n!\u2013 en Calvino, para quien los ni\u00f1os son \u00abpeque\u00f1as basuras\u00bb, o en Freud, que les llama \u00abperversos polimorfos\u00bb. Uno y otro hubiesen dicho, gustosos: \u00ab\u00a1Dejad que los monstruitos se acerquen a m\u00ed!\u00bb<br><br>En la decisi\u00f3n de renunciar a la salvaci\u00f3n no entra ning\u00fan elemento diab\u00f3lico, pues si as\u00ed fuese; \u00bfde d\u00f3nde vendr\u00eda la serenidad que acompa\u00f1a a esta decisi\u00f3n? Nada diab\u00f3lico deja sereno. En los pagos del demonio se est\u00e1 por el contrario moroso. Tal es mi caso\u2026 De este modo, mi serenidad es de corta duraci\u00f3n: justo el tiempo de decidirme a acabar con la salvaci\u00f3n. Afortunadamente, me decido a menudo y, en cada ocasi\u00f3n, \u00a1qu\u00e9 paz!<br><br>Levantarse temprano, lleno de energ\u00eda y \u00e1nimo, maravillosamente apto para cometer alguna insigne villan\u00eda.<br><br>\u00abSoy insuperablemente libre.\u00bb Esta frase elev\u00f3 ese d\u00eda al mendigo que la pronunciaba por encima de los fil\u00f3sofos, de los conquistadores y de los santos, ya que ninguno de ellos, en la cumbre de su carrera, os\u00f3 invocar logro semejante.<br><br>El ca\u00eddo es un hombre como todos nosotros, con la diferencia de que no se ha dignado a jugar el juego. Le criticamos y le huimos, le guardamos rencor por haber revelado y expuesto nuestro secreto, le consideramos a justo t\u00edtulo como un miserable y un traidor.<br><br>Precipitado fuera del sue\u00f1o por la pregunta: \u00ab\u00bfAd\u00f3nde va <em>este<\/em> instante?\u00bb, mi respuesta fue: \u00abA la muerte\u00bb, y me dorm\u00ed de nuevo en seguida.<br><br>No se deber\u00eda conceder cr\u00e9dito m\u00e1s que a las explicaciones por la fisiolog\u00eda y por la teolog\u00eda. Lo que se sit\u00faa entre las dos, nada importa.<br><br>El placer que se experimenta al prever una cat\u00e1strofe disminuye a medida que \u00e9sta se acerca y cesa del todo en cuanto sucede.<br><br>La sabidur\u00eda disimula nuestras heridas: nos ense\u00f1a a sangrar a escondidas.<br><br>El momento cr\u00edtico para un profeta es aquel en que acaba por penetrarse de lo que salmodia, en que se ve conquistado por sus vaticinios. Esclavo y aut\u00f3mata a partir de entonces, se atarear\u00e1 en a\u00f1orar el tiempo en que, libre, anunciaba calamidades sin creer demasiado en ellas o se fabricaba sobresaltos.<br><br>No es c\u00f3modo jugar sinceramente a Isa\u00edas o a Jerem\u00edas. Por eso la mayor parte de los profetas <em>prefieren<\/em> ser impostores.<br><br>Todo lo que nos sucede, todo lo que cuenta para nosotros, no tiene ning\u00fan inter\u00e9s para otro: a partir de esta evidencia tendr\u00edamos que elaborar nuestras reglas de conducta. Un esp\u00edritu reflexivo deber\u00eda borrar de su vocabulario \u00edntimo la palabra <em>acontecimiento<\/em>.<br><br>Quien no ha muerto joven, <em>merece<\/em> morir.<br><br>Nada da mejor conciencia que dormirse con la <em>visi\u00f3n<\/em> <em>clara<\/em> de uno de sus defectos, que uno no se atrev\u00eda a confesarse hasta entonces, que incluso se ignoraba.<br><br>Todo se embota y se estropea en las personas, salvo la mirada y la voz: sin una y otra, no se podr\u00eda reconocer a nadie al cabo de algunos a\u00f1os.<br><br>En este mismo momento, por todas partes, millares y millares est\u00e1n a punto de expirar, mientras que yo, aferrado a mi estilogr\u00e1fica, busco en vano una palabra para comentar su agon\u00eda.