{"id":1758,"date":"2020-03-08T09:25:12","date_gmt":"2020-03-08T12:25:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lagatasibilah.com\/?p=1758"},"modified":"2020-03-08T09:30:53","modified_gmt":"2020-03-08T12:30:53","slug":"extracto-el-perfume-de-patrick-suskind","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lagatasibilah.com\/index.php\/2020\/03\/08\/extracto-el-perfume-de-patrick-suskind\/","title":{"rendered":"Extracto: &#8220;El perfume&#8221;, de Patrick S\u00fcskind"},"content":{"rendered":"<p><strong>1<\/strong><\/p>\n<p>En el siglo XVIII vivi\u00f3 en Francia uno de los hombres m\u00e1s geniales y abominables de una \u00e9poca en que no escasearon los hombres abominables y geniales. Aqu\u00ed relataremos su historia. Se llamaba Jean- Baptiste Grenouille y si su nombre, a diferencia del de otros monstruos geniales como De Sade, Saint- Just, Fouch\u00e9, Napole\u00f3n, etc\u00e9tera, ha ca\u00eddo en el olvido, no se debe en modo alguno a que Grenouille fuera a la zaga de estos hombres c\u00e9lebres y tenebrosos en altaner\u00eda, desprecio por sus semejantes, inmoralidad, en una palabra, impiedad, sino a que su genio y su \u00fanica ambici\u00f3n se limitaban a un terreno que no deja huellas en la historia: al ef\u00edmero mundo de los olores.<\/p>\n<p>En la \u00e9poca que nos ocupa reinaba en las ciudades un hedor apenas concebible para el hombre moderno. Las calles apestaban a esti\u00e9rcol, los patios interiores apestaban a orina, los huecos de las escaleras apestaban a madera podrida y excrementos de rata; las cocinas, a col podrida y grasa de carnero; los aposentos sin ventilaci\u00f3n apestaban a polvo enmohecido; los dormitorios, a s\u00e1banas grasientas, a edredones h\u00famedos y al penetrante olor dulz\u00f3n de los orinales. Las chimeneas apestaban a azufre; las curtidur\u00edas, \u00a0a las lej\u00edas c\u00e1usticas; los mataderos, a sangre coagulada. Hombres y mujeres apestaban a sudor y a ropa sucia; en sus bocas apestaban los dientes infectados, los alientos ol\u00edan a cebolla y los cuerpos, cuando ya no eran j\u00f3venes, a queso rancio, a leche agria y a tumores malignos. Apestaban los r\u00edos, apestaban las plazas, apestaban las iglesias y el hedor se respiraba por igual bajo los puentes y en los palacios. El campesino apestaba como el cl\u00e9rigo; el oficial de artesano, como la esposa del maestro; apestaba la nobleza entera y, s\u00ed, incluso el rey apestaba como un animal carnicero y la reina como una cabra vieja, tanto en verano como en invierno, porque en el siglo XVIII a\u00fan no se hab\u00eda atajado la actividad corrosiva de las bacterias y por consiguiente no hab\u00eda ninguna acci\u00f3n humana, ni creadora ni destructora, ninguna manifestaci\u00f3n de vida incipiente o en decadencia que no fuera acompa\u00f1ada de alg\u00fan hedor.<\/p>\n<p>Y, como es natural, el hedor alcanzaba sus m\u00e1ximas proporciones en Par\u00eds, porque Par\u00eds era la mayor ciudad de Francia. Y dentro de Par\u00eds hab\u00eda un lugar donde el hedor se convert\u00eda en infernal, entre la Rue aux Fers y la Rue de la Ferronnerie, o sea, el Cimeti\u00e8re des Innocents. Durante ochocientos a\u00f1os se hab\u00eda\u00a0llevado all\u00ed a los muertos del hospital H\u00f4tel-Dieu y de las parroquias vecinas; durante ochocientos a\u00f1o, carretas con docenas de cad\u00e1veres hab\u00edan vaciado su carga d\u00eda tras d\u00eda en largas fosas y durante ochocientos a\u00f1os se hab\u00edan ido acumulando los huesos en