<br><br>Hacer hincapi\u00e9 en un acto, aunque fuese incalificable, inventarse escr\u00fapulos y atascarse en ellos; demuestra que todav\u00eda uno hace caso de sus semejantes, que gusta de torturarse a causa de ellos.<br><br>\u2026No me tendr\u00e9 por liberado m\u00e1s que el d\u00eda en que, a ejemplo de los asesinos y de los sabios, haya limpiado mi conciencia de todas las impurezas del remordimiento.<br><br>Estoy harto de ser yo y, sin embargo, rezo sin cesar a los dioses que me devuelvan a m\u00ed mismo.<br><br>A\u00f1orar o deplorar es deliberar en el pasado, es sustituir lo irreparable por lo eventual, es hacer trampas por desgarramiento.<br><br>El delirio es, sin disputa, m\u00e1s hermoso que la duda, pero la duda es m\u00e1s <em>s\u00f3lida<\/em>.<br><br>El escepticismo es la <em>fe<\/em> de los esp\u00edritus ondulantes.<br><br>Ver en la calumnia de las palabras nada m\u00e1s que palabras es la \u00fanica manera de soportarla sin sufrir. Desarticulemos cualquier opini\u00f3n que tengan contra nosotros, <em>aislemos<\/em> cada vocablo, trat\u00e9mosle con el desd\u00e9n que merece un adjetivo, un sustantivo o un adverbio.<br><br>\u2026Y si no, liquidemos inmediatamente al calumniador.<br><br>Nuestras pretensiones del desapego nos ayudan siempre no a parar los golpes, sino a \u00abdigerirlos\u00bb. En toda humillaci\u00f3n hay un primer y un segundo tiempo. En el segundo es cuando se revela \u00fatil nuestra coqueter\u00eda con la sabidur\u00eda.<br><br>El lugar que uno ocupa en el \u00abuniverso\u00bb: \u00a1un punto, y ni siquiera! \u00bfPor qu\u00e9 zarandearse cuando visiblemente se es tan poco? Hecha esta constataci\u00f3n se calma uno en seguida: en el futuro, no m\u00e1s preocupaciones, no m\u00e1s alocamientos metaf\u00edsicos o de otra clase. Y, despu\u00e9s, este punto se dilata, se hincha, sustituye al espacio. Y todo vuelve a empezar.<br><br><em>Conocer<\/em> es discernir el alcance de la Ilusi\u00f3n, palabra clave tan esencial para los Vedas como para la Canci\u00f3n, las \u00fanicas formas de traducir la experiencia de la irrealidad.<br><br>En el British Museum, ante la momia de una cantante, cuyas u\u00f1itas se ven asomar de las vendas, recuerdo haber jurado no decir nunca m\u00e1s: <em>yo<\/em>\u2026<br><br>No hay m\u00e1s que un signo que testimonie que se ha comprendido todo: llorar <em>sin motivo<\/em>.<br><br>En la necesidad de rezar juega un importante papel el miedo de un desmoronamiento inminente del cerebro.<br><br>Como dicha y desdicha son males casi al mismo t\u00edtulo, el \u00fanico medio de evitarlos es hacerse exterior a todo.<br><br>Cuando paso d\u00edas y d\u00edas entre textos en los que no se habla m\u00e1s que de serenidad, de contemplaci\u00f3n y de despojamiento, me dan ganas de salir a la calle y de romperle la cara al primer transe\u00fante.<br><br>La prueba de que este mundo no es un \u00e9xito es que puede uno compararse sin indecencia con El que se supone que lo ha creado, pero no con Napole\u00f3n ni siquiera con un mendigo, sobre todo si este \u00faltimo es inigualable en su g\u00e9nero.<br><br>\u00abNo ha logrado hacer nada mejor\u00bb, esta frase de un pagano sobre la Providencia no ha habido Padre de la Iglesia lo suficientemente honrado como para aplicarla a Dios.<br><br>La palabra y el silencio. Se siente uno m\u00e1s seguro al lado de un loco que habla que de un loco que no puede abrir la boca.<br><br>Si una herej\u00eda cristiana, no importa cu\u00e1l, hubiese triunfado, no se habr\u00eda perdido en matices. M\u00e1s temeraria que la Iglesia, hubiese sido tambi\u00e9n m\u00e1s intolerante, puesto que m\u00e1s convencida. No hay duda posible: victoriosos, los C\u00e1taros hubieran sobrepujado a los Inquisidores.<br><br>Tengamos por toda v\u00edctima, por noble que sea, una piedad sin ilusiones.<br><br>Lo que perdura de un fil\u00f3sofo es su temperamento, lo que hace que se <em>olvide<\/em>, que se entregue a sus contradicciones, a sus caprichos, a reacciones incompatibles con las l\u00edneas fundamentales de su sistema. Si aspira a la verdad, que se emancipe de toda preocupaci\u00f3n de coherencia. No debe expresar m\u00e1s que lo que piensa y no lo que le ha <em>decidido<\/em> a pensar. Cuanto m\u00e1s vivo est\u00e9, m\u00e1s se dejar\u00e1 ir a su grado y no sobrevivir\u00e1 m\u00e1s que si no tiene ninguna cuenta de lo que <em>deber\u00eda<\/em> creer.<br><br>Cuando se trata de meditar sobre la vacuidad, la impermanencia, el nirvana, tumbarse o acurrucarse es la mejor postura. Es la misma en la que tales temas fueron concebidos.<br><br>S\u00f3lo en Occidente se piensa <em>en pie<\/em>. Quiz\u00e1 viene de aqu\u00ed el car\u00e1cter fastidiosamente positivo de su filosof\u00eda.<br><br>No podemos soportar una afrenta m\u00e1s que imaginando las <em>escenas<\/em> de la revancha, del triunfo que tendremos un d\u00eda sobre el miserable que nos ha pisoteado. Sin esta perspectiva, caer\u00edamos presa de trastornos que renovar\u00edan radicalmente la locura.<br><br>Toda agon\u00eda es, en s\u00ed, curiosa; sin embargo, la m\u00e1s interesante sigue siendo la del c\u00ednico, la del que la desprecia <em>en teor\u00eda<\/em>.<br><br>\u00bfCu\u00e1l es el nombre de este hueso que toco? \u00bfQu\u00e9 puede haber de com\u00fan entre <em>\u00e9l <\/em>y<em> yo<\/em>? Habr\u00eda que volver a comenzar la operaci\u00f3n con otra parte del cuerpo y continuar as\u00ed hasta que ya nada sea <em>nuestro<\/em>.<br><br>\u00a1Tener juntamente el gusto de la provocaci\u00f3n y el del ocultamiento, ser por instinto un aguafiestas y por convicci\u00f3n un cad\u00e1ver!<br><br>Despu\u00e9s de tantos y tantos vivientes, <em>todos<\/em> muertos, \u00a1qu\u00e9 cansancio morir a mi vez y experimentar, como ellos, ese temor inepto! \u00bfC\u00f3mo explicar que persista todav\u00eda, que no se haya agotado o desacreditado, que se le pueda sentir todav\u00eda igual que el primer mortal?<br><br>El ermita\u00f1o no adquiere responsabilidades m\u00e1s que hacia s\u00ed mismo o hacia todo el mundo; en ning\u00fan caso hacia <em>alguien<\/em>. Se refugia uno en la soledad para no tener nadie a cargo: uno mismo y el universo bastan.<br><br>Si estuviese seguro de mi indiferencia a la salvaci\u00f3n, ser\u00eda con gran diferencia el hombre m\u00e1s dichoso que hubiere.<br><br>Para encontrarse de nuevo, no hay nada como ser \u00abolvidado\u00bb. Nadie viene a interponerse entre nosotros y lo que cuenta. Cuanto m\u00e1s se apartan los otros de nosotros, m\u00e1s trabajan en nuestra perfecci\u00f3n: nos salvan <em>al abandonarnos<\/em>.<br><br>Mis dudas sobre la providencia no duran nunca mucho: \u00bfqui\u00e9n, fuera de ella, estar\u00eda en disposici\u00f3n de distribuirnos tan puntualmente nuestra raci\u00f3n de derrota cotidiana?<br><br>\u00abNo hay que tomarse nada a pecho\u00bb -se repite quien se enoja consigo mismo cada vez que sufre y no pierde ninguna ocasi\u00f3n de sufrir.<br><br>El combate a que se entregan en cada individuo el fan\u00e1tico y el impostor es causa de que nunca sepamos <em>a qui\u00e9n<\/em> dirigirnos.