osarios y sepulturas. Hasta que lleg\u00f3 un d\u00eda, en v\u00edsperas de la Revoluci\u00f3n francesa, cuando algunas fosas rebosantes de cad\u00e1veres se hundieron y el olor p\u00fatrido del atestado cementerio incit\u00f3 a los habitantes no s\u00f3lo a protestar, sino a organizar verdaderos tumultos, en que fue por fin cerrado y abandonado despu\u00e9s de amontonar los millones de esqueletos y calaveras en las catacumbas de Montmartre. Una vez hecho esto, en el lugar del antiguo cementerio se erigi\u00f3 un mercado de v\u00edveres.<\/p>\n<p>Fue aqu\u00ed, en el lugar m\u00e1s maloliente de todo el reino, donde naci\u00f3 el 17 de julio de 1738 Jean-Baptiste Grenouille. Era uno de los d\u00edas m\u00e1s calurosos del a\u00f1o. El calor se abat\u00eda como plomo derretido sobre el cementerio y se extend\u00eda hacia las calles adyacentes como un vaho putrefacto que ol\u00eda a una mezcla de melones podridos y cuerno quemado. Cuando se iniciaron los dolores de parto, la madre de Grenouille se encontraba en un puesto de pescado de la Rue aux Fers escamando albures que hab\u00eda destripado previamente. Los pescados, seguramente sacados del Sena aquella misma ma\u00f1ana, apestaban ya hasta el punto de superar el hedor de los cad\u00e1veres. Sin embargo, la madre de Grenouille no percib\u00eda el olor a pescado podrido o a cad\u00e1ver porque su sentido del olfato estaba totalmente embotado y adem\u00e1s le dol\u00eda todo el cuerpo y el dolor disminu\u00eda su sensibilidad a cualquier percepci\u00f3n sensorial externa. S\u00f3lo quer\u00eda que los dolores cesaran, acabar lo m\u00e1s r\u00e1pidamente posible con el repugnante parto. Era el quinto. Todos los hab\u00eda tenido en el puesto de pescado y las cinco criaturas hab\u00edan nacido muertas o medio muertas, porque su carne sanguinolienta se distingu\u00eda apenas de las tripas de pescado que cubr\u00edan el suelo y no sobreviv\u00edan mucho rato entre ellas y por la noche todo era recogido con una pala y llevado en carretera al cementerio o al r\u00edo. Lo mismo ocurr\u00eda hoy y la madre de Grenouille, que a\u00fan era una mujer joven, de unos veinticinco a\u00f1o, muy bonita y que todav\u00eda conservaba casi todos los dientes y algo de cabello en la cabeza y, aparte de la gota y la s\u00edfilis y una tisis incipiente, no padec\u00eda ninguna enfermedad grave, que a\u00fan esperaba vivir mucho tiempo, quiz\u00e1s cinco o diez a\u00f1os m\u00e1s y tal vez incluso casarse y tener hijos de verdad como la esposa respetable de un artesano viudo, por ejemplo\u2026 la madre de Grenouille deseaba que todo pasara cuanto antes. Y cuando empezaron los dolores de parto se acurruc\u00f3 bajo el mostrador y pari\u00f3 all\u00ed, como hiciera ya cinco veces, y cort\u00f3 con el cuchillo el cord\u00f3n umbilical del reci\u00e9n nacido. En aquel momento, sin embargo, a causa del calor y el hedor, que ella no percib\u00eda como tales, sino como algo insoportable y enervante- como un campo de lirios o un reducido aposento demasiado lleno de narcisos-, cay\u00f3 desvanecida debajo de la mesa y fue rodando hasta el centro del arroyo, donde qued\u00f3 inm\u00f3vil, con el cuchillo en la mano.<\/p>\n<p>Gritos, corridas, la multitud se agolpa a su alrededor, avisan a la polic\u00eda. La mujer sigue en el suelo con el cuchillo en la mano; poco a poco, recobra el conocimiento.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 le ha sucedido?<\/p>\n<p>\u2014Nada.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hace con el cuchillo?<\/p>\n<p>\u2014Nada.<\/p>\n<p>\u00bfDe d\u00f3nde procede la sangre de sus refajos?<\/p>\n<p>\u2014De los pescados.<\/p>\n<p>Se levanta, tira el cuchillo y se aleja para lavarse.<\/p>\n<p>Entonces, de modo inesperado, la criatura que yace bajo la mesa empieza a gritar. Todos se vuelven, descubren al reci\u00e9n nacido entre un enjambre de moscas, tripas y cabezas de pescado y lo levantan. Las autoridades lo entregan a una nodriza de oficio y apresan a la madre. Y como \u00e9sta confiesa sin ambages que lo habr\u00eda dejado morir, como por otra parte ya hiciera con otros cuatro, la procesan, la condenan por infanticidio m\u00faltiple y dos semanas m\u00e1s tarde la decapitan en la Place de Gr\u00e9ve.<\/p>\n<p>En aquellos momentos el ni\u00f1o ya hab\u00eda cambiado tres veces de nodriza. Ninguna quer\u00eda conservarlo m\u00e1s de dos d\u00edas. Seg\u00fan dec\u00edan, era demasiado voraz, mamaba por dos, robando as\u00ed la leche a otros lactantes y el sustento a las nodrizas, ya que alimentar a un lactante \u00fanico no era rentable. El oficial de polic\u00eda competente, un tal La Fosse, se cans\u00f3 pronto del asunto y decidi\u00f3 enviar al ni\u00f1o a la central de exp\u00f3sitos y hu\u00e9rfanos de la lejana Rue Saint-Antoine, desde donde el transporte era efectuado por mozos mediante canastas de rafia en las que por motivos racionales hacinaban hasta cuatro lactantes, y como la tasa de mortalidad en el camino era extraordinariamente elevada, por lo que se orden\u00f3 a los mozos que s\u00f3lo se llevaran a los lactantes bautizados y entre \u00e9stos, \u00fanicamente a aqu\u00e9llos provistos del correspondiente permiso de transporte, que deb\u00eda estampillarse en Ru\u00e1n, y como el ni\u00f1o Grenouille no estaba bautizado ni pose\u00eda tampoco un nombre que pudiera escribirse en la autorizaci\u00f3n, y como, por a\u00f1adidura, no era competencia de la polic\u00eda poner en las puertas de la inclusa a una criatura an\u00f3nima sin el cumplimiento de las debidas formalidades\u2026 por una serie de dificultades de \u00edndole burocr\u00e1tico y administrativo que parec\u00edan concurrir en el caso de aquel ni\u00f1o determinado y porque, por otra parte, el tiempo apremiaba, el oficial de polic\u00eda La Fosse se retract\u00f3 de su decisi\u00f3n inicial y orden\u00f3 entregar al ni\u00f1o a una instituci\u00f3n religiosa, previa exigencia de un recibo, para que all\u00ed lo bautizaran y decidieran sobre su destino ulterior. Se deshicieron de \u00e9l en el convento de Saint-Merri de la Rue Saint-Martin, donde recibi\u00f3 en el bautismo el nombre de Jean-Baptiste. Y como el prior estaba aquellos d\u00edas de muy buen humor y sus fondos para beneficencia a\u00fan no se hab\u00edan agotado, en vez de enviar al ni\u00f1o a Ru\u00e1n, decidi\u00f3 criarlo a expensas del convento y con este fin lo hizo entregar a una nodriza llamada Jeanne Bussie, que viv\u00eda en la Rue Saint-Denis y a la cual se acord\u00f3 pagar tres francos semanales por sus cuidados.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>(Extracto de \u00ab<strong>El Perfume<\/strong>\u00ab, un libro escrito por\u00a0<strong>Patrick S\u00fcskind<\/strong>).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1 En el siglo XVIII vivi\u00f3 en Francia uno de los hombres m\u00e1s geniales y abominables de una \u00e9poca en que no escasearon los hombres abominables y geniales. Aqu\u00ed relataremos su historia. 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