<br><br>\u00ab-\u00bfEn qu\u00e9 trabaja usted? \u00bfQu\u00e9 est\u00e1 preparando?\u00bb \u00bfAcaso se hubiesen atrevido a abordar as\u00ed a un Pirr\u00f3n o a un Lao-ts\u00e9? Las preguntas que no se hubieran podido plantear a nuestros \u00eddolos, no concebimos que nos las planteen a nosotros.<br><br>Por naturaleza soy tan refractario a la menor empresa, que para resolverme a ejecutar una me es necesario recorrer antes alguna biograf\u00eda de Alejandro o de Gengis Khan.<br><br>Lo que debe hacer soportable la vejez es el placer de ver desaparecer uno a uno a todos los que han cre\u00eddo en nosotros y a los que ya no podremos decepcionar m\u00e1s.<br><br>Me gusta glosar la ca\u00edda, me complazco en vivir como par\u00e1sito del pecado original.<br><br>\u00a1Si pudiera uno hacerse <em>inhumillable<\/em>!<br><br>Contrariamente a lo que suele alegarse, los sufrimientos nos apegan, nos clavan a la vida: son <em>nuestros<\/em> sufrimientos, nos halaga poder soportarlos, testimonian de nuestra condici\u00f3n de seres y no de espectros. Y tan virulento es el orgullo de sufrir que no es superado m\u00e1s que por el de haber sufrido.<br><br>Empe\u00f1ado en salvar el pasado, la nostalgia representa nuestro \u00fanico recurso contra las maniobras del olvido: \u00bfqu\u00e9 es, en sustancia, m\u00e1s que la memoria <em>que pasa al ataque<\/em>? Resucitando much\u00edsimos episodios y deform\u00e1ndolos a placer, nos ofrece todas las versiones queridas de nuestra vida, de tal suerte que es exacto afirmar que gracias a ella nos parece juntamente lamentable y colmada.<br><br>Toda f\u00f3rmula te\u00f3rica que surge durante el sue\u00f1o interrumpe su curso. Los sue\u00f1os son acontecimientos. En cuanto uno de ellos se convierte en <em>problema<\/em> o acaba en un hallazgo, nos despertamos sobresaltados. \u00abPensar\u00bb durmiendo es una anomal\u00eda, frecuente entre los oprimidos, entre aquellos que precisamente duermen mal, porque sus miserias culminan en definiciones, noche tras noche.<br><br>Se martiriza uno, se crea, a golpe de tormento, una \u00abconciencia\u00bb; y despu\u00e9s, advierte uno con horror que no puede deshacerse de ella.<br><br>El malestar consecutivo a una bajeza es el estado m\u00e1s propicio para la reflexi\u00f3n sobre uno mismo, se confunde con esa misma reflexi\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 tiene de raro que tengamos, cada vez que se apodera de nosotros, la impresi\u00f3n de conocernos al fin?<br><br>S\u00f3lo es subversivo el esp\u00edritu que pone en tela de juicio la obligaci\u00f3n de existir; todos los otros empezando por el anarquista, pactan con el orden establecido.<br><br>Mis preferencias: la edad de las cavernas y el siglo de las luces.<br><br>Pero no olvido que las grutas han desembocado en la Historia y los salones en la guillotina.<br><br>Por todas partes, carne a cambio de dinero. Pero \u00bfqu\u00e9 valor puede tener una carne subvencionada? Antes se engendraba por convicci\u00f3n o por accidente; hoy, para cobrar subsidios. Este exceso de c\u00e1lculo no puede dejar de da\u00f1ar la calidad del espermatozoide.<br><br>Buscar un sentido a lo que sea es menos obra de un ingenuo que de un masoquista.<br><br>Tomar conciencia de nuestra completa, de nuestra radical destructibilidad, en eso mismo reside la salvaci\u00f3n. Pero es ir contra nuestras tendencias m\u00e1s profundas sabernos a cada instante destructibles. \u00bfSer\u00e1 la salvaci\u00f3n una haza\u00f1a contra natura?<br><br>Fr\u00edvolo y disperso, aficionado en todos los campos, no habr\u00e9 conocido a fondo m\u00e1s que el inconveniente de haber nacido.<br><br>Se deber\u00eda filosofar como si la \u00abfilosof\u00eda\u00bb no existiese, a la manera de un troglodita deslumbrado o espeluznado por el desfile de plagas que se desarrolla ante sus ojos.<br><br><em>Gozar de su dolor<\/em> -el sentimiento y hasta la expresi\u00f3n figuran en Homero, se entiende que a t\u00edtulo excepcional. A t\u00edtulo general, habr\u00e1 que esperar a tiempos m\u00e1s recientes. Hay un largo camino de la epopeya al diario \u00edntimo.<br><br>No se interesar\u00eda uno por las personas si no se tuviese la esperanza de encontrar un d\u00eda a alguien m\u00e1s acogotado que uno mismo.<br><br>Las ratas, confinadas en un espacio reducido y alimentadas \u00fanicamente de esos productos qu\u00edmicos de los que nosotros nos atracamos, se hacen, seg\u00fan parece, mucho m\u00e1s perversas y agresivas que de ordinario.<br><br>Condenados, a medida que se multiplican, a amontonarse unos sobre otros, los hombres se detestar\u00e1n mucho m\u00e1s que antes, incluso inventar\u00e1n formas ins\u00f3litas de odio, se despedazar\u00e1n entre s\u00ed como nunca lo hicieron y estallar\u00e1 una guerra civil universal, no motivada por reivindicaciones, sino por la imposibilidad en que se encontrar\u00e1 la humanidad de seguir asistiendo al espect\u00e1culo que se ofrece a s\u00ed misma. Ya desde ahora, si, durante un instante, vislumbrase <em>todo<\/em> el futuro, no ir\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de ese instante.<br><br>No hay verdadera soledad m\u00e1s que ah\u00ed donde se piensa en la urgencia de una oraci\u00f3n -de una oraci\u00f3n <em>posterior<\/em> a Dios y a la misma fe.<br><br>Habr\u00eda que decirse y repetirse que todo lo que nos alegra o nos aflige no corresponde a nada, que todo es perfectamente irrisorio y vano.<br><br>\u2026Pues bien, me lo digo y me lo repito cada d\u00eda y no por ello dejo de alegrarme o afligirme.<br><br>Estamos todos en el fondo de un infierno, cada instante del cual es un milagro.<br><br><\/p><figure class=\"wp-block-pullquote has-text-align-left\"><blockquote><p>* <em>R\u00e9singera<\/em>, juego de palabras intraducible entre <em>se r\u00e9signer<\/em>, \u00abresignarse\u00bb, y <em>singe<\/em>, \u00abmono\u00bb. (N. del T.)<br>* <em>Soi<\/em>: \u00abs\u00ed mismo\u00bb, con los sentidos de \u00abyo\u00bb, \u00absubjetividad\u00bb, etc\u00e9tera. (N. del T.)<br>* La frase completa atribuida a Talleyrand fue: \u00abQuien no ha vivido bajo el Antiguo R\u00e9gimen (antes de la Revoluci\u00f3n de 1789) no ha conocido la dulzura de vivir.\u00bb<br>* \u00abYaju\u00bb, denominaci\u00f3n que recibe el hombre en un pa\u00eds que encuentra el Gulliver de Jonathan Swift en uno de sus viajes. En dicho pa\u00eds la raza dominante son unos sabios caballos llamados \u00abjuijins\u00bb. (N. del T.)<\/p><\/blockquote><\/figure><p><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pensamientos estranCioran, el \u00faltimo gn\u00f3stico Voy a revelarles un secreto: como tantas otras cosas buenas de las que disfrutan en la actualidad, los espa\u00f1oles le deben las traducciones de E. M. Cioran a\u2026 a Franco. Por lo menos las m\u00edas, que a falta de otro m\u00e9rito tienen el de ser las primeras que pudieron comprarse en nuestras librer\u00edas